Txema Salvans y el juego de la espera

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 Carlos Álvarez Montero

En 2012 Txema Salvans fue el ganador de Fotolibro Iberoamericano, un concurso que organiza la editorial española RM, con su proyecto The Waiting Game. Recuerdo que un día después de recibir el premio, un amigo mío me dijo: “Txema retrata a las prostitutas en las carreteras del Mediterráneo español”. Así, de primeras, sonaba a un proyecto más. ¿Qué podría tener de interesante el proyecto de Txema? Pues que es un fotógrafo que continúa la tradición de la Nueva Topografía y literalmente fotografía como un topógrafo.

Contacté con él para que me contara más sobre ese proyecto.

 Me gustaría hablar de tu serie The Waiting Game.

Txema Salvans: La primera foto debe tener cerca de ocho años y la última es de unos meses antes de publicar el libro. Básicamente es un proyecto documental en el sentido más estricto de la palabra.

Registra la realidad de la prostitución de carretera que en España se sitúa sobre todo en el Mediterráneo, desde Cataluña —frontera con Francia— hasta prácticamente Algeciras que ya es la zona de Andalucía. Y esto es porque el Mediterráneo español tiene un buen clima, lo que quiere decir que las mujeres pueden estar todo el año trabajando, ya que hay mucho tráfico y supongo que para este oficio se necesita una masa crítica de población para que haya suficientes clientes.

La primera foto surgió de un encargo editorial, me pidieron una foto de prostitución de carretera. A partir de este primer encargo me planteé la posibilidad de crear un proyecto más allá del que tenía que entregar. Hubiese sido muy sencillo coger la moto o el coche, irme, sacar la cámara por la ventana, hacer la foto y listo. Es un poco lo que veía yo en las fotos de la prensa diaria.

Yo vengo de estudiar biología, no soy un fotógrafo que venga de las bellas artes, por lo que se me ocurrió utilizar —como sucede en la naturaleza— el mimetismo. Yo tenía en ese momento un amigo también biólogo y su padre tenía una empresa de topografía, así que se me ocurrió usar un trípode de topógrafo, adaptarle una rótula de fotografía y pedir una cámara de gran formato para que no fuera identificable por alguien con poco o nulo conocimiento de fotografía. Entonces cogí la furgoneta, un chaleco reflector, un casco y salí a la carretera. Empecé a trabajar y me di cuenta de que realmente la estrategia funcionaba porque las mujeres me veían, equivocaban la razón, le daban otro sentido, creían que yo estaba ahí simplemente trabajando. En las fotos no hay display. En biología, el display es lo que hace el gorila macho cuando se golpea el pecho para mandar un mensaje. O lo que hacen los pájaros cuando hacen sus rituales de apareamiento y comienzan a moverse. Yo pude haber accionado el obturador cuando ellas se muestran al coche o al camión que pasa, tocándose los pechos, golpeándose las nalgas, saludando, ese sería el display de la prostituta. Pero qué pasa si yo hubiera hecho una edición en ese sentido porque tengo muchas fotos así, realmente lo que tú estarías viendo sería la prostituta, no a la mujer. Y es por eso que todas las fotos en realidad tienen una distancia respecto al sujeto, a la persona. En realidad se convierten en fotografías de paisaje. En ese paisaje, obviamente la presencia de esa mujer es lo que da la dimensión trágica.

En The Waiting Game busco exactamente el momento de la espera, del waiting porque en esa espera, al final, es en donde podemos verdaderamente empatizar, en esa espera estamos todos. Yo siempre le digo a mi hijo, quien como todos los niños pequeños es muy impaciente, que en esta vida hemos venido a esperar. Yo me espero a que suene el despertador, espero a que él se vista, él espera a que yo le traiga el desayuno, esperamos el tren, vamos a la escuela, él espera a la hora del patio, etcétera. Y nosotros constantemente estamos en nuestro día a día esperando hasta el punto final. Esperamos para nacer y esperamos a morir.

Lo trágico es ¿qué esperas?, ¿qué estás esperando? En el caso de estas mujeres lo que esperan es que el tipo que pare sólo quiera follar o que se la mamen.

Finalmente es un documento que curiosamente ningún periódico español ha querido publicar en sus dominicales porque una cosa es mostrar prostitutas en África y otra cosa es mostrar en profundidad una foto noticia de prostitución en un carretera española.

Para mí era importante que, independientemente del valor fotográfico, tuviese un valor documental. Si no es ahora, seguro que de aquí a un tiempo lo tendrá.

Entonces el uso del gran formato es una solución más práctica que formal.

El proyecto de la prostitución no viene de una intelectualización propia de “ahora voy a cambiar de formato y voy a hacer esto”, sino de una primera necesidad y darle una solución y después ser suficientemente hábil como para adaptarme a ese nuevo registro, a esa nueva forma de registrar e ir a buscar los componentes que van a ayudar más al documento con este tipo de cámara.

La decisión primera fue una estrategia. No podría ahora decir que fue una decisión intelectual. No. Fue una decisión de necesidad que me llevó a usar ese tipo de cámara y ese tipo de trípode.

El hecho de trabajar con una cámara de placas, cuya primera característica es su calidad, me permitía alejarme del personaje y después en la copia fotográfica del libro, todos los pequeños detalles. Lo que sería la letra pequeña de un contrato, todos esos restos en la carretera, esos pañuelos tirados en el suelo, las arrugas del vestido, todos estos detalles me sumaron otra capa de lenguaje encima de esas fotos.

Me da la impresión de que todas las fotos las hiciste más o menos a la misma hora.

Las fotos están hechas con la misma luz, como puedes ver. No te diré que a la misma hora pero digamos que cuando el sol bajaba y la luz era bonita, yo dejaba de hacer fotos porque yo lo que quería era mostrar esa dureza del paisaje. Al final si tienes un encargo de hacer foto de paisaje, la luz es fundamental. No vas a ir a las doce del día a hacer una foto de los Alpes. Te vas a esperar a la primera hora de la mañana o probablemente a última hora de la tarde, a buscar esa luz mágica. Lo que yo buscaba era hablar de la dureza del territorio y de cómo estas mujeres ocupan este territorio y del paisaje interior con las que ellas conviven y viven, buscar esa luz que lo descubre todo, que lo enseña todo. Después de un tiempo me di cuenta que las mejores épocas del año para hacer fotos era cuando no hacía tanto calor como para que las mujeres estuviesen siempre escondidas entre los árboles ni tanto frío como para que las mujeres fueran con una chamarra porque el hecho de que esté con poca ropa sentada en su silla, o esperando es lo que te acaba de dar las pistas.

Según lo que me cuentas, en esas carreteras hay mucho tráfico pero en tus imágenes veo exactamente lo opuesto. Están vacías. Para que estas mujeres estén ahí tiene que haber clientes pero no los veo. ¿Por qué?

Yo no soy un fotoperiodista. Yo no estoy haciendo esto por un encargo de un periódico en donde se me pida que se tienen que ver clientes, que se tiene que entender. Yo al final de lo que hablo es justamente de la vulnerabilidad de la mujer. Esto es un negocio entre deseo y necesidad. El deseo del cliente, un deseo muy primitivo, muy primario y la necesidad de una mujer pero yo aquí no quería victimizar ni buscar culpables. Si hubiese introducido la idea del cliente se generaría otro discurso completamente diferente. Yo creo que es obvio de la misma forma en la que ves una huella en un territorio, sabes que dependiendo de lo que es la huella puedes entender lo que ha sucedido ahí.

¿Cuál sería tu discurso a nivel político?

Mi discurso es una obviedad. Lo que estoy mostrando es un espacio público.

Los políticos son los que pueden tomar decisiones sobre estos espacios y sobre esta situación. Es obvio que si esto sucede en España en un espacio público, quien tiene que buscar la manera de corregir o de facilitar estos procesos han de ser los políticos pero para hacer esto se necesitan políticos de mucha calidad humana, muy empáticos y muy capaces.

También es cierto que es un tema complejo. Pero bueno, también era tema complejo llegar a la luna, o sea que más complejo que eso no puede ser. Para mí son temas de voluntad política y de políticas muy progresistas porque si tú decides prohibirlo, eso es lo fácil porque aquí no hay que tomar decisiones inteligentes ni resultados, no. Está prohibido, listo. El otro día leí una pintada en la calle que decía: “Pronto lo que no esté prohibido será obligatorio”. Da para pensar, ¿no? Es como que vamos a prohibir todo lo que no sea obligatorio de hacer.

El libro de muestra que me dieron en la imprenta, para ver el grosor de la encuadernación y todo eso, se quedó en casa y cuando volví por la tarde encontré a mi hija Bruna, de tres años, dibujando encima de las fotos. En el dibujo, le puso una casa a una mujer, le puso sol, le puso florecillas, etcétera. Mis hijos están muy acostumbrados a ver fotos, eso es cierto, y a entender el lenguaje fotográfico, entonces no sé hasta qué punto Bruna, vio que a esa foto le faltaba algo y le añadió lo que a los niños les gusta dibujar o vio que a esa mujer le faltaba algo y le añadió lo que esa mujer necesitaba. No lo sé. Aunque eso es básicamente lo que tendría que hacer la política, si esto va a seguir sucediendo, vamos a hacer que se pueda ejercer de una forma con mayor seguridad de todo tipo.

¿Piensas continuar con The Waiting Game?
Este trabajo está evolucionando, es curioso porque me estoy planteando hacer algo con esto de Bruna y hacer un proyecto que hable sobre la empatía. Es eso que tienen todos los niños de una forma muy natural que en los adolescentes es también muy exagerada con la amistad, los amigos, te apuntas a una oenegé, le vas a ayudar  a no sé quién y eso es muy bonito pero cómo la vida de alguna forma te obliga a cada vez tener una mirada más tele, le digo yo, y menos angular. Ir como los burros, no fijarte en lo que tienes alrededor y te centras en tu trabajo en tu familia y en el partido de fútbol de los domingos. La gran solución para la humanidad sería la empatía. Que el poderoso empatice de forma real, no de una manera ficticia, con el que nada tiene. Ostia, sería algo bonito. Sería una primera solución a los problemas.

¿En qué proyecto estás trabajando ahora?

Los proyectos siempre los voy solapando, pero ya llevo tiempo trabajando con el mismo tipo de cámara en un proyecto sobre el Mediterráneo. Al final, cuando dices Mediterráneo [eso vive] dentro del imaginario universal, es la cultura del occidente, Roma, Grecia, las playas… Yo lo que básicamente he estado haciendo es redes cubriendo el Mediterráneo real español y buscando todos estos lugares tan degradados donde la gente va a pasar el día o las vacaciones. Haciendo una vez más una parábola para hablar de cómo es posible que pasar tu tiempo libre, ese poquito tiempo libre que le ganas al día a día te parezca normal pasarlo en esas condiciones. ¿En qué mundo vivimos? ¿Cómo puede ser? Probablemente llevamos vidas tan duras que ir a una playa en donde hay una sementera a un lado ya no nos parece importante.

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Reportaje publicado en Vice.