Marina de hojalata

Estaba cantado. La promotora de la ciudad de vacaciones, Marina d’Or, emblema del pelotazo inmobiliario, propiedad del empresario Jesús Ger, es insolvente y ha suspendido pagos. Con una plantilla de unos doscientos trabajadores y una facturación de 62,6 millones de euros en 2012, Marina d’Or se volvió de hojalata tras el estallido de la burbuja inmobiliaria. Las ventas de apartamentos descendieron a la mitad en dos años, con pérdidas cercanas a los 7 millones de euros y unos activos valorados en 300 millones. El reportero Jesús Martínez y el fotógrafo Marc Javierre recorrieron Marina d’Or cuando la burbuja ya era humo, y ha hablaron con las primeras víctimas del desastre: los trabajadores rumanos que han ayudado a levantar el espejismo.

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Vendedores de apartamentos asaltan a las familias en el “fabuloso parque Marina d’Or”

Jesús Martínez / Periodista
Marc Javierre / Fotógrafo

En la costa española, bañada por el Mediterráneo caliente bajo el sol de Levante, las promotoras que ofertan pisos a mansalva en urbanizaciones residenciales se despueblan. Uno de estos ejemplos es Marina d’Or, en la provincia valenciana de Castellón. Una ciudad que se extiende a lo largo de la playa, amazacotados bloques de pisos con la apariencia de las pirámides aztecas de Teotihuacán. Sus calles, desoladas, son las avenidas del Far West, con los letreros de “se vende”, desenganchados a causa de la fuerza del viento, volteando por la acera sin hojas ni pisadas. Se vende porque no se vende. Un cementerio de grúas descansa en un solar yermo. En una chapa, un cartel acusador: “Marina de horror, ciudad de excavaciones”, crítica contra la especulación del suelo y la política de edificar terrenos sin respetar el paisaje ni el medio ambiente. Y si no se vende, a los empleados de Marina d’Or les ponen de patitas en la calle. 

IMG_6648BLOG (1)Florin Cristian (Constancia, Rumanía, 1974) reside en España desde el 2000. Hasta hace tres meses, estaba contratado por el Grupo Marina d’Or, empresa que ha invertido en ladrillo en medio mundo. Florin, que estudió diseño industrial, conducía una hormigonera. “En 2006, aquí se vendía bien, pero en 2007 ya se vendía muy poco, y ahora no se vende nada. Han coincidido dos cosas: la crisis y la falta de permisos a la hora de construir, lo que socavaba la confianza de los posibles compradores”, expone Florin, resentido por su situación, ya que llegaba a cobrar hasta 2.500 euros mensuales. “Ahora sólo compran pisos los nuevos ricos rusos. Espero que en dos años esto vuelva a florecer.”

Florin viajó a España con su mujer, Lili, profundamente religiosa, quien cría con fervor y ahínco a las dos hijas del matrimonio, Aída María y Micaela. Antes de que las cosas empeoraran, Lili convenció a su hermana, Vasilica, para que abandonara su población y se fuera al paraíso del trabajo indefinido.

Vasilica Popa (Braila, Rumanía, 1971) se fue a España convencida de que dejaba atrás la pesadumbre y que caminaría sobre un manto de rosas. En 2003 se instaló con su marido, con quien se casó hace una década, en la calle de Goya de Oropesa de Mar, enclave turístico cercano a Marina d’Or, donde compraron un pisito de segunda mano muy mono que por ahora es propiedad del banco. “Nos costó 150 mil euros. Pagamos una hipoteca de mil euros mensuales, y, con todos los gastos, no llegamos a fin de mes. Yo trabajo en Marina d’Or desde hace tres años. Soy limpiadora en el hotel de cuatro estrellas. Yo limpio el hotel que construyó mi marido”, respira, y el tic nervioso se apaga con su enésimo cigarrillo, que enciende y aspira. “Han echado a mucha gente. No hay trabajo. Yo misma no sé si continuaré. Se oyen rumores de despidos. Claro, la empresa no quiere pérdidas. Dicen que los hoteles van a cerrar porque no hay clientela.”

IMG_6722retocBLOGIon Popa (Buzau, Rumanía, 1962) es el marido de Vasilica y es uno de quienes se ha quedado en paro. Llegó a España en 2002. El primer año de estancia trabajó en la hostelería, en la ciudad de Toledo. Después se marchó a Oropesa del Mar. En Marina d’Or se empleó en 2005. “Comencé a hacer de albañil, y llegué a albañil de primera. Hacía de todo, caravistero (obra vista), tabiquero (tabique)…”, sostiene, y se lamenta de que la recesión económica le haya dejado sin un duro. Hace un mes que se le acabó el contrato y no le han renovado. “De los 10.000 apartamentos que hay construidos en Marina d’Or (cuestan una media de 170.000 euros), quedan 2.000 por vender. Mucha gente compró un piso y ahora no lo puede pagar.” Ion Popa recibe las prestaciones por desempleo que otorga el Estado. Este antiguo estudiante de mecánica agrícola, con experiencia en el sector de los hidrocarburos, es un luchador: “Puede que acabe mis días en otro país, quien sabe, resistiremos…”. Pasó la época dorada en la que las nóminas engrosaban el extracto de sus cuentas.

Las dos parejas, Ion y Vasilica y Florin y Lili, se reúnen en el Bar del Poble de Oropesa para tomar café y consolarse, indiferentes a las pegatinas xenófobas de los postes de la luz: “Contra los altos índices de delincuencia extranjera”.

De los 20.000 rumanos que viven en Castellón, 300 trabajaban en Marina d’Or, complejo urbanístico que ha llegado a contratar a 3.000 personas, un gran porcentaje de la cuales son de origen extracomunitario, y que ahora se ha quedado con una sexta parte de su plantilla original. Muchos vuelven a Rumanía. “Por ahora, los bloques que se están construyendo, colmenas de 600 pisos, se están haciendo poquito a poquito. Mis compañeros, los encofradores, temen quedarse sin faena si lo acaban muy pronto.”

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Jesús Ger, el amo de Marina d’Or

Jesús Ger, en 2012, cuando fue entrevistado por la revista 'dirigentes'
Jesús Ger, en 2012, cuando fue entrevistado por la revista ‘dirigentes’

Marina d’Or es un proyecto faraónico que suscita el interés de los acaudalados magnates y concita el rechazo de los vecinos. El impulsor de la urbe residencial, quien pretende crear el mayor campo de golf de Europa en la zona, es Jesús Ger, un empresario imputado por prevaricación y tráfico de influencias. Jesús Ger es íntimo amigo de Carlos Fabra, ex presidente de la Diputación de Castellón, descendiente de una familia acomodada que ha venido ocupando cargos públicos desde el siglo XIX. Vinculado al Partido Popular está a la espera de ser procesado por presunto fraude fiscal.

 

6 pensaments a “Marina de hojalata”

  1. Junto a la palabra corrupción pon Marina, Oropesa, PP, PSOE, IU y busca. Te sorprendera cuantos amigos tiene ese señor.

  2. Busca en Google, Corrupcion. y pon PP y PSOE y te apareceran hasta personas en nomina, que no esperabas.

  3. Por cierto Marina d’Or. Es un grupo de empresarios, inversores. Que nacía en 1970. Las licencias del proyecto están aprobadas por un señor llamado Joan Lerma. Psoe. Y ejecutadas la ultima parte por Fabra y Zaplana. Parte tematización, mundo fantasía y todo no es real. Marina d’Or vendió pisos engañando a la gente. Como media España. Y con ello cae el socialismo y el populismo. Por dar libertad a los bancos.

  4. Marina Horror

    Yo cometí el error de pasar unas vacaciones allí en 2007. Error que cursó con horror y hedor; ¿qué vi? unas instalaciones sanitarias menos que insuficientes: muy poco alcantarillado y/o mantenimiento insuficiente para tanta macrourbanización y que llevaba aparejadas inundaciones de aguas fecales un día por un lado y otro por otro. Marina Hedor, qué guay. También había un pedazo de colector que vertía al mar en plena playa y contribuía al pestucio. Y eso en 2007 cuando no estaba lleno ni al 50%.
    Otra cosa interesante era la recogida de basuras: unos camioncitos pequeñines pasaban por los (escasos y practicamente indiferenciados) contenedores con el resultado de que SIEMPRE había montones de bolsas de basura en la vía pública porque:
    A) la recogida de basuras era tan insuficiente como lo mencionado antes respecto al alcantarillado
    B) las infraestructuras previstas a tal fin eran ridículas. Un dato: después de patear de un extremo al otro Marina Horror solo conseguí encontrar dos contenedores (rebosantes) de vidrio ¡que nadie vació en dos semanas! haciendo que sus alrededores fueran una amalgama de botellas y tarros rotos. Se puede decir también Marina Peligro, pero ya no rima con D’Or.
    Tampoco rima con D’Or estruendo impenitente. El caso es que mi apartamento estaba a unos diez minutos -andando- de unas obras ¡en las que se trabajaba a tres turnos, 24 horas al día! en las que había un maquinón que hacía tal ruido que tuve que comprar tapones para dormir por la noche.
    Un timo, vamos

  5. Después de leer un reportaje de este calibre, confieso que se me queda la mente en blanco, ofuscada ante el desatino que se ha cometido impunemente en la llamada “Costa Azahar”. ¡Qué bucólico y paradisíaca era aquella España de finales de los ochenta! ¿Recordais los dos reporteros que habeis destrozado vuestros zapatos recorriendo estos mamotretos faraónicos los anuncios que aparecían en la televisión presentando esta urbanización como la antesala a un mundo idílico? Lo más chocante de todo es que individuos como el abuelo Fabra y el tal Jesús Ger anden sueltos por la calle como si tal cosa. Algo tan colosal como sus falsas obras están fallando en nuestro país y así nos va.
    Gonzalo Évole

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