Más Grecia que Finlandia

e-Mail del País Valencià
Javier Andrés Beltrán
Periodista

El presidente Ximo Puig se cansó de decir en la pasada campaña electoral que su objetivo es hacer del País Valencià la Finlandia del sur. Un reto que se antoja más difícil todavía si, como es el caso, la comunidad que preside Puig parte de una realidad incontestable: estamos mucho más cerca de ser la Grecia española que la Finlandia mediterránea. Es lo que hay.

Un reciente informe de la dirección general de Política Regional y Urbana de la Comisión Europea alerta de una realidad incontestable: la Comunitat Valenciana, -la misma que hace unos meses organizaba a bombo y platillo la Copa América de vela, las carreras urbanas de F1, o los Màster de Golf-, se aleja de la convergencia europea al mismo ritmo que lo está haciendo Grecia. Los valencianos estamos en el furgón de cola en los principales indicadores que marcan el nivel de desarrollo de las regiones europeas: empleo, investigación y desarrollo, cambio climático y sostenibilidad, educación, y lucha contra la pobreza y exclusión social. En el global de esos parámetros la brecha entre el País Valencià y la media de las regiones europeas se abre en más de diez puntos. En España tan sólo la ciudad autónoma de Ceuta está en la misma situación que la otrora feliz Comunidad Valenciana, y en el resto de Europa compartimos ranking con diez regiones griegas y los estados de Chipre y Malta.

Es la situación en que nos han dejado los veinte años de despilfarros y los saqueos auspiciados o al menos consentidos desde los gobiernos populares en la Generalitat Valenciana. Eso y, por supuesto, la secular discriminación financiera a que nos han sometido los sucesivos gobiernos de España con socialistas y populares al frente. En este caso si que se ha revelado cierta esa cantinela que tanto molesta a los socialistas de que PP y PSOE “la misma cosa son”, la realidad es que el mismo caso han hecho a la justa reivindicación de los valencianos.

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Agramunt, Zaplana, Camps y Fabra, los cuatro últimos ex presidentes del País Valencià. Foto de portada: El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, junto a la ex alcaldesa de Valencia, Rita Barberá y; el ex presidente de la Generalitat, Alberto Fabra

Zaplana, Camps y Fabra a la hora de no exigir lo que nos corresponde, y sus desmanes a la hora de gestionar lo poco o mucho de que disponían, han traído estos lodos. Tanto enlodaron su acción de gobierno que Europa ha condenando al gobierno de España a pagar una multa de 19 millones de euros por las facturas que la Generalitat Valenciana escondió para maquillar su déficit y que deberá pagar el nuevo Consell. Es la herencia Fabra. Un barrizal del que Puig y sus socios de Compromís van a tener que salir -sí o sí- si pretenden cumplir su programa de gobierno y sus compromisos electorales. Sin el cambio del modelo que propicie una financiación justa no hay escapatoria posible: la deuda de 40.000 millones de euros que arrastra la Comunitat Valenciana nos acerca más Grecia que a Helsinki… por seguir con el modelo finlandés que tanto gusta al president y con la realidad griega que tan de moda está estos días.

Mariano Rajoy anda crecido. El presidente del gobierno no puede –ni quiere- ocultar su satisfacción al ver cómo le va a su colega Alexis Tsirpas. El duro trágala a que se ha visto obligado el presidente griego es considerado como una victoria propia en la medida en que puede servirle a sus intereses electorales: el caos en Grecia, y la posible caída del gobierno de la ‘radical’ Syriza, puede frenar el temido ascenso de Podemos. Ese es su miedo y combatirlo es su objetivo: cuanto peor le vaya al pueblo griego más dudas tendrá el pueblo español en dar su voto a quienes se han identificado como la franquicia española de Syriza. El “espera Alexis” que Pablo Iglesias lanzó en público a Tsipras demuestra esa complicidad. Una frase que, por cierto, recuerda mucho a ese otro “Luís se fuerte” que Rajoy escribió en privado a su entonces amigo Bárcenas, el mismo al que ahora deniega su retorno a la nómina de trabajadores del PP.

El presidente del gobierno de España se ha destapado como uno de los más entusiastas voceros del “Leña al griego hasta que pague” que la canciller Angela Merkel y el resto de integristas financieros han puesto en marcha. Tanto se ha venido arriba Mariano Rajoy que en un ataque de democracia parlamentaria sin precedentes anuncia que llevará al Congreso el acuerdo sobre Grecia para que sus señorías se pronuncien y, por boca de ellos, los ciudadanos que les votaron. Resulta curioso: los españoles –al menos sus representantes- van a poder pronunciarse sobre el rescate a Grecia cuando en su día, aquel verano de 2011, no pudieron decidir sobre el rescate a España que Rodríguez Zapatero y Rajoy  pactaron a solas al modificar el artículo 135 de la Constitución para calmar a los mercados y al Banco Central Europeo.

Menos mal que esa campaña de “leña al griego hasta que pague” no se hace extensiva al resto de administraciones europeas morosas porque nosaltres, els valencians, también formamos parte de ese club. Del de los morosos, digo. Incluso escondimos facturas y falsificamos déficits como también hicieron los gobiernos griegos.

Lo dicho, más Grecia que Finlandia. Más cerca.

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