Los Ruiz Mateos

Si en La isla del tesoro cantaban “quince hombres van en el cofre del muerto”, en el juicio que se ha iniciado en la Audiencia de Palma se podría  cantar “seis hombres van pasándole la estafa al muerto”. Los seis hombre son los hijos de Ruiz Mateos.

En la foto en la que en los buenos tiempos posaban arropando al patriarca de la familia se les ve como seis hombres con buena percha.

Muerto el patriarca, los seis hijos le pasan el cobre al muerto. Ellos solo hacían lo que ordenaba papá, en el que tenían fe ciega. Los Ruiz Mateos siempre han sido gentes de fe ciega, sea en religión o economía.

Esa fe se transpiraba en los mensajes que el patriarca me envió en los tiempos del derrumbe de la primera Rumasa:

–Dios mío: ¿qué le echo yo a usted?

O:

–La santa de mi madre siempre decía  “devuelve bien por mal”. Obedeciendo sus intenciones y, pese a todo, le deseo lo mejor.

O:

–Espero que Dios le perdone como yo le perdono.

Todas las cartas me llegaron con tarjetones con el membrete Marqués de Olivara, título sin peso específico en el Gotha de la aristocracia por venderse, junto a mucho otros títulos nobiliarios, en la Serenísima República de San Marino.

La última carta llegó con la firma de uno de los hijos que ahora dice no saber nada de los negocios de la familia. La síntesis de la misiva era que el expolio de Rumasa había sido una vergüenza y una escándalo sin precedentes.

Ya no escribí nada sobre la Nueva Rumasa, cuyos flecos con varios delitos societarios se ventila ahora. Los hijos le pasan la responsabilidad al muerto pero también rechina que la autoridad económica del Estado no se mostrase enérgica frenando aquella aventura empresarial en la que creyeron personas que vieron volatilizarse sus ahorros tras depositar su fe en el mesiánico Ruiz Mateos.

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