Las tablas de piedra de la ley de piedra

Mis amigos me peguntan por el origen de ese asco, que tan frecuentemente expreso, por lo español. Me confesaré:

En el origen está un texto que estudiamos durante el bachillerato. En la calle mayor de una ciudad castellana coinciden opuestamente dos lujosos carruajes, el del Regidor Mayor y el del Regidor Perpetuo. Los respectivos cocheros y lacayos reclaman la preferencia de paso. Nadie cede. Los personajes descienden y se van cada uno a su casa. Carruajes, caballos, cocheros y lacayos se quedan allí. El asunto va a los tribunales. Durante lustros el proceso sigue, da vueltas, se recurre, llega al rey… Mientras tanto la servidumbre de ambos nobles mantiene la situación: Los coches siempre limpios y brillantes, los caballos, cocheros y lacayos, como los jugadores del Barça, practicando rotaciones. La calle, inutilizada a lo largo de los años. Llega la sentencia. Todos se ponen firmes en sus puestos. El alguacil la lee. El pueblo entero asiste al espectáculo. Se le da la razón a uno y se ordena que avance su carruaje y que retroceda el del otro. Antes de que se cumpla, el señorón triunfador se acerca al perdedor, le dice que, en realidad, con un poco de buena voluntad, en la calle caben los dos. Se abrazan. Declaran: “Era una cuestión de dignidad”. Pasan a la vez los dos carruajes. El pueblo sorbe mocos y aplaude entusiasmado.

Asco de dignidad. Asco de justicia. Asco de pueblo. Asco de país.

¿Siglo de Oro? La miseria de los pícaros, la corte de los milagros, los hidalgos echándose migas en la barba para simular que habían comido. El país descosiéndose y los señorones, los tribunales, los jueces, los alguaciles las autoridades y el rey pateándose tiempo y riquezas en mantener pleitos estúpidos por cuestiones de dignidad, y el pueblo, servil y estúpido, entusiasmado y emocionado ante tanta monstruosidad y reuniendo razones para, cuando uno de esos aristócratas dignos y egoístas se muera, ir a hacer colas para ver su catafalco y llorarle. Todo  antes que considerar que cada problema se debe resolver en su nivel y que todos debemos comportarnos como racionales y no como majaderos.

Estos días, en que la corrupción nos arrasa y el desgobierno nos disuelve, cuando millones de catalanes salen a decir de todas las maneras imaginables que, ante tanta ineptitud, tanta burla y tanto odio, quieren decidir su propio futuro, todo el sistema del Estado se dispone a repartir leña enarbolando las tablas de piedra de la ley de piedra. E invitan a todos los españoles a denunciar. Y gritando: “¡La ley es igual para todos!”.

Si fuéramos ricos les llamaría imbéciles. Por la pobreza actual les llamaré canallas. Y repetiré que me dan un profundo, profundísimo asco.

 

Foto de portada: Colas en el Ayuntamiento de Sevilla para dar el último adiós a la duquesa de Alba.