Las prestaciones de Feijóo

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Feijóo con el contrabandista Dorado, en la ría de Vigo en el verano de 1995

e-Mail de Galícia
Juan Tallón
Escritor

Yo supongo que cuando Núñez Feijóo le dice a Rajoy que le falta un buen relato, en realidad le está diciendo, si hacemos bien la traducción, que necesita mentiras nuevas. Las viejas ya sólo son un chicle demasiado mascado. Es hora de escupirlo al suelo, o de pegarlo debajo de la silla. Incluso de tragarlo. Ya saldrá. En política, un relato es un giro para dejar atrás a un fantasma que te persigue, y no una historia bien contada para hacer más comprensible una dificultad.  Girar bien requiere ángulo. En la medida que no puedes pretender saltar un precipicio en dos pasos, porque en uno no alcanzas el otro lado, puedes girar con éxito cuando estás contra la pared. Rajoy no sólo necesita una mentira nueva, sino una mentira buenísima, que seguramente no existe, y así se lo ha hecho saber Núñez Feijóo, que sabe que nunca llegarás a nada si no eres capaz de construir un buen relato para cada oportunidad, como siempre ha hecho él.

No hay duda que Núñez Feijóo es un chico que da buenos consejos. O consejos a secas. Hace unos años, de hecho, le dijo al vicepresidente de la Xunta, Anxo Quintana, que «el Gobierno no se puede fotografiar con malas compañías». Se refería a una imagen en la que Quintana aparecía en un yate con un empresario. Fue un consejo a secas. Después de todo, Feijóo se había estado haciendo fotos, años atrás, con un narcotraficante en distintas posturas.

Feijóo siempre ha sido de dar consejos aquí y allá. No hace tanto, le ofreció uno a Cospedal para que gestionase de otro modo el «caso Bárcenas», que la estaba dejando bastante bien en ridículo. Ahora, sugiriendo que compre un relato nuevo y tire el viejo al mismo sitio que el programa electoral, el consejo es para el Jefe. Le envidio la valentía. Personalmente, todo el consejo que fui capaz de darle a un superior fue que no se subiese la cremallera del pantalón, y no se pueden imaginar la mirada que me echó. Pero Feijóo tiene el carácter y la frescura que a mí me faltan. En el fondo, él sigue creyendo que aún es la luz cegadora del PP, el Gran Heredero, como si nunca se hubiese mezclado con la estrella pop del narcotráfico gallego. Cuando asume el papel de Hombre Llamado a Todo, campeonísimo, a mí me recuerda mucho a ese personaje de Amanece que no es poco, que en una explosión de sangre fría y absurdo, le confiesa a su interlocutor: «Yo le doy unas prestaciones sexuales a tu mujer muy buenas».

A menudo uno es el último en advertir que sus mejores días pasaron. Me temo que la velocidad a la que Feijóo ha olvidado las fotos del yate le ha impedido calcular que esa mancha no se saca. Nos falta chispa para advertir que la gloria nos ha abandonado, y que tenemos que conformarnos con empresas menos ambiciosas, como ese personaje de Yo era una chica moderna, de César Aira, cuando sabedor de sus limitaciones, se anima y dice: «Esta noche voy a hacer cornudos a treinta hombres: voy a coger con mi esposa». A veces conviene conformarse con las pequeñas victorias. También acunan.