Los plásticos

Sergi Garcia
Galanthus

¿Hay plásticos por todas partes? Los hay. Visito una zona remota de Tras-Os-Montes portugueses, en el hermoso Parque Natural de Montesinho y a causa de una crecida reciente, veo un río de corrientes aguas, puras, cristalinas, adornado con plásticos de toda ralea enganchados en las ramas de los árboles que se miran en ellas.

Un río con desmán ibérico, rata de agua, náyades y otros seres acuáticos que denotan un buen estado de conservación, pero hay plásticos ¿de dónde saldrán?  Y ya se sabe, los ríos van a dar a la mar y los mares se están llenando de plásticos, que es su muerte. Los plásticos se pulverizan y los pequeños fragmentos se concentran en determinadas zonas de los océanos pero sin llegar a formar islas, como se ha dicho, las cuales, de ser ciertas, serían sin duda una visión digna de San Brandán, ínsulas extrañas aún más raras y alucinantes que su pez isla, quizá por eso las han imaginado así, el ser humano tiende a la fantasía.

rio con plásticos enganchados en las ramas de los árboles (Parque Natural de Montesinho-Portugal-)
Río con plásticos enganchados en las ramas de los árboles (Parque Natural de Montesinho-Portugal)

Tendría su gracia una isla con el aspecto del triturador de basura que aparece en la primera entrega de la Guerra de las Galaxias, donde caen Han Solo y sus amigos y donde hallan un bicho que se ha adaptado a la porquería. Una adaptación de la que deberíamos ir aprendiendo cosas, si todo sigue así. De hecho, el ser humano es un ser tremendamente adaptable, puede vivir tanto en mansiones apoteósicas, rodeado de dinero como para asar un vaca, como entre la basura, como hacen los zabalines de El Cairo, unas personas que se alimentan y sacan partido de los vertederos y no de cualquier vertedero, sino de los de El Cairo, una ciudad de 18 millones de almas; a los zabalines les explicas el reciclaje que hacemos aquí y se parten de risa. Unos, los ricos muy ricos, y otros, los paupérrimos, son seres humanos y de la misma especie, de momento. Quizá porque somos tan adaptables, nos resbala un poco ese demencial maltrato que dispensamos a los mares. Parece ajeno a nuestras preocupaciones, y si no ajeno, sí distante, como parecen ajenos otros agravios que infligimos a nuestro entorno, incluso aquellos en que las consecuencias del deterioro nos abofetean de lleno.

Rata de agua en un río zamorano

Por supuesto, la gran mayoría de animales son mucho más delicados que nosotros, por ejemplo, la rata de agua, que antes mencionábamos, un animalito que ni siquiera es una rata, pues es más bien un topillo, ni es estrictamente de agua, aunque se las suele encontrar principalmente en ríos, riachuelos y humedales limpios. Dicen que las primitivas paellas valencianas se hacían con rata de agua, las que vivían en la albufera de Blasco Ibáñez. Su distribución mundial se circunscribe al centro y sur de Francia y a la península Ibérica. Se considera que está en regresión por motivos relacionados con el deterioro de su hábitat, deterioro que a nuestros ojos puede resultar imperceptible. Pero ¿a quién le importa? si las paellas se hacen con langostinos y chirlas.

Resudios en un río de la sierra de Guara

Realmente lo que ocurre es grave. Pronto habrá más plástico que peces en los mares, en términos de masa, y los peces y los delfines y las tortugas se atragantarán con esos plásticos que flotan como minúsculas y no tan minúsculas medusas. Ya se atragantan, no hace mucho 29 calderones o ballenas piloto aparecieron varadas en una playa del mar del Norte, sus estómagos contenían plástico, redes de pesca y hasta parte de las piezas de un motor. Pero esa noticia como otras a este tenor, pasan de puntillas, son recogidas, si cabe, en un rincón de las páginas centrales de la prensa escrita, mientras que en las principales, se nos machaca con la misma cantinela. Con los mismos problemas y disquisiciones que ni se van a resolver, ni se quieren resolver, por lo que parece.

Foto de portada: Plásticos arrojados por el mar en una playa de Menorca