Confesiones tardías

Por José Martí Gómez

Los procesados por el caso Adigsa reconocen que percibieron un 3% de comisión. Con el reconocimiento de su culpabilidad tratan de evitar ir a la cárcel. Se ha puesto de moda reconocer la culpabilidad en el momento de sentarse en el banquillo. Siempre un poco tarde. En este caso, doce años.

Los del caso Palau parecían pasar por un confesionario con sus actos de contrición.

Dos del caso Pretoria casi hacían llorar escuchando su yo pecador, pese a que son  agnósticos.

Oriol Pujol y el caso ITV, con el hijo del presidente, en su día escoltado en su declaración ante el juez por tres capitostes de Convergència que defendían su honor ante el juez, reconociendo su culpabilidad antes de sentarse en el banquillo y así salvar  a su mujer de ir a la cárcel.

Ahora llega la última hornada, la de Adigsa, para conmovernos con su sinceridad reconociendo que se forraron.

Las fotos de grupo nos muestran a unos sinvergüenzas que tuvieron los respaldos de otros sinvergüenzas que quedan en la sombra.

Jurídicamente debe ser legal esa conmutación de la pena a cambio de la confesión. Pero como lego en la materia me pregunto si ese acto de contrición más falso que el beso de Judas solo debería ser válido en el proceso de la instrucción sumarial, no cuando todos los recursos se han agotado  y los sinvergüenzas se ven perdidos.

Moral o éticamente, como se quiera decir, no está claro que se beneficien de medidas penalmente inocuas gentes que delinquieron abusando de sus cargos políticos.

Los ciudadanos decentes quedan como imbéciles.

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Foto de portada: Los acusados del caso Adigsa sentados en el banquillo de la Audiència de Barcelona. Foto: ACN.