Los sastres de Europa

Ander Gurrutxaga Abad
Catedrático de sociología

El campo de refugiados de Idomeni está en Grecia, pero hay otros en Calais, en Eslovenia y sabemos que, en cualquier momento, puede formarse otro en cualquier lugar por donde transitan las personas que huyen de la guerra o el sinsentido de la vida en algunas regiones del mundo. Las imágenes que remiten las cadenas de televisión son también el campo de pruebas y la palpable realidad de la desorientación europea. Las elites políticas, perdidas o desaparecidas, sobrepasadas por la marea humana que acude a las patrias del bienestar, clavan la mirada en algún lugar indeterminado entre la derrota, el temor al fracaso o las consecuencias de los errores. Mientras tanto, se olvidan de lo que había sido el motor creativo que les reunió y condujo a crear en ellos mismos: la fe en el futuro y el optimismo de la democracia.

El tratamiento de la inmigración permite ver que la distancia entre los mitos sobre los que se creó la idea de la UE y los hechos concretos, se amplía y las diversas orillas no se ven, ocultas tras guardias fronterizos y dificultades mecánicas. Las apelaciones a los principios de Europa no encuentran la caja de herramientas que apuntalan la praxis de cómo hacer la Unión y, sobre todo, cómo mantenerla cuando, paradójicamente, el sostén de posibilidad está en la mitología que la creó.

Europa-UE-, no fue una empresa fácil, aspiró a encumbrar a los buenos artesanos del oficio que consiste en la atención al cliente y los “trajes a medida”, el buen hacer y la comprensión de la diferencia. El abastecimiento de la política desde estos valores encumbró a “la sastrería y al oficio de sastre”, que tienen la virtud cívica y la capacidad para coser por dentro y por fuera lo que parecían ser “problemas de cosidos”. Se sabe, hay conocimiento acumulado, que si el oficio no se desarrolla o practica, las consecuencias negativas se incrementan y las posibilidades de cohesión y articulación disminuyen. El resultado de la última crisis -la migratoria- muestra la distancia entre lo que Europa dice que quiere ser y lo que es, haciendo visible la paradoja, tan difícil de abordar, cuando la actualidad económica y socio-política traslada la idea de que la UE está sometida a escrutinio cotidiano, discutida, distante, valorada y vilipendiada por igual.

Para comprender el hecho en toda la dimensión es clave entender el origen. Nace bajo la bóveda de la metáfora y los mitos de la Tierra Prometida, construida por algunos países contendientes en la II Guerra Mundial con objeto de sellar las heridas abiertas e instaurar la Paz Perpetua. El desarrollo, desde la década de los cincuenta del siglo XX y hasta la actualidad, evidencia el poder de las referencias simbólicas y los mitos que define la relación de la IDEA con los países miembros, que llegan desde orígenes, características y con pretensiones diversas, convirtiendo la UE en un laboratorio de innovación política e institucional que ensaya formas diversas de multilateralismo. La conexión sociedad-economía-cultura-política se produce mediante el desarrollo de la infraestructura social que conecta las expectativas con las oportunidades y transforma la autopista europea cuando ésta incrementa el volumen de circulación y la velocidad del desplazamiento. Con el paso del  tiempo, las entradas y salidas se densifican, la identidad de la nueva Ruta de la Seda, y la singularidad de los que circulan, se multiplica por cinco, tantos como países y ciudadanos se incorporan en el transcurso del tiempo.

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En poco más de cincuenta años el proyecto, inicialmente de seis países, se transforma en el micro-mundo que acoge 28 Estados y quinientos millones de ciudadanos. El crecimiento es significativo y la IDEA avanza en todas las direcciones: hacia el Norte llegando a todos sus rincones, incrementa el volumen mirando al Sur, el Este recibe sus bendiciones poco después de la caída del muro de Berlín y el Oeste incrementa el volumen y la participación. En la segunda década del siglo XXI, la IDEA aglutina, diseña instituciones, ofrece trazados y modelos de integración económica, social, política y cultural a los nuevos y a los viejos países.

Los resultados y las formas –el modelo, en definitiva– son claves para comprender algunos problemas. Éstos tienen que ver con países diferentes en lengua, tradiciones políticas, desarrollo económico, estructura productiva y financiera, demografía, innovación tecnológica y empresarial, sistemas universitarios, calidad de vida, niveles de inclusión/exclusión social, condiciones del empleo, capital humano, etc. En definitiva, uno de los retos fue, casi desde el principio, la articulación de la diversidad socio-cultural, económica e institucional. De hecho, los estudios comparativos muestran cómo las diferencias se acrecientan en los últimos años, debilitan el mito de la convergencia y ensanchan las brechas socio-políticas y económicas entre países y regiones. La imagen de diversidad y complejidad traslada la percepción de ser y estar viviendo en el edificio sin terminar, retorcido y depende de en qué piso se viva, con qué orientación y vecindad, poco fiable. Digo esto porque la “magia” de la UE es mantener unido lo que nunca termina de hacerse, coserse o conectarse. Los tiempos y las variantes de la integración, si se introducen en el análisis países y diversidades regionales, contienen tantos colores y matices como los del arco iris.

La conclusión es que hay resistencias generadas por la labor de las elites políticas o económicas para dirigir y gestionar la complejidad, pero también por la sensación de ser el territorio sin definir del todo y estar habitando un edificio en construcción. En este recorrido, los mecanismos políticos son importantes y la idea es que las claves para integrar la política en la sociedad está en la capacidad de la diversidad europea para crear ofertas coherentes –trajes a medida– que incrementen la cohesión social y ofrecen la idea de un futuro a las generaciones venideras. Las imágenes de la migraciones ponen estos hechos y objetivos “patas arriba”.

El experimento europeo deja ver el alto nivel de heterogeneidad que configura el contexto donde se celebra el milagro. La pugna no es sólo entre los países del Norte, del Norte contra el Centro, el Sur contra el Norte, el Este contra el Norte, el Norte contra el Este, el Oeste contra el Sur, sino entre países ricos contra los de renta media o baja, ciudadanías sofisticadas contra tradicionales o países con democracias incipientes frente a países con democracias asentadas. El listado de variantes y el poder de los cruces de variables configura un cuadro de múltiple entrada que traza ciertamente caminos difíciles y tortuosos. Bien mirado, y teniendo en cuenta los antecedentes, la cohesión europea pone sobre la mesa el valor de esa virtud, captada y pronosticada por Alexis de Tocqueville en la Democracia en América, que es la paciencia. Además de tiempo, recursos, ideas, inteligencia práctica, requiere de la definición, relativamente precisa, de cómo quiere que sea el futuro. Sobrevivir a la diversidad que sobreviene no es un mal objetivo, pero es, precisamente esa meta la que promueve la debilidad de los mecanismos para avanzar en la dirección pretendida y la que lleva a que sea el pensamiento de “aguantar”, resistir, expulsar, crear fronteras interiores o penalizar al “desobediente”, el que toma la delantera.

14417215351836Las últimas elecciones en Alemania, la amenaza del Brexit en Gran Bretaña, el crecimiento electoral del Frente  Nacional en Francia, la extrema derecha en el Centro y el Norte de Europa, etc., indica que “el oficio de sastre” está siendo abandonado. El proyecto político y económico de la Unión Europea se aborda en una coyuntura económica y financiera complicada y acusa el desgaste político e institucional al que se está sometido. No ha conseguido avanzar casi nada en el modelo de articulación política supranacional o cosmopolita, ni tampoco acercarse al de la cercanía política que definen los intereses de los ciudadanos. La transparencia democrática es, aún hoy, una asignatura pendiente, acumula muchas dudas sobre la IDEA y la IDENTIDAD –qué es y quienes somos–, sobre el valor de la infraestructura social para coser y conectar el ecosistema socio-político europeo y el poder de la autopista para soportar la densidad de la circulación o la entrada de nuevos ciudadanos. Duda del valor de sus carriles y de los hitos que erige para dirigir y soportar el tráfico. Se incrementa, es verdad, la velocidad de circulación y se complejizan las vías creadas. La interdependencia e interconexión provocan fatiga de materiales en el diseño de las instituciones, en el presupuesto de la Unión y en el funcionamiento de la burocracia, como si no hubiese aprendido que Europa no se sintió nunca a gusto con el despilfarro, pero tampoco con la austeridad, mientras que la inversión en recursos públicos, la generosidad, la democracia y los bienes sociales siempre dieron buenos resultados.

La cultura política e institucional  de los últimos cincuenta años viene de aquí, muchos países miembros de la UE- el Este de Europa es llamativo a este respecto- no formarían parte de la UE si ésta aplicase las normas de acceso que estos países quieren imponer o si se hubiesen limitado los derechos de entrada que ahora quieren ponerse en marcha. Más paradojas a sumar a las citadas, pero el golpe más fuerte puede sufrirse si el oficio de sastre, la sastrería europea, es decir, la capacidad para trabajar “trajes a medida” desaparece. Las elites políticas tienen que saber qué son y elegir entre sastres, burócratas o guardias fronterizos, entre expertos en el conocimiento social y estético de la diversidad o agentes de regímenes económicos y políticos que “riñen”, maniatan y construyen el que creen que es el único camino posible. Si esto fuese así, la UE enterrará sus mitos y su metáfora como tierra prometida tendrá que esperar la llegada de otros tiempos. No desaparecería, hay demasiados intereses asociados para que ocurra, pero será otra cosa. Desplazados o enterrados los mitos, el oficio de sastre no tiene sentido.

 

Un pensament a “Los sastres de Europa”

  1. El campo de refugiados de Idomeni está en Grecia, pero hay otros en Calais, en Eslovenia EN ESPAÑA en la frontera de Ceuta i Melilla con Marruecos

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