Los ladrones de cobre desvalijan la antigua sede de Telefónica

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Antiguo edificio de Telefónica ubicado en la calle Roma de Barcelona. Foto: TV3

Jesús Martínez
Periodista

Te metes en el foro Yahoo de Internet. La palabra clave es Telefónica: “Abrimos camino para […] crear valor para empleados, clientes, accionistas, socios a nivel global y a toda la sociedad”. Amontonados en la pantalla, los resultados obtenidos hacen que uno se apene. Estas son las opiniones: “¡Telefónica ladrones!”; “¡Telefónica roba por la cara!”… Dice el refrán que quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón. Quizá este no sea el caso. Pero lo cierto es que el Edificio Estel, en la avenida de Roma, 73-91, en Barcelona, antigua sede de Telefónica, se ha constituido en el botín de los ladrones de cobre, y continuamente los rateros se adentran por alguna de sus puertas echadas abajo, por alguno de sus ventanales con los cristales rotos. Y llenan los carritos de Carrefour. Con el cobre de Telefónica.

coure1El Edificio Estel de Telefónica, de 18 plantas, ocupa una manzana de l’Eixample delimitada por la avenida de Roma y las calles Calàbria, Mallorca y Viladomat. Obra del arquitecto barcelonés Francesc Mitjans (el mismo que construyó el Camp Nou, la Casa Tokio y la Torre del Banc Sabadell), se inauguró en 1976.       Quienes se suben a mesas de oficina ya abandonadas donde, en otras décadas, se daban de alta y de baja las líneas de telefonía fija, son personas desgarbadas, flacuchas, demacradas. Que hablan una lengua romance, que se pelean entre sí, que escuchan música de una radio pegada a la oreja. Individuos que no han nacido en la ciudad —colonias nacidas en su mayor parte en Europa del Este y que superan ya los mil individuos— que arrastran carritos de la compra con lo que antes perteneció a otros: tablas de planchar, lámparas, muñecas despanzurradas… Sin ambiciones, sin cargar con la amargura de quienes han de desprenderse de propiedades, libres y frenéticos, husmean en los contenedores de basura (en cualquiera de ellos, incluidos los de reciclaje y de materia orgánica) y meten en sus bolsas aquello que merece una segunda oportunidad.

El lunes 12 de agosto del 2013, a las nueve de la noche, cuando comienza a oscurecer la tarde, como una bombilla de bajo consumo, este reportero da la vuelta al inmueble. En los arriates, cipreses desmochados, tres olivos secos y una palmera raquítica. En la entrada, tres astas patéticas, sin banderas; carteles de “alta tensió-perill de mort”, y las llaves de “uso exclusivo bomberos”, destrozadas. Y pegatinas con mensajes contra el sistema financiero (“30.000 millones para bancos, estafa”). Por las ventanas de las plantas superiores, sobresalen las ramas de dos árboles.

Este reportero se acerca a una de las puertas de cristal para comprobar si está bien cerrada. Cada vez hay menos luz. Súbitamente, y como si fuera la película de terror The Ring, cuando este reportero se dispone a poner la mano en el puño de la puerta, delante de él se le aparecen dos caras, que le miran fijamente, con estupor. Una de ellas, la del más alto, es de un chico cadavérico, hundidos los pómulos, con una camiseta manchada de grasa. Debilucho, como si tuviera el virus de la gripe aviar H7N9. De la impresión, este reportero da un paso atrás. Rápidos como el Hyperloop, el prototipo de transporte supersónico, ellos desaparecen en el interior del Estel, el edificio neoyorkino de La semilla del diablo. La visión ha durado sólo dos segundos.

coure3“Yo paseo mi perro desde hace años por esta zona y nunca les he visto”, asegura Pedro Nueno (Barcelona, 1977), chico apoyado en uno de los parterres de esta finca. “Sé por las noticias que en l’Eixample se ha robado cobre, pero nunca hubiera pensado que se trataba de esta construcción. Yo siempre la he visto abandonada. Hasta hace unos tres años había un guardia de seguridad, por eso.”

Aún quedan las placas de Sistema de Seguridad BPS.

En los breves de la sección “Vivir” de La Vanguardia, se publicó el domingo 11 de agosto: “Los Mossos d’Esquadra han detenido a 19 personas como presuntos autores de un robo de cobre en el edificio Estel, antigua sede de Telefónica. […] Ya han quedado en libertad con cargos. […] Los Mossos d’Esquadra han intensificado la vigilancia en el edificio, abandonado desde el 2011 y en evidente estado de degradación”.

Real Academia Española: “Cobre. Del latín cuprum. […] De color rojo pardo, brillante, maleable y excelente conductor del calor y la electricidad. Forma aleaciones como el latón o el bronce, y se usa en la industria eléctrica, así como para fabricar alambre, monedas y utensilios diversos”.

Los chatarreros compran el kilo de cable de cobre “sin pelar” por 1,90 euros.

Las plantas de Telefónica, que se vanagloria de “crear valor para empleados”, están recubiertas de cobre.

En los foros, los sindicatos atacan el Expediente de Regulación de Empleo de Telefónica.

 

 

 

 

2 pensaments a “Los ladrones de cobre desvalijan la antigua sede de Telefónica”

  1. Hola Jesús: Amb aquest reportatge, tan d’actualitat, haguèssis entrat per la porta gran a la confraria dels “huertamaros”. Segur que el rondinaire incorregible del Josep Maria, t’hauria fet confrare tot seguit. És el millor elogi que he trobat per fert-te arribar la meva admiració.
    Una salutació cordial:
    Gonçal Évole.

  2. Sr. Reporter, la seva crònica sí que és d’actualitat i, en canvi, interessarà a molt pocs, però com va dir Cioran a una entrevista a F. Savater, “sólo soy un marginal, que escribe para hacer despertar”.
    Salut i gràcies pels seus escrits
    Antoni

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