Lo que Roma no da, Canterbury lo conceda

Estatua de monseñor Romero en la abadía de Westminster
Estatua de monseñor Romero en Westminster

Miguel Aznar
Consultor

Ignacio Ellacuría, vasco de Portugalete, discípulo de Rhaner y de Zubiri, jesuita defensor de los pobres, mártir junto con sus compañeros precisamente por esto. Despreciado por el papa polaco precisamente por esto. Se cumplen veinticinco años de su asesinato. Los medios de comunicación dan amplias referencias. Personas muy autorizadas están desgranando su vida y las circunstancias de su martirio. Ya es suficiente información, no voy a ir por ahí.

El papa polaco hizo santos a miles de cristianos asesinados en un conflicto civil, cuyos únicos méritos fueron haber estado en el bando de los poderosos. Se alegó que bastaba el hecho de ser víctima del odio por sus ideas religiosas. A ese papa, la exaltación de las masas que él mismo organizó le llevaron también a una proclamación de santidad exprés.

El obispo Romero, asesinado en el mismo país por encargo de los mismos poderosos, ya no tiene necesidad de esperar que la Iglesia de Roma le reconozca su santidad. La Iglesia Anglicana lo ha incorporado a su santoral y su estatua se venera en la abadía de Westminster. Y otras iglesias cristianas han hecho lo mismo.

La canonización de Ellacuría y sus compañeros… ni está ni se la espera. Se ve que el odio de los asesinos de derechas no es tan eficiente a la hora de santificar como el de los asesinos de izquierdas. Debe ser cosa de la Teología de la Servidumbre, que tanto odia a la Teología de la Liberación.

Ahora hay otro papa; jesuita y que se dice defensor de los pobres. Ellacuría y todos los demás… no voy a decir que ellos esperan su corona de santos, porque están más allá de estas miserias y vanidades, pero millones de cristianos sí confían en que el papa argentino sea capaz de sobreponerse a la mugre vaticana y a los vicios de su burocracia y ponerles en donde se merecen.

En todo caso recuerden los creyentes que la vieja iglesia de San Jorge, con su sobrio estilo medieval inglés, ya hace muchos años que no está en Pau Claris – Rosellón, o sea, a la altura de la Diagonal, que ya la devoró la especulación inmobiliaria. Ahora, si quieren ir a rezar a San Romero o pedir al capellán, el reverendo John Chapman, que canonicen a Ellacuría y sus compañeros mártires, tienen que ir a su nueva ubicación en la Bonanova, detrás del colegio de los del pitet.