Más allá del día después

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Ander Gurrutxaga Abad
Catedrático de Sociología

Llegó el día 9 de noviembre y los ciudadanos catalanes fueron a las urnas. Probablemente no como les hubiese gustado o habían previsto pero sí cómo “se pudo”, que no es sino otra forma de hacer las cosas. La prohibición del referéndum decretada por el Tribunal Constitucional, a demanda del Gobierno de Madrid, y refrendada por el Tribunal Supremo puso grilletes al referéndum buscado en los dos últimos años. El motor que movió las fuerzas de la consulta tuvo que cambiar de marcha e idear otras posibilidades.

 

Probablemente, la consulta tan singular que se hizo era la única posible. No fue, por supuesto, la votación al uso sino la demostración de que una parte significativa de la sociedad catalana se movilizaba detrás de las preguntas y en la búsqueda de respuestas. Los más de dos millones de votos recogidos son “asombrosos”, vistos desde la distancia y teniendo en cuenta los recursos formales que se pusieron en juego para que esto fuese posible y los que jugaron para que no lo fuese.

El resultado expresa varias cosas: i) hay capacidad democrática para pronunciarse sobre las preguntas; ii) las prohibiciones no hacen sino fortalecer a aquel que mantiene la apuesta originaria; iii) la consulta es el momento significativo de la movilización social que mantiene activadas a la sociedad civil y política catalana; iv) las llamadas a valores ancestrales, los sentimientos y las emociones tienen un peso significativo; v) la sociología del soberanismo tiene una presencia activa muy consolidada; vi) la consulta tiene tanto que ver con reivindicaciones de raíz política como con aspectos pre políticos que hacen referencia a las formas y maneras de construir la convivencia, la democracia, el sentido fuerte del hogar y la casa común; vii) las posibilidades de hacer política fuera del sistema de partidos es posible.

Flyers repartidos por Plataforma per Catalu
Flyers repartidos por Plataforma per Catalunya

Los partidos y las fuerzas sociales que se han opuesto a la consulta no han sido capaces ni de pararla ni de avanzar propuesta alguna que hubiese permitido el diálogo entre diferentes. El Partido Popular se hizo cargo de la definición del mandato constitucional para emitir argumentos, ajeno a la realidad de lo que se construía a su alrededor. La judicialización de la política demostró, una vez más, que no gana nada con ella, de tal suerte que cada vez que opinaban iban distanciándose más y más con cualesquiera de las fuerzas pro consulta, incluso con las que mantuvo relaciones fluidas. La Constitución es su argumento, pero también el muro para cobijarse y protegerse. El PP sale del 9 de Noviembre con el discurso apelmazado, agotado, sin nervio ni capacidad para enfrentar a algo parecido al “día después”. Han hablado a los suyos diciendo que no eran como los Otros. Con la imaginación de la distancia han roto puentes y pasarelas. La frontera simbólica entre Nosotros y los Otros sale fortalecida de la relación con la diversa sociedad catalana, pero éste es el camino indeseado e inadecuado, por que así no hay día después. No parece que la distancia recorrida ni los contenidos empleados le permitan, al menos con facilidad, abrirse a otras posibilidades. No han ganado nada en este proceso y han cerrado tanto la posición que regresar a algún lugar para encontrase con alguien que no sea él, se anuncia un camino que no se sabe si sabrá andar.

Al PSC el proceso le ha costado crisis internas, la sustitución del secretario general y quedarse en un lugar que nadie sabe cuál es. Tampoco si alguna vez volverá a ser el partido que gobernó Cataluña. Las respuestas que ha dado giran alrededor del cambio constitucional y las llamadas al federalismo: Pero, tal y como han sido formuladas, la impresión es que llegan tarde. El tiempo de la consulta es un “calvario” y la impresión es que la situación puede ser permanente. Quedarse en tierra de nadie casi siempre es una tentación intelectualmente comprometida, pero social y políticamente acarrea malos resultados. Lo peor que le puede ocurrir a un partido es que su estatus sea irrelevante para todos los demás y su influencia no se deje sentir. No es óbice mantener la pregunta que me hacían el otro día unos amigos: ¿qué le ha ocurrido al otrora influyente socialismo catalán?

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La presidenta de Omnium Cultural, Muriel Casals

Los partidos soberanistas han librado una pugna por hacerse con la voz de la consulta, pero la voz tenía dueño. Este tiempo pasará probablemente a la historia como el momento en el que la calle y movimientos sociales como la Asamblea de Cataluña y Òmnium Cultural, se hacen cargo del espacio público y trazan la estrategia de la que nadie puede escapar. El éxito de la consulta lo es gracias, sobre todo, a estos organismos sociales. Nada se puede entender sin comprender el papel que adquieren y su influencia social.

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Carme Forcadell, presidenta de la Assemblea Nacional Catalana

El presidente Mas sale reforzado con los resultados del domingo. Ha sostenido el pulso al gobierno de España, ha demostrado habilidad y cintura para no dejarse atrapar por el juego de fuerzas que tiraban en uno u otro sentido. Lo que no está claro es que el triunfo sea definitivo, como tampoco que parte de la fuerza que le ha sido prestada no le pidan que la devuelva. Tiene una misión: hacer creíble los resultados. La credibilidad, a partir del día después, no depende de halagos o reconocimientos, sino de saber construir los puentes que han quedado deteriorados o rotos y acertar con el mandato recibido. Hay que aclarar bien qué hacer con el éxito y hacerlo en un plazo relativamente corto de tiempo porque sino lo que hoy son halagos pueden volverse críticas desaforadas. Nadie como él sabe que el programa máximo que abre la consulta es difícil de sostener hacia dentro y hacia fuera, también conoce que todos le miran porque esperan sus movimientos y el peligro, de ahora en adelante, del marcaje al hombre es que cuando se mira de cerca se encuentran fisuras y paradojas en la forma de jugar y moverse. El encuentro, se supone, con el presidente Rajoy puede marcar nuevas condiciones al juego. Lo que ambos deben demostrar, y quizá éste sea el dilema del día después, es si entre el actual Estado de las autonomías y el programa máximo-independencia- hay lugares de encuentro.

Si la experimentación y el buen hacer de la política pueden encontrar fórmulas en la bilateralidad de la relación, en nuevas formas de financiación, en la conexión con Europa o en nuevas fuentes y formas de competencias o es inevitable enfrentar procesos con duras resistencias donde uno se asienta sobre el poder legal que le presta la Constitución y el otro en el poder popular que le demuestran las urnas. Da la impresión que ésta es la partida y el resultado sólo se puede adelantar jugando con otras cartas a otros juegos. La política de encuentros requiere espacios de entendimiento y descubrimiento y un enorme arsenal de nuevas instituciones y formas de entender la relación política. Cataluña hasta ahora ha tenido que inventar, España no.

Lo que parece es que el día después es para políticos que saben escribir de otra manera sobre espacios y lugares que se encuentren en algún punto que aún hoy no han sido descubiertos. Quizá a la postre, la consulta catalana haga posible los movimientos y la innovación de un Estado que necesita a marchas forzadas un nuevo diseño institucional para no morir de inanición o no colapsar.