Los recursos naturales se agotan: manifiesto Última llamada 

ultima-llamada-v0-2-640x927M. Eugenia Ibáñez
Periodista

“Una civilización se acaba y hemos de construir otra nueva. Las consecuencias de no hacer nada –o hacer demasiado poco— nos llevan directamente al colapso social, económico y ecológico. Pero si empezamos hoy, todavía podemos ser protagonistas de una sociedad solidaria, democrática y en paz con el planeta”. Este es el párrafo final del manifiesto Última llamada, un texto que se hizo público el pasado 7 de julio y que desde entonces circula por universidades, laboratorios, entidades de diversa índole, bibliotecas, domicilios particulares y también partidos políticos para recoger adhesiones y también rechazos. De las primeras hay ya más de 5.000, pertenecientes a colectivos y personas a título individual, todas ellas, se supone, con sensibilidad por el planeta Tierra, los recursos naturales, el equilibrio ecológico, el calentamiento climático, el consumo energético y preocupados sus firmantes por un crecimiento económico que arrasa con todo lo que se le opone.

Los promotores iniciales del manifiesto fueron doce personas y otras 250 las primeras adhesiones, todas de personas de disciplinas diversas que, a partir de la primavera pasada, optaron por encender las señales sobre el modelo de crecimiento actual. Jorge Riechmann, poeta, ensayista y profesor de Filosofía Moral y Política de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), es uno de esos primeros firmantes decidido a llamar la atención sobre la necesidad de un cambio político “profundo”, de una recomposición de las fuerzas de izquierda que aborde con determinación las cuestiones ecológico sociales. Riechmann considera que, hasta ahora, la izquierda ha estado “ciega” en su relación con la naturaleza y, en el mejor de los casos,  solo ha prestado atención a temas de corrupción, justicia, pobreza y hambre, problemas que siempre ha vinculado a las ciudades.

Segundo párrafo del manifiesto: “De proseguir con las tendencias de crecimiento vigentes (económico, demográfico, uso de recursos, generación de contaminantes e incremento de desigualdades) el resultado más probable para el siglo XXI es un colapso civilizatorio”.

el-roto-la-solucion-a-la-crisis-es-sencillisimaLos promotores del manifiesto no proponen crear nuevas plataformas políticas, ni estructuras, ni grupos ecologistas. Buscan la  confluencia de intereses en torno a los problemas que denuncian, quieren forzar el debate, sensibilizar a la sociedad y que se utilicen organizaciones ya existentes, incluso los partidos políticos, “de derecha o de izquierda, porque en todos los sectores se da una sensibilidad hacia el medio ambiente”. Han organizado actos y está prevista la publicación de un libro breve con argumentos científicos que desmonten las críticas a la alarma que denuncian.

Sexto párrafo del manifiesto: “La sociedad productivista y consumista no puede ser sustentada por el planeta. Necesitamos construir una nueva civilización capaz de asegurar una vida digna a una enorme población humana (hoy más de 7.200 millones de habitantes) aún creciente, que habita un mundo de recursos menguantes. Para ello van a ser necesarios cambios radicales en los modos de vida y de producción”.

Riechmann descarta el carácter alarmista del manifiesto, que, asegura, “en muchos sentidos la situación puede ser peor de lo que se describe” e insiste en que la inmensa mayoría de la sociedad vive engañada sobre la realidad de la biosfera. Pero, ¿quién nos engaña? “Las petroleras sobre el calentamiento del planeta, el sector financiero y también la predisposición de la sociedad al autoengaño”. El texto no da soluciones contra los males que denuncia, quizá porque incluso entre los sectores ecologistas no hay unanimidad en torno a cuáles deben ser las medidas concretas, si las energías alternativas, por ejemplo, deben ser un medio o un objetivo final, si pueden ser una solución a la que hay que lanzarse sin limitaciones de ningún tipo, o si serán insuficientes como alternativa válida al cénit del petróleo. El manifiesto tiene la virtud de detectar el problema, de anunciar los males y de abrir el debate. El resto depende de todos.

Penúltimo párrafo del manifiesto:  “Además de combatir las injusticias originarias por el ejercicio de la dominación y la acumulación de riqueza, hablamos de un modelo que asuma la realidad, haga las paces con la naturaleza y posibilite la vida dentro de los límites ecológicos de la  tierra”.

 

Manifiesto Última llamada completo

Artículo de Jorge Riechmann sobre el manifiesto