La verdad de la postverdad

Cinco obras que permiten entender la verdad de la postverdad es decir, la mentira que sepulta la responsabilidad

Ánder Gurrutxaga Abad
Catedrático de Sociología

Hay imágenes y presentaciones de la postverdad. Como si de una mancha de aceite se tratase el concepto penetra en medios sociales, esferas económicas, acciones, discursos públicos y actos cotidianos. La literatura y la ciencia social reflejan esta realidad.

La verdad de la postverdadHay cinco ejemplos en las obras de dos novelistas y tres científicos sociales. Comienzo el recorrido con las novelas Offshore, de Petros Markaris, y Recursos inhumanos, de Pierre Lemaitre. Ambas describen el sentido radical de las consecuencias de la crisis en sociedades y personas desbordadas por las condiciones del mundo. El telón de fondo donde se mueve el comisario Kostas Jaritos es la Grecia en crisis de la postcrisis de 2016 y el juego de empresas transnacionales que aterrizan en ese escenario que actúan para no ser vistas, desde la clandestinidad de la intransparencia gobiernan la realidad material de los individuos que sobreviven en la sociedad que no comprenden y cuyas reglas de juego no saben cuáles son.

La verdad de la postverdad La novela de P. Lemaitre indaga el lado más humano del sujeto que pierde el trabajo, la ausencia cuestiona la identidad y su nuevo papel en el mundo le somete a condiciones de degradación personal y la radicalización de las consecuencias de cómo vivir aparecen ante él como la película que no sabe interpretar y cuyo guión ni está a su alcance ni sabe escribir.

Los retratos de la trastienda y los escaparates del nuevo mundo no aparcan sólo en los escenarios de la literatura. Las sociedades desbordadas, atravesadas de postverdad, se presentan también desde el análisis de las consecuencias que promueven, a través de tres obras relevantes de autores recientemente fallecidos.

La verdad de la postverdadEl primero es Ulrich Beck. La Metamorfosis del Mundo es el título del “libro inacabado” –como bien indica el prólogo–. En el prefacio el autor dice lo siguiente, “el mundo está desquiciado. Tal y como lo ven muchas personas, esto es cierto en ambos sentidos de la palabra: el mundo está desencajado y se ha vuelto loco. Vagamos confusos y sin rumbo, argumentando razones a favor de esto y en contra de aquello. Pero una afirmación en la que la mayoría de la gente coincide, más allá de cualquier antagonismo, y en todos los continentes, es la siguiente: “Ya no comprendo el mundo”. El objetivo es explicar por qué ya no entendemos el mundo. La idea de metamorfosis atraviesa el análisis, significa –tal y como expresa el libro–, “que lo que era imposible ayer es real y posible hoy”.

La verdad de la postverdadEl libro póstumo de Z. Bauman se titula Retrotopía. El viaje que el sociólogo polaco propone conduce por autopistas congestionadas. La mirada de Z. Bauman nos toma de la mano e invita a pasear por caminos y veredas, primero por los alrededores del Estado –las páginas de ¿La vuelta a Hobbes? no pueden dejar a nadie indiferente–, lo mismo que las que dedica al análisis del Regreso a las Tribus. Los capítulos son párrafos que deben leer las almas atribuladas que se agarran al sentido de pertenencia como si se tratase del salvavidas de emergencia. En el espacio reservado al regreso a la desigualdad desvela, al igual que en el titulado “de vuelta al seno materno”, que en algún punto entre el carácter estructural del tiempo que impide ser y el sentido del yo está la interconexión que se desvela si se vive. El epílogo es conclusivo, “así que aquí estamos: moradores de una era de alteraciones y discrepancias, algo así como una época en la que todos ( o casi todo) puede pasar, pero en la que nada ( o casi nada) puede emprenderse con un mínimo de certeza de que se llevará a cabo; una era de causas en busca de efectos, y de efectos en busca de causas que muestran un grado de efectividad mínimo y en constante descenso; una era dotada de medios aparentemente contrastados que derrochan (o ven diezmada) su utilidad a pasos acelerados, mientras la búsqueda de sustitutos para ellos rara vez consigue ir más allá de la mesa de diseños”.

La consecuencia –con sus palabras– es que “hay una creciente brecha abierta entre lo que hay que hacer y lo que puede hacerse; entre lo que importa de verdad y lo que cuenta para quienes hacen y deshacen; entre lo que ocurre y lo deseable; entre la magnitud de los problemas a los que se enfrenta la humanidad, y el alcance y la capacidad de las herramientas disponibles para gestionarlas”. La despedida del libro es clarificadora, “los habitantes humanos de la Tierra nos encontramos (más que nunca antes en la historia) en una situación de verdadera disyuntiva: o unimos nuestras manos, o nos unimos a la comitiva fúnebre de nuestro propio entierro en una misma y colosal fosa común”.

La verdad de la postverdadEl tercer texto es del sociólogo inglés John Urry. Se titula, “Offshore. La deslocalización de la riqueza”. Analiza las consecuencias que tiene la deslocalización en nuestras vidas. Dice lo siguiente, “su aparición y sedimentación está cambiando los contornos de las sociedades contemporáneas, reformando las pautas del poder, socavando la forma de concebir la responsabilidad, amenazando las condiciones en que se desarrolla la democracia y transformando cómo se energizan las sociedades. La deslocalización está alumbrando misteriosos conjuntos de relaciones que afectan a los entornos laborales y financieros, al placer, la gestión de residuos, la energía y la seguridad”.

Si el lector se pregunta sobre los misterios de la postverdad, que se acerque a cualesquiera de estas obras. Descubrirá de “qué va esto”. Es decir, mentir sin “saber” que se hace y si ¿lo sabes? no pasa nada, acostumbrando sus practicantes a no diferenciar la verdad, el compromiso o la responsabilidad de las mentiras y la simulación.

 

Un pensament a “La verdad de la postverdad”

  1. Espero un artículo más largo, para evitar comprar tantos libros.
    Gracias. Creo que, efectivamente, vamos hacia la “colosal fosa común”.
    Saludos

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