Los días del lehendakari Urkullu

e-Mail del País Vasco
Ander Gurrutxaga Abad
Catedrático de Sociología

El líder del PNV- Iñigo Urkullu-, como cabeza de lista del partido más votado en las últimas elecciones autonómicas y representante de la fuerza política con más escaños, ha sido nombrado por el Parlamento Vasco, nuevo lehendakari.

El discurso de presentación del programa ha tenido un perfil bajo. Las causas creo que están en dos razones: la asunción por parte de todos los parlamentarios de la imposibilidad de que ocurriese otra cosa y las consecuencias que tiene sobre la política vasca la crisis económica. Ambos hechos han estado presentes en los discursos y quizá por eso la Cámara Vasca ha sido menos dialogante y discursiva que en anteriores ocasiones.

A partir de aquí, y tomada la decisión del nombramiento, comienzan las valoraciones y la gestión de los problemas que esperan ser tratados. Desde mi punto de vista, el primero es crear o consolidar la metodología política denominada “geometría variable” que dice que debe entenderse con los partidos presentes en la cámara, aunque no con todos a la vez, pero siempre con alguna otra fuerza para sacar adelante los proyectos que necesiten apoyo parlamentario. A la luz de este hecho, la institución que representa la soberanía popular debe sufrir un fuerte impulso. Sin apoyos todo es imposible y cada decisión puede convertirse en un viacrucis.

Esta es la primera enseñanza que debe sacarse de la decisión del PNV de gobernar en solitario en una situación de minoría parlamentaria. El gabinete Urkullu es un gobierno expuesto a la capacidad para pactar. El peligro es que no lo consiga. Uno de los indicadores por los que hay que evaluar los  éxitos o fracoses de este gabinete tiene que ver con la capacidad para pactar. Eso requiere consejeros y equipos de gobierno con ideas claras, flexibilidad, inteligencia práctica y capacidad de comunicar lo que se quiere y para qué se quiere.

Hay otros hechos que me parecen básicos y fundamentales para afrontar el análisis de los objetivos del gobierno Urkullu. Uno de ellos es gestionar los asuntos públicos sin la Épica que ha protagonizado tanto espacio en las últimas décadas en el País Vasco. El final de ETA, la participación de la izquierda abertzale en las elecciones y la crisis económica, sitúan la acción del gobierno en el centro de casi todo. Euskadi, eso espero, dejará de ser el espacio excepcional, singular y diferente, que si por algo destaca es por convertir los acuerdos internos, la consolidación de la paz y las respuestas novedosas a la crisis en los referentes por los que deben conocernos en el mundo.

Hay otros datos a tener en cuenta. El primero, el estilo de hacer política. Cómo gobernar es una cuestión de gran interés y significación, la política y los políticos están sometidos a un desgaste especial. Los estudios de demoscopia dicen que la política, para los ciudadanos, es un problema y el oficio de político aparece cuestionado y con poca o escasa consideración. Los políticos en todas partes, también en Euskadi, debe refundarse y renovar sus formas de hacer. Un objetivo en sí mismo debiera ser incrementar el peso específico de lo que hacen y la credibilidad de lo que expresan. Una y otra cosa son dependientes de la creación de confianza por parte de la ciudadanía. Crear nuevos estilos de hacer política debe ser la obligación de todos los que nos representan y ser exigido por los ciudadanos. La política no puede ser el lugar donde se representa lo imposible y se concreta la distancia entre lo que se promete, lo que se hace y lo que se consigue. La ética no sólo es el instrumento para contemplarlo como la obligación que contraen los demás para conmigo, sino la praxis que nos mantiene lúcidos, vivos y de la que depende la legitimidad de lo que se hace. Éste es el reto que, bien, mal o regularmente resuelto, hará más grande, más pequeña o irreconocible la acción del gobierno Urkullu. La idea es clara: no sólo hay que innovar en el ciclo productivo, en la organización de las empresas o en las instituciones sociales, hay que innovar y ¡mucho¡ las formas de hacer política.

La acción política  del nuevo gobierno Urkullu tiene también la oportunidad de demostrar que la austeridad y la eficacia no son dos principios antagónicos que chocan cuando viajan juntos, sino que pueden y deben convivir porque ambos son hijos del compromiso y la responsabilidad por lo que hace y por lo que debe hacerse. Hay muchas situaciones, tanto dentro como fuera de Euskadi, que demuestran que la ciudadanía entiende de sacrificios y corresponsabilidad, cuando las cargas se repartan de forma equitativa y siempre que lo que se dice que va hacerse sea, efectivamente, lo que se hace. Eso se llama transparencia y coherencia. Ambas son depositarias de la confianza que hay que ganar para devolver la política al lugar que le corresponde.

Hay un tercer tema: la construcción de un liderazgo viable y responsable. Escribo viable y responsable para oponerme al concepto de liderazgo fuerte. El líder fuerte es aquel que ocupa tiempo y espacio en los medios de comunicación, el que preside las noches en los noticiarios, el que invade las cocinas de los hogares a todas las horas, empujado por una masa de aduladores mass mediáticos que lo representan como si fuese la fuente de todo bien. Nada de eso, ejercer el liderazgo es estar sin que se le vea, oír y escuchar los enigmas y atender sin necesidad de ser omnipresentes los sonidos que le llegan desde las sombras o desde los espacios de penuria y necesidad. Ejercer el liderazgo es atender el sonido de las peticiones de la ciudadanía sin estar presente, no prometer lo que no se puede dar y transformar la transparencia, la honestidad y la honradez en aquello que no hay que explicar porque ni las cosas obvias ni el sentido común deben ser explicados. Esto supone mantener alejados a los aduladores, a los visitantes nocturnos, a los escritores de prebendas y a los que esperan la llegada de los míos. El líder gobierna para todos y éste es el principio de su posición en la sociedad.

Los demás hechos: la realización del programa previsto y presentado en el Parlamento, atender a las consecuencias devastadoras de la crisis económica, el autogobierno, la consolidación de la paz, devolver la confianza a los ciudadanos y generar una idea fuerte de futuro, serán más fáciles si la política es capaz de ser el instrumento de transformación de la sociedad, pero será más difícil seguir el signo de los acontecimientos  sino se cambian las formas de hacer política, no se innova el estilo de la política-las formas y los contenidos-, sino se asiste a la explosión de la transparencia y la honestidad, sino se sabe que hacer con la honradez o si el liderazgo se empeña en reciclarse como la presencia permanente en los hogares vascos.

La llegada del nuevo lehendakari-Iñigo Urkullu- abre un cuadro de oportunidades: ¿sabremos leerlo así o la transición que promete su programa de gobierno se enfriará o transformará en retórica, agotada por los incumplimientos o por la incapacidad para innovar lo que requiere ser innovado?