El jardín prohibido

Por M. Eugenia Ibáñez

El Laberint, quizá el parque más hermoso de Barcelona, el jardín histórico más antiguo de la ciudad, tiene un problema y un secreto. Del problema ya hemos tratado en este blog, se trata de la desidia que sufre el edificio de entrada, en estado de ruina total y de futuro más incierto que su desaparecida techumbre. Del secreto nos ocuparemos ahora.

A escasos metros de la entrada del parque, ya en su interior, y adosado al edificio en ruinas, el visitante encuentra una cancela de hierro siempre cerrada. La verja permite ver un pequeño seto de boj en un espacio que se prolonga pero no visible. Se trata del jardín doméstico del antiguo palacio del marqués de Alfarrás, conocido como Jardín del Boj, del Boix o de las Camelias, un preciosista espacio donde abundan las camelias, o por lo menos donde hace años crecían arbustos de camelias. La existencia de ese jardín  no figura en las guías al uso ni en las webs del ayuntamiento que hacen referencia al parque del Laberint, así que esta falta de información convierte cualquier intento de una visita guiada en un recorrido tan complicado como inútil, en un círculo vicioso en el que tras consultar webs y enviar correos electrónicos se acaba en el punto de partida. Reproduzco a continuación el itinerario de esa imposible visita guiada a un jardín prohibido de Barcelona.

  • La lógica parece indicar que el primer paso para  obtener información se debería situar en las dependencias que Parques y Jardines tiene a la entrada del parque del Laberint. Primer fracaso. Aquí se hace saber al visitante que allí se dan cursos de jardinería pero sobre las visitas guiadas al jardín, nada de nada. En el mejor de los casos conseguirá un teléfono que corresponde a la centralita de unas dependencias municipales de Medio Ambiente.
  •  En el número 93-413.24.00 lo del Jardín del Boj suena a música celestial, pero al tercer intento la petición llega a un servicio donde se facilita una dirección electrónica (permisos_masu@bcn.cat) donde se deberá “valorar la petición”.
  • La valoración en cuestión se realiza tarde y mal porque, previa insistencia, la respuesta ignora el objetivo de la petición, pasa por alto el jardín, ofrece datos sobre el aforo del parque del Laberint y remite a un enlace que ofrece la historia de dicho parque.
  • Nuevo intento a la misma dirección. Un mes más tarde llega la respuesta en la que se dice que “por motivos de seguridad” no es posible realizar visita alguna al mencionado jardín pero que, en cualquier caso, no es competencia de ese servicio “concertar visitas guiadas en ninguno de los parques” de la ciudad. Para esos menesteres el correo electrónico remite a La Fábrica del Sol donde, se añade, “le habrían podido informar sobre el tema solicitado”.
  • La Fábrica del Sol, un equipamiento de educación ambiental del Área de Ecología Urbana, responde con la oferta de más de 50 actividades “que pretenden mostrar cómo funciona la ciudad desde el punto de vista de la sostenibilidad”. Y añade tres enlaces en ninguno de los cuales aparece la posibilidad directa de tramitar una visita directa al ansiado jardín.

    Desisto. Tras dos meses de gestiones empiezo a dudar de si el Jardín del Boj existe o es fruto de mi imaginación.

 

2 pensaments a “El jardín prohibido”

  1. He “visitado” en diversas ocasiones este Jardí del Boix, pero he de decir que fué consecuencia de los cursos realizados en el mismo centro del Laberint. Tuve esta suerte.
    Como decís, Barcelona debería tener un apartado específico o web, dedicado a los parques de la ciudad, como tienen las grandes -y no tan grandes-, ciudades del mundo. Y por supuesto, una oferta pública de visitas guiadas.
    Como no, en una ciudad tan turística como Barcelona no debería faltar la posibilidad de visitar los jardines y parques históricos y su promoción cultural.

  2. Un retrato preciso de la decepción que provocan las políticas de relación con los ciudadanos de este Ayuntamiento en el que pusimos tantas esperanzas.

    No tienen idea de lo que significa “hablar”, para ellos parece ser comunicar sus iniciativas y pedirte que te pronuncies a favor o en contra y ya está. Ni se les ocurre que uno pueda tener algo que decirles, lo que no han pensado ellos no existe. Cada vez encuentro más gente que ha pasado de la decepción al cabreo.

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