Lady Clementina Hawarden, la fotógrafa autodidacta

Lady Clementina hacía las fotos en su casa,  en estudios improvisados con telas y cortinajes, con una cuidadísima puesta en escena y  selección de accesorios.

Colita
Fotógrafa

Lady Clementina Hawarden nació con los apellidos Elphistone Fleeming en 1822 y creció con sus cuatro hermanos en la finca familiar de Cumberland, cerca de Glasgow (Inglaterra). Su vida asemeja a un cuento de hadas, hija de familia feliz y afortunada,  excelente educación, matrimonio por amor.

Su padre fue un admirado militar, el almirante Charles Elphistone Fleeming, héroe por sus hazañas marítimas, y en cuanto a su madre, “era una belleza “exótica” española,  26 años más joven que el almirante. Al morir su padre, la familia se trasladó una temporada a Roma.

En 1845 Clementina se casó con el 4º Vizconde de Hawarden, con el que vivió en Londres hasta 1857. Después se mudaron a Irlanda, a la finca familiar en Dundrum, Tipperary. Fue un matrimonio por amor.

Se sabe muy poco de la historia de Lady Clementina. Corrió el rumor de que existía un diario que nunca apareció. Su historia, sus sentimientos, su arte, hay que leerlo en sus fotografías.

Probablemente empezó a aficionarse y a experimentar con la fotografía hacia 1857, con 35 años. Tuvo una cuantiosa  prole de 10 hijos, dos varones y ocho niñas, de los que dos no llegaron a la edad adulta. Su producción fotográfica fue muy prolífica, y no duró más que ocho años. Sus primeras fotos fueron paisajes de pequeño formato de sus amadas tierras de Irlanda.

Desconocemos como  se produjo su encuentro con la fotografía, ni  cómo se formó, ya que no se le conocen maestros, quizás a través de las numerosas publicaciones que circulaban sobre el tema, y algunos libros especializados; después de todo, la fotografía estaba de moda. Sus primeras fotos fueron vistas estereoscópicas de los alrededores de su casa, luego se aficionó al retrato y sus modelos fueron  sus hijos, especialmente las chicas. Los llamaba “Estudios de la vida” o “Estudios fotográficos”.

Trabajaba con impresiones en albumina a partir de negativos de coloidon húmedo, método introducido en Inglaterra  en 1851, que permitía exposiciones más cortas, aunque había que utilizar las placas húmedas  y exponerlas inmediatamente, para revelarlas y fijarlas también  al momento. Se impresionaban en papel tratado con albúmina, (Clara de huevo y sal, recubierto con nitrato de plata), el cual se ponía en contacto con el negativo y se exponía a la luz del sol para producir una impresión.

Es importante, que al admirar las fotos de Lady Clementina y sus contemporáneas, recordemos las dificultades y complicadas manipulaciones necesarias para obtener una imagen, aunque a partir de 1850, con la invención del papel a la albumina, la fotografía diera un paso de gigante. La aristocracia y la alta burguesía  ya podían construir su propia historia, sin depender de los pintores.

La fotografía representó para las mujeres una práctica artística “tolerada”. Además los Reyes Victoria y Alberto eran unos grandes aficionados a la fotografía, eran coleccionistas e intercambiaban postales y cartas de visita con otras familias reales europeas. Incluso instalaron un laboratorio en el Castillo de Winsor.

Cuando la familia se traslada a Londres, su fotografía se sofistica y adopta un aire de elegancia insuperable.

Lady Clementina no utilizó nunca la luz artificial, trabajaba con la luz natural que entraba por las ventanas, potenciándola con espejos, donde también se reflejaban sus modelos, explotando como otros fotógrafos la idea del “doble”. En su momento se la juzgó muy audaz. Fue siempre una acérrima defensora de la fotografía como expresión artística.

La obra de Lady Clementina tuvo muchos admiradores, entre ellos el fotógrafo Oscar Gustav Reijlander el “Padre de la fotografía artística”, que consideró que sus fotos eran “la verdad idealizada”, y el autor de Alicia en el País de las maravillas, Lewis Carroll, que adquirió cuantas obras se pusieron a su alcance, considerándose “coleccionista” de su obra.

Difícilmente Carroll podía sustraerse a las hermosas adolescentes fotografiadas por Lady Clementina, sus hijas, a las cuales vemos crecer y convertirse en mujeres a través del objetivo de su madre. En estas imágenes, románticas y melancólicas, no deja de haber algo turbador, indefinible. Recientemente una de estas fotografías se utilizó como portada de Madame Bovary.

Se la ha intentado comparar absurdamente con su contemporánea Margaret Cameron siendo absolutamente diferentes, desde su forma de componer y encuadrar, hasta la búsqueda de la armonía y perfección por parte de Lady Clementina, y su deseo de crear universos secretos, sin comerciar nunca con su obra,(alguna vez con fines benéficos), como lo hizo Cameron, que tiraba varias copias de un negativo, y cuya obra buscaba el reconocimiento y la universalidad.

Lady Clementina no viajó.  Hacía las fotos en su casa,  en estudios improvisados con telas y cortinajes, con una cuidadísima puesta en escena y  selección de accesorios . Todo emana exquisitez, y una mezcla de contemporaneidad y fantasía.

Las fotos de Lady Clementina suscitaron polémica, algunos conservadores obsesivos consideraron provocativas las fotos de sus  hijas, y los victorianos detectaron, escandalizados, una actitud de sexualidad adolescente. Por supuesto, esta no fue jamás la intención de Lady Clementina. Al menos conscientemente. No obstante existe una cierta languidez y abandono en aquellas muchachas que esperan, con las miradas perdidas mas allá de los ventanales. Son imágenes que desafían sutilmente los códigos morales de la sociedad victoriana. Recuerdan a hermosos pájaros cautivos  en una jaula dorada.

Lady Clementina murió muy joven, a los 42 años,  de una neumonía. Se ha aventurado que su sistema inmunológico estaba debilitado  por la constante manipulación de productos químicos y sus pestíferas emanaciones. No tenía más que 42 años.

Había expuesto su trabajo en La sociedad Fotográfica de Londres, y obtuvo una medalla de plata en 1863 y 1864. Desgraciadamente, no pudo recogerlas.

En 1939, el Victoria and Albert Museum organizó una exposición conmemorativa del Centenario de la fotografía, de 1839 a 1939. Cien años desde la invención de la primera imagen obtenida por Fox Talbot.

La nieta de Lady Clementina Hawarden, Lady Clementina Tottenham fue a ver la exposición, y con gran decepción no vio a su abuela representada. Mr. Gibbs-Smith, el organizador de la muestra le respondió que no tenía ni una sola muestra de su trabajo,  y que no había sido por falta de interesen su obra.

Generosa y espontáneamente, Lady Tottenham  donóal Victoria and Albert Museum 775 fotografías de su abuela que la familia había preservado cuidadosamente. Como había estallado la 2ª Guerra Mundial, el archivo se extravió entre cientos de cajas de una oficina y no volvieron a ver la luz s hasta 1968.

Cuando en la década de los setenta se revitalizó el interés por la fotografía, hubo una creciente atracción por la obra de Lady Clementina Hawarden y, en 1977, la colección se transfirió  al departamento de dibujos y grabados, dándoles al fin la categoría de obras de arte y no simples ilustraciones.

En 1984, el museo montó una exposición itinerante sobre la Edad de Oro de la fotografía Inglesa, donde sus fotos ocuparon  un lugar destacado. En 1989 se organizó una antológica que viajó  a París y  a Nueva York. La fundación J. Paul Guetty expuso una antológica de su obra en 1990.

También  se escribieron dos biografías, una escrita por el pintor Graham Ovenden, en 1974, y otra, en 1984, firmada por Virginia Dodier.

En el Museo Victoria and Albert, está depositado el 90% de toda la obra de Lady Clementina Hawarden. Parte de la misma forma parte de la exposición permanente de fotografía.

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BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA

Lady Clementina Hawarden. Grahan Ovenden 1974.

Lady Clementina Hawarden. Studies From Life 1857 1864. Por Virginia Dodier. Aperture 1999.

Lady Clementina Hawarden 1822-1865. Por Monica Carabias . Ediciones del Orto. 2000.

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