Las mentiras de RTVV

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José M. Alcañiz 
Periodista y secretario general de UGT en RTVV

7/6/2012 (22:00) Reconozco que resulta provocativo reivindicar la radiotelevisión valenciana con lo que está cayendo, que es mucho. Ahora bien, si hay quien defiende con toda soltura el rescate de los bancos con nuestro dinero, esta osadía también se puede intentar.

No prometo convencer al lector, pero si ofrecerle algunos datos que posiblemente desconoce y relacionarlos de una manera diferente a lo que el pensamiento rutinario suele hacer.

Lo primero que hay que decir es que RTVV no es tan cara como se quiere hacer creer. Le cuesta a cada valenciano 27 euros al año; omito odiosas comparaciones con cafés y otros consumibles, pero quiero recordar que RTVE nos cuesta exactamente lo mismo. Además, podría ser más barata. Y no hablo sólo de evitar los robos, o lo que la Audiencia Nacional acabe sentenciando que fue la cobertura de la visita del Papa y tantos otros casos que nunca serán juzgados. Bastaría con realizar una gestión profesional, aprovechando al máximo una plantilla de la que forma parte lo mejor del sector audiovisual valenciano.

Por ese dinero, el ciudadano tiene, o debería tener, la única alternativa poderosa al predominio casi absoluto del castellano en los medios de comunicación. Tiene, o debería tener, la información local que las televisiones estatales no cubren y que contribuye de manera decisiva a que los valencianos nos conozcamos y nos reconozcamos. Según la Generalitat, no quedan suficientes fondos para cumplir con estos mandatos del mismísimo Estatut d’Autonomia, y por tanto la solución es reducir costes.

Una vez apaleada a recortes salariales la plantilla, la siguiente solución para ahorrar parece ser reducirla. ¿Cuánto? Después de un año y medio de tortura psicológica, los trabajadores de RTVV vamos a saberlo en breve. Tortura porque desde el primer anuncio, a finales del 2010, no ha existido la menor información oficial de por dónde van los tiros, dicho sea sin segundas. Sólo Levante-EMV nos puso sobre aviso el 2 de agosto del pasado año con la revelación de que las conclusiones de un informe que recomendaban despedir un millar de empleados. Muy recientemente, nos ha dado más pistas con una nueva filtración que eleva la cifra hasta los 1.200. Eso es lo más cercano a la realidad que sabemos. Desde la empresa y la Generalitat ni nos han contado qué pretenden ni han querido escuchar las alternativas del Comité. Solo conocemos el cambio legal que pretenden hacer y no es precisamente tranquilizador, dado que abre la puerta la privatización, permite que un solo partido tenga el control absoluto y rebaja la importancia del valenciano.

Pero volvamos a la pasta ¿Cuánto dinero se ahorrarían los valencianos si la Generalitat despidiera a un millar de trabajadores de RTVV? De momento, se oculta cuidadosamente que la deuda de 1.200 millones acumulada durante los cuatro mandatos del PP hay que pagarla de todas maneras, se mantenga la empresa en su dimensión actual, se minimice o se cierre. Y en el día a día tampoco se conseguiría ahorrar nada porque, incluso con la reforma laboral, hay que indemnizar a los despedidos y pagarles el paro. Durante algunos años las arcas públicas, quiero decir nuestros bolsillos, no notarían ningún alivio. Además, el día siguiente habrá que llenar con algo la programación. Por mucho que las tres cadenas de televisión actuales se dejaran en solo una, y también una solo radio, sería imposible mantenerlas con solo 500 trabajadores.

Por tanto, se compraría a productoras privadas el producto ya elaborado. Algunos de los despedidos podrían incluso encontrar trabajo en ellas, peor pagado y más inestable. Pero por mal que paguen las productoras, es imposible que puedan vender un producto más barato de lo que costaría producirlo en RTVV con su plantilla y sus instalaciones bien gestionadas. Excepto, claro está, que unas pocas productoras produzcan en serie para muchas televisiones autonómicas. Eso explicaría la inversión multimillonaria que, en plena crisis, están realizando dos de estas productoras en la ciudad de la imagen de Tres Cantos, cerca de Madrid. ¿Les suena Miguel Ángel Rodríguez, aquel portavoz del gobierno tan chuleta y con barbita que tenía Aznar? Igual les suena menos Ignacio López del Hierro, pero seguro que conocen a su esposa, Dolores de Cospedal.

¿De qué estamos hablando, entonces? Yo la verdad es que prefiero no escribirlo, no tanto por miedo a las querellas como porque pienso que, desde Lerma, el señor Fabra es el primero que puede merecer algún día el título de Molt Honorable. Curiosamente, los dos comparten también una escasa afición por salir en la tele, al menos comparada con la omnipresencia del perfil bueno de Zaplana y las megalomanías de Camps televisadas por Lola Johnson. Zaplana y Camps, por no hablar de Olivas que bastante tiene con Bankia, han arrastrado la radiotelevisión de los valencianos por el fango y la han llevado al borde del precipicio. Pero aún quiero creer que Fabra no es de esa calaña. Si demuestra serlo, desde luego se lo diré, confío que en estas mismas páginas.