Los queridos cabezones de Antonio, profesor de instituto

La gente suele llamar a la radio para dar su opinión sobre la agenda de temas que les dictan los regidores mediáticos de esa ficción construida que llamamos “actualidad”:  el último gol histórico, sus preferencias culinarias, el sexo de los ángeles, o el titular político del día. Tendencias comunicacionales,  trending topic en el idioma pedantés.

Otros, los menos, llaman para compartir el dolor o la alegría de sus circunstancias, sus sentimientos o sus sueños. Las unas son palabras prescindibles que olvidaremos nada más dichas; las otras son verdaderas, nos alcanzan y nos resonará su testimonio por un tiempo.

En este enlace pueden escuchar el testimonio verbal de Antonio, profesor en un instituto de formación profesional. Hay en su voz el cansancio del fin de curso, la herida de los recortes y del constate agobio administrativo. Pero tiembla en ella también la emoción de dejar al borde de la vida adulta a sus  “cabezones”, sus queridos alumnos cargados de ilusión, entusiasmo, desconcierto y de rabia también. Vitalidad contra toxicidad. Merece los setenta y nueve segundos de escucha. Voces como la suya, las de miles de docentes anónimos que han volcado con pasión toda su vida en la educación,  son urgentes, imprescindibles, hoy para saber dónde estamos en verdad y qué nos hace falta para dar a la vida algo de sustancia humana. Compromiso, dignidad y compasión, por ejemplo. Gracias, maestro.

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