Andaluces, insatisfechos con su vida

Andalucíae-Mail de Andalucía
Jesús Páez
Asesor de cooperativismo

Era 28  de  febrero, Día de Andalucía. Las 9 cabeceras de los diarios del grupo Joly, desde  Cádiz a Almería abrían sus portadas con esa frase: “El desánimo se apodera de Andalucía” y explicaba: “Por primera vez, más de la mitad de los andaluces está insatisfecho con su vida”.  En una tierra que, sobre todo desde fuera, se identifica con la alegría, la gracia, con el chiste, con el buen humor, a más de la mitad de sus habitantes les ha cogido el mal de la tristeza, el desánimo.

El desánimo se apodera de Andalucía. Esta es la conclusión más destacada, y más grave con diferencia pienso yo, que refleja el Barómetro encargado por el Grupo Joly a la empresa Commentta. De modo que Andalucía entera se desayunaba, precisamente en el Día de Andalucía,  ante un espejo que le devolvía una imagen cruda, descarnada, tal vez no de sí mismo, pero sí de más de la mitad de sus conciudadanos.

No recuerdo haberme puesto, con anterioridad, a buscar los sinónimos del término desánimo. Y hacerlo me desanimó más. He encontrado  20 sinónimos que conforme iba leyendo uno tras otro, se me fueron clavando como alfileres. Pinchazos que puede que no te maten, pero que sí te dan ganas de morirte.

No me lo tomen a mal, pero voy a transcribir los sinónimos de desánimo: desaliento,  postración, abandono, desmayo, derrotismo, desconsuelo, languidez, laxitud, desmoralización, desesperación, agobio, cansancio, impotencia, desengaño, aplanamiento, desfallecimiento, debilidad, flaqueza, abatimiento, depresión… Leyéndolos uno tras otro resulta que, desánimo, hasta te parece suave.

“La crisis no solo está devorando, los paradigmas económicos o menguando la exitosa clase media. Incluso va a derribar algunos de los tópicos más arraigados. Por primera vez, desde que se realiza el Barómetro Joly una mayoría de andaluces no están contentos con su vida. No ya con la marcha de la economía, el papel de los políticos o el de las instituciones; es su propia vida, de lo que se deduce que la Gran Recesión sería también una Gran Depresión”. (Granada Hoy)

¿Qué va a ser de nosotros los andaluces y andaluzas? Si tenemos un paro sangrante, si no tenemos industria, si nuestro modelo económico son el turismo, los servicios mal pagados  y una agricultura ya casi agotada por esa política europea de la PAC, que pone más dinero para el que menos produce. Que se da dinero para desguazar barcos de pesca.  Que, en los astilleros, los únicos días que los trabajadores hacen algún esfuerzo son aquellos que cortan el puente Carranza y se enfrentan con los antidisturbios. Cabreados pero impotentes ante el desmantelamiento lento pero inexorable de los astilleros.

No es difícil entender la desafección de los ciudadanos hacia los partidos políticos hacia los políticos y hacia la política en sí misma. Desafección que ya es desconfianza, rechazo.   Un desengaño que los partidos han ido amasando a base de ignorar a los ciudadanos, de hacerlos paganos de todos sus errores, de sus incompetencias, de todas sus corrupciones, de sus bajezas más ramplonas, como esas de cobrar el alojamiento y la manutención viviendo en Madrid; trampas como  la de colocar a familiares y amigos, alquilar edificios para instalación de organismos públicos, edificios que son de su propiedad o de su familia. Individuos e individuas que dicen estar en  política por vocación y no se les conoce otra vocación que la de rebañar  para ellos, su familia y sus amigos, todo lo que pueden y huela a dinero. ¡Por vocación…!

¡A quién van a engañar! A nadie desde luego, pero desengañar sí que lo hacen con millones de ciudadanos cuya  felicidad no pretende ir más allá de contar con  un trabajo digno y razonablemente remunerado, una piso, que los niños estudien y una pensión y un vaso de vino con los amigos, para cuando llegue la edad.

Los trabajadores, los jornaleros, no pretenden una canonjía como sus señorías. Por ejemplo los  de  la Cámara de Cuentas. La mayoría ni siquiera saben lo que es y, sobre todo,  qué hacen los que allí están. Ni cuánto dinero y prebendas  se llevan al año por tocarse los cataplines. Los desempleados no pretenden una indemnización como, por ejemplo, Julio Linares, “que cesó en su cargo como consejero delegado de Telefónica el pasado mes de septiembre y cobró una indemnización de 24,7 millones de euros, (unos cuatro mil millones de pesetas) según se desprende del informe de Gobierno Corporativo de la entidad que ha remitido este jueves a la CNMV. Se ve que cuando el Creador dijo ¡hágase la luz! Allí esta Julio Linares dándole a la yesca.  Pero 24,7 millones no le parece suficiente y, Linares, posteriormente ha sido nombrado consejero ejecutivo y por esto, que es como hacer milagros, se  embolsa otros 3,4 milloncetes de euros al año. Ya los trabajadores no sueñan ni con un puesto en una contrata de Telefónica.  Telefónica o Movistar, empresa que fue pública y que Aznar privatizó  cuando gobernó y que se dedica a hacer un ERE detrás de otro. Sus altos ejecutivos son unos dioses que cagan dinero y con ese dinero hacen grandes a las empresas que les regalaron y  entre una minoría hacen todo el trabajo y por eso tienen que despedir  a obreros de mono azul o blanco, o verde o naranja. Les da igual de la marea que sean la cosa es que se vayan a la calle.

“Yo estoy en política para forrarme” decía el sr. Zaplana para explicar en pocas palabras lo que es la  vocación del político o alto ejecutivo que para el caso es muy parecido. Ya sé que no  de todos, pero ahora tenemos una parva de aquí te espero.

Los trabajadores son sensatos y saben que no pueden aspirar a tener una vocación de esta naturaleza ni cagan oro. La gente es austera y se retiene en sus gastos y sabe ir a los mercadillos  a por unas cosas y al Lidl a por otras cosas y pasarse por el Mercadona porque los productos de limpieza están muy bien de precio. Y, si hace falta, se va al chino de la esquina. La gente, en general, sabe con qué cuenta y hace sus cuentas. Pero cuando le quitan el trabajo y le suben el gas, el agua, la electricidad (28%) el autobús y suben el IVA  que lo sube todo y pasan los días, el trabajo no se ve por ningún sitio y cada día las promesas son más hueras, las mentiras más frecuentes y más gordas y cada mes los parados son más y las posibilidades menos ¿Qué otra cosa pueden hacer que desalentarse, agobiarse, dejarse llevar por el abatimiento? No sabe a dónde acudir y el futuro viene peor. ¿Cómo puede estar sino es insatisfecho de su vida?

Alguien podría pensar que en “Andalucía tenemos la ventaja de que a la coalición de Gobierno PSOE-IU todavía le suena quién era Keynes, que no es un equipo de fútbol inglés,como al PP pudiera parecer, sino un señor economista que fiaba muy poco de los mercados y apostaba por la intervención pública para generar prosperidad”. (Luís Muñoz) Yo veo en esto poca ventaja cuando, un Montoro puede  meter la tijera en tus presupuestos. Y el que los andaluces, a menos de cumplirse un año de las elecciones, estemos ya más triste que una alpargata colgá en un alambre, significa una de estas dos cosas o las dos: a) que el bipartito fue un cohete que subió muy alto y ni explotó como certificando que la situación no hay quien la cambie  o b)  que el día menos pensado los andaluces sin hablar empezaremos a salir, a salir, a salir de casa  hasta abarrotar todas las calles y plazas de todos los pueblos de todas las ciudades y, como en la Plaza de Tahir, nadie se va a ir a  casa hasta que las autoridades andaluzas y el Gobierno central en pleno, cierren sus despachos,  le den las llaves a los conserjes y se vayan a las suyas para no volver nunca jamás.