La sonrisa del presidente

1361376294_0Ander Gurrutxaga Abad
Sociólogo

“La política es un enigma, tiene muchas formas de ocultar sus fines y objetivos”. Recordaba esta frase que dijo hace tiempo un viejo político, cuando el otro día el Presidente de Gobierno exponía ante sus señorías el resultado de un año de gestión política en el debate sobre el Estado de la Nación. La citaba al día siguiente y dos días después cuando los medios de comunicación sacaban conclusiones de lo ocurrido en el hemiciclo esos días. Es verdad, al finalizar la sesión la cara del Presidente había ganado enteros, se le veía relajado, entero: sonreía. Parecía que había participado en la batalla dialéctica y el resultado le había sido favorable. El debate me sugirió que la clave del mismo estaba en la sonrisa del Presidente, pero: ¿de qué se reía?

A estas alturas ya sabemos que el éxito o el fracaso en política no obedece a razones  que podamos ver, oír o contar. Las matemáticas son una ciencia exacta y, como tal, tiene poco que decir en asuntos humanos y la política nunca ha sido claro si tiene un origen humano o divino. No sé, quizá la economía podía haber sido el anclaje en el momento de repasar la gestión de un año de gobierno y el motivo de su tranquilidad de ánimo. Pero tampoco parecía: los datos macro y microeconómicos seguían hablando de déficit público elevado, paro incontrolado – 26%, más del doble de la media de la eurozona -12%-, cierre de empresas (el grupo Orizonia, esta vez), huelgas (jueces, abogados y fiscales protestaban por la ley de tasas y los empleados de la compañía aérea Iberia, – en otro tiempo uno de los estandartes de la marca España- paralizaban los aeropuertos y señalaban el déficit crónico de la marca, la reforma laboral que reforma pero no crea trabajo…..

Pensé entonces que el origen de la sonrisa debiera proceder de esa rama de la política denominada demoscopia. Miré, por si la primera vez no los había leído bien, los datos del gubernamental CIS-Centro de  Investigaciones Sociológicas- y encontré algunos datos sugerentes. La suma de los ciudadanos que dicen que la situación económica de España es mala o muy mala suman el 90,8%, los que creen que está igual o peor que hace un año son el 93,3%. Para el 77,4% la situación política de España es mala o muy mala, el paro atormenta al 81% de los ciudadanos. El ministro mejor valorado -Miguel Arias Cañete- tiene un suspenso bajo- 3,34%-, hay otros como el ministro de Educación y Cultura que alcanza un suspenso sonrojante, -saca de media el 1,95%- y excepto Saénz de Santamaría  -3,22%, Ana Pastor -3,19%- y García Margallo -3,25%-  el resto no llegan al 3%. Al 82,1% de los españoles el presidente Rajoy les inspira ninguna -53,7%- o poca confianza -28,4%-.

La conclusión parece obvia: la demoscopia que expresa la opinión pública española está, al menos ahora mismo, contra el Gobierno del Presidente Rajoy, ninguno de sus ministros se acerca, ni de lejos, al suspenso alto y el Presidente suspende y no inspira confianza. Luego, si las matemáticas no están para ser empleadas en el cálculo político, si la economía no sirve de punto de apoyo y los datos que proporciona la demoscopia no están a favor de la sonrisa: ¿cuál el origen de la risa presidencial?  Pensé, por momentos, que quizá el Presidente tenía datos que los ciudadanos no conocíamos.  Miré la información que procede de Bruselas, después la de Berlín y no conseguí encontrar respuestas que diera satisfacción a mi búsqueda del origen de la risa. La señora Merkel indicaba, una vez más lo de casi siempre: les espera un camino duro de austeridad, sin fisuras ni aspavientos. El comisario Olli Rehn recordaba hace tres días que los datos de la economía española para el año 2013 son peores que los citados por el presidente: se incrementa el paro, crece el déficit público, las reformas deben continuar….

Siempre me ha parecido que la psicología explica algunas cosas, pero acudir a ella para encontrar el origen de la risa del Presidente parece una empresa arriesgada. Freud es un autor complejo y la interpretación de los sueños no está al alcance  de legos. Por otra parte, el CIS ya advierte que hay poca confianza en el señor Rajoy y tampoco es cuestión de entrar a buscar en la larga senda de la inteligencia emocional los hilos del origen de la sonrisa del Presidente. El caso Bárcena no parece tampoco el camino adecuado para explicar sonrisa alguna. Todo lo contrario, la corrupción es siempre una cuestión que castiga el rostro, hiere el corazón y maltrata el alma. Tampoco el caso de la ministra de Sanidad da para aleluyas, o ¡qué decir del Duque de Palma y sus secuelas sobre la monarquía española¡……

El motivo de la sonrisa debía, entonces,  buscarse en la situación de los demás. Está, por ejemplo, en la oposición socialista que no sabe todavía cuál es su lugar ni cómo reciclarse para reconstruirse como oposición. La impresión que conceden es que siguen pagando el coste del poder reciente. Su descenso a los infiernos no ha concluido y, una vez más, no saben despegarse de la herencia adjudicada ni de los dones que dejaron tras ella. En el debate parecía que en todo lo que ha pasado en el último año, está -todavía- su mano.

La discusión parlamentaria demostró otra cosa: no se habla casi de contenidos, sino sobre formas, estilos y gestos. De hecho, los titulares de los periódicos y la información periodística lo reflejaban bien: el debate parece un tratado sobre gestos, voces, palabras y actitudes. Lo importante no es lo que se dice sino cómo se dice lo que se hace. En esto, el Presidente demostró más habilidad o, si se prefiere, más desparpajo – muy facilitado porque la mayoría absoluta en el Parlamento da mucha seguridad-. No le importó que los datos macro o micro no le favoreciesen o que las acciones de su Gobierno hayan entrampado a todo un país o que el cabreo,  la “mala leche”, la desilusión o la desesperanza se instalan en el centro de las expectativas negadas o que las oportunidades para cumpliro socilaista eneste momento-todo el parlamento le exime de tood esto dice est terminadolli Rehn recordaba edda puede echar manao las expectativas de los ciudadanos de tener un trabajo, una mejor vida para sus hijos o unos servicios públicos razonables, sean una quimera.

Pero explicar esto hay que tener datos y argumentos. Cuando no se tienen hay que acudir a supuestos que no pueden ser demostrados. A falta de convicciones o resultados, mucha creencia y más fe. Fe en que sin mí -Presidente Rajoy- esto hubiese ido peor, hay que tener fe en que todo se arreglará, fe en que los sacrificios son necesarios, fe en que todo lo que se dice en contra de las propuestas del PP son exageradas. El nuevo paradigma político dice que el presidente no necesita explicar nada, la mayoría absoluta de la que disfruta le exime de eso, basta con que los demás –la oposición socialista en este momento- no reviva y siga marcando un ritmo bajo.

El reconocimiento que la sonrisa del Presidente hace es que la política española no está para crear ni generar calidad de vida, está para neutralizar al contrario, utilizar el pasado cuando hace falta, construir el presente sin futuro y, sobre todo, negar incluso lo que se afirma. En consecuencia, el arte que desarrolla es la nueva comunicación, contar la creencia propia y mirar de reojo a los demás para que no crezcan y no molesten más de lo necesario. Los objetivos de la política institucional es la sobrevivencia del día a día y la neutralización del contrario.  No se trata de construir nada nuevo o de dar cuenta de lo realizado, ¡no, no se trata de esto¡, se trata de que el tiempo pase sin interferencias y de neutralizar lo que pueda poner en cuestión el tránsito normal del tiempo.

El Presidente deja claro que el tiempo y la neutralización de la oposición no necesitan que nadie, ajeno al grupo propio -en este caso, fuera del PP- los cuestione. En consecuencia, ¿hacia donde mira el partido del gobierno? Siempre hacia adentro, se cuenta con los propios, los que están en su espacio social. De los demás lo que preocupa es que no interfieran en esa mirada, que no tenga fuerza suficiente, capacidad de auto organización o ideas que sobresalten a esa mirada. El instrumento fundamental es comunicar bien, trasladar lo que se quiere decir a los tuyos, predispuestos y dispuestos  para creer lo que se les dice. El déficit que a Rajoy le preocupa es la falta de fe de aquellos que pueden comenzar a hacer preguntas o los que deciden pensar al margen de lo propuesto por el líder.

El resultado del debate de la nación es la intolerancia hacia adentro y la vacuidad hacia afuera. Tengo la impresión que eso es lo que hace Rajoy, por eso reía y por eso se le veía relajado, había cumplido los mandamientos de la política del presente: neutralizar al contrario, intolerancia hacia adentro, vacuidad del discurso, recurso a la fe y a la creencia en sus cualidades  como  bienes supremos, no hacer preguntas que no deban hacerse y no esperar demasiado. La conclusión es que la política no sólo recurra a la austeridad como valor económico y guía de la política económica, sino a formas y maneras de aceptar los valores más relevantes del quehacer político. La sonrisa del presidente recuerda esto: tengan fe en mí, sin mi todo es mucho peor, miren sino a aquellos que todo lo prometieron y casi acaban con todo, no pidan lo que nadie puede darles, confíen, tengan fe en el líder.

La sonrisa del  debate recuerda cómo se hace hoy la política, qué hay que hacer para triunfar y, sobre todo, que se puede esperar de la política oficial. Rajoy cumplió sus objetivos, los demás también: habían sido neutralizados. No importa que la economía desmienta el optimismo realista del Presidente, que la demoscopia traslade una imagen poco favorable de lo que los ciudadanos opinan, que la psicología colectiva hable de desazón, desasosiego o que la vida se contemple desde el escepticismo y la tristeza.

El paradigma político de las elites españolas no habla de esas cosas. La sonrisa depende de cómo se controla al otro, de cómo se vacía el discurso, de cómo hacer para no pedir lo que no te pueden dar, de cómo practicar la intolerancia, cómo disolver o generalizar las consecuencias no queridas de las acciones propias para hacerlas manejables o, en el mejor de los casos, generalizarlas y, ya se sabe, mal de todos consuelo de la mayoría. El mecanismo vivo es la fe: en el líder, en el partido, en el desprecio a la opinión de los demás, en la vacuidad de la política.

Esta es el origen de la sonrisa del debate. Paradójicamente, lo que dice es: la política es lo que la fe dice que es. Los datos objetivos, el debate sobre los problemas reales no son importantes porque se decide que éste no es el momento. La conclusión del hemiciclo es un paso más en el desquiciamiento de la política, un nuevo traspiés en lo que debía representarse y el enésimo regreso al olvido de la realidad. La sonrisa, una vez más, expresa lo que oculta y lo que no quiere que se vea. La pagana de la risa es la política democrática, el empobrecimiento de las instituciones, la negación de la participación y el rechazo de las voces sin salidas que se oyen un día sí y otro también en la calle: en una palabra, el divorcio entre lo que representa el Parlamento y lo que se vive en la calle.

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