Las alegres sibilas de Glasgow

Lourdes Lancho
Periodista

3/5/2012 (9:30) Hace años un amigo escocés, de familia irlandesa, me dijo que su madre, sus tías y sus vecinas tenían la culpa de la caída del muro de Berlín. Ante mi incredulidad; me explicó que llevaban años reuniéndose dos veces por semana para rezar por la caída del comunismo en Rusia. Todo el mundo se reía de ellas, hasta que un día de 1989 el grupo de ancianitas salió triunfal a la calle porque evidentemente lo habían conseguido.
Mi amigo John también utilizó a este poderoso oráculo de ancianitas para explicarme por qué no estaban en el Euro. Ni su madre ni sus tías querían oir hablar de la moneda única, porque decían detrás estaba Alemania y que en realidad lo que buscaba este país era que todo el mundo acabase pagando en marcos. Y que para eso no les ganaron la guerra. Una vez más me sonreí ante semejante exageración. Como si fuesen prejuicios de otra época ya superada. Porque entonces, a finales de los 90, todavía estábamos henchidos de europeísmo y no teníamos porqué desconfiar de los alemanes ni de nadie.
Ahora con la que está cayendo y con el papel que está jugando la Alemania de Merkel, vuelve a venir a mi mente estas sabias abuelitas escocesas. Y he pensado en ellas ante la reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo en Barcelona, y he pensado en ellas al seguir ayer el debate en televisión de los candidatos presidenciales franceses. Al socialista Hollande no le va mal con su táctica de oponerse a la política de rigurosa austeridad del gobierno Merkel que está ahogando Europa. Y estamos esa media Europa boqueando para coger un poco de aire, mientras miramos a Francia de reojo para ver si planta cara a los alemanes.
Con todo esto la cita que me viene a la mente no es escocesa ni irlandesa. Son los famosos versos de Ángel González refieriéndose a la historia de España, que hago extensiva a Europa:
“Nada es lo mismo. Nada
permanece.
Menos
la Historia y la morcilla de mi tierra:
se hacen las dos con sangre, se repiten.”

Estoy pensando hacerme con una ouija y consultar con las sibilas de Glasgow a ver qué opinan de esto, o que simplemente con la taza de té en la mano nos sonrían y nos digan “ya os lo decíamos”.

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Un pensament a “Las alegres sibilas de Glasgow”

  1. Creo, querida y admirada Lourdes, que antes que lo vaticinaran tus sibilas el desastre de la Unión Europea se avanzó en la catedral de Dublin el día que se votaba Maastricht. Allí recogí un opúsculo pidiendo votar no porque el sí al referedum hundiria a Irlanda y a Europa. El opúsculo aportaba una prueba irrefutable: la Virgen se había aparecido una vez más a la señora Chistina Gallagher pero en su aparición el 8 de abril del 92 aportó un mensaje. Que la Virgen tenía algo importante que decirle a la señora Gallagher lo intuyó enseguida porque observó que la Virgen estaba a punto de llorar. “¿Por qué estais triste, Señora?”, le preguntó. Reprimiendo sus sollozos la Virgen le dijo que estaba triste por Maastricht. Porque si se aprueba el tratado se liberalizará el aborto y el Anti Cristo impondrá el poder del dinero y hará imposible a los pueblos de Europa el ejercio de sus propios derechos y sus libertades. Llegado a este punto del mensaje la que rompió a llorar fue la vidente señora Gallagher, según contaba el opúsculo de las dos hojas ciclostiladas. Hay que reconocerle a la Virgen una visión de futuro que nos fue posible conocer gracias a la benemérita señora Gallagher y al episcopado de Dublín que imprimió el mensaje. Un beso, Lourdes.

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