La precariedad laboral ha venido para quedarse

e-Mail de Andalucía
Jesús Páez Narváez
Licenciado en Ciencias de la Empresa

El Metro de Madrid propone de manera formal a los trabajadores que se “comprometan a no ejercitar el derecho de huelga durante la vigencia del convenio colectivo”. El sindicato UGT escribe a la Inspección de Trabajo denunciando una oferta laboral de camarera de bar en A Coruña, en la que se precisa que la candidata ha de ser “responsable, guapa y un poco puta”. La Generalitat valenciana excluye al 82% de los candidatos de una oposición por tener más titulación de la exigida. Insta a ingenieros y licenciados en informática a cursar un grado medio de FP para ser admitidos en el concurso oposición para cubrir siete plazas de especialistas informáticos.


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En la crónica pasada daba cuenta de tres ofertas de empleo-esclavitud. Esta semana sin buscar nada me he encontrado en la prensa las perlas anteriores. Estas ofertas de empleo esclavo son de Galicia, Madrid y País Valencià. El que la tendencia a la esclavitud laboral se extienda por la geografía hispana tanto como la corrupción pepera y no pepera, no representa consuelo alguno. Desde luego para las afectadas y afectados, no. Como tampoco lo es que, por ejemplo, Ana Botín suba la media salarial anual de los trabajadores con sus 9,8 millones cobrados el año pasado. Ya casi todos sabemos que aquello de que nos toca medio pollo cuando otro se ha comido uno entero es un engañabobos.

Pero el quid de la cuestión es que la precariedad laboral ha venido para quedarse. La normativa que hoy desregula las condiciones laborales de los trabajadores no es un pasajero efecto indeseado de la crisis. Como no es la ley mordaza un efecto indeseado del índice de actos delictivos. No. Más bien se trata de lo contrario, los actos delictivos se incrementarán por causa de estas normativas. Últimos ejemplos de ellos son los sindicalistas de Airbus con sus 64 de años de cárcel que pide la fiscalía y los titiriteros Raúl y Alfonso durmiendo en la cárcel. Si se criminalizan las cuestiones más básicas: libertad de expresión, derecho de huelga, tomar una foto de una actuación incorrecta de un policía, convocar una manifestación, etc. subirán como la espuma cuatro cosas: el número de delitos, la autocensura, el miedo a expresar y reivindicar y el grado de sumisión de la población.

Y llámeme mal pensado pero mi opinión es que, las contrarreformas laborales llevadas a cabo por Psoe y PP, la recién estrenada Ley de Seguridad Ciudadana, las reformas llevadas a cabo en el Código Penal, sobre todo en la legislatura recién acabada, no están hechas pensando en el bienestar de los ciudadanos. No para las clases trabajadoras, no para el pueblo llano. No están hechas buscando el bien común; no han sido ideadas para contrarrestar la fuerte tendencia a la desigualdad existente; no persiguen resolver las causas que hacen que millones de niños españoles vivan por debajo del umbral de la pobreza; ni para evitar que millones de españoles vivan en riesgo de exclusión y más allá. No están hechas para defender a los ciudadanos que se ven lanzados por no pagar el piso que le vendieron a precio de oro y ahora se lo tasan como calderilla; no están hechas para defender los intereses de los mayores ni mejorarles su vida.

Por mucho que mienta Rajoy y sus mariachis y mienten más que hablan, ellos, el PP, han gobernado y gobiernan para bajarle los humos a los que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Que, según piensan, lo estamos haciendo desde que Arias Navarro dijo aquello de “Españoles, Franco ha muerto”. Y lo han hecho, y lo hacen, con la frialdad de un psicópata (marcado comportamiento antisocial, una empatía y remordimientos reducidos, carácter desinhibido. Y sólo sienten culpa al infringir sus propios reglamentos). En el PP la hoja de ruta la tienen clarísima. Ellos están mandatados para adocenar a las masas productivo-consumistas, para domesticar las hordas radicales ya sean culturales, sociales, sindicales o políticas. Para dejar el estado social y de derecho más descafeinado que un sobre de café 100×100 arábica. Y, como de paso, para auto-compensase el enorme sacrificio personal que les supone su dedicación al servicio público, recogiendo cuanto sobresueldo les llegue sin preguntarse ni quién ni el porqué se lo envía. Y en la medida que la sociedad traga, se desinteresa y se acobarda, más le suben sus humos a la casta y más bajan los nuestros. Y en esas estamos.

Y qué quiere que le diga. Aunque en el combate de Pedro y Susana me inclino por el más débil, mi confianza en que un gobierno del Psoe, sea solo, descafeinado C’s o cortado Podemos, es nula. Y no porque no tengan la mayoría suficiente, etc., si no porque el Psoe actual es parte sustancial del problema y del sistema –solo hay que ver y oír a esa pléyade de baronesas y barones actuales y pasados- y está incapacitado ideológica, política y organizativamente, para revertir la situación y recuperar todos los derechos perdidos o ninguneados. Situación que el Psoe ha contribuido a crear. Mi ejemplo próximo es lo que hizo el Psoe andaluz con el pacto Psoe-IU. Lo más serio que se ha hecho en pactos en esta España nuestra y que, sin tener nada de revolucionario, el nuevo Psoe fue incapaz de digerirlo.

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Manifestación en Valladolid en contra de la Ley de Seguridad Ciudadana. Foto: EFE

Si las plazas siguen vacías, si las manifestaciones son concentraciones de doscientos o trescientos, si las marchas siguen desactivadas, si miramos a los esforzados de Stop desahucios desde la esquina de enfrente, si los asuntos que más inciden en nuestras vidas los dejamos en manos de otros, si, en definitiva, sigue prevaleciendo entre el pueblo lo de: cada uno en su casa y Dios en la de todos, pues qué queremos.

Aquí, en esta Andalucía –tres presidentes en tres años- seguimos en lo nuestro. Con nuestro Eres, nuestros Comisión de investigación sobre el caso de los cursos para desempleados, con nuestro paro endémico -1.198.000 de parados en diciembre de 2015-, con la formación para el empleo estancada y con nuestra Presidenta pregonando entre cabreada y eufórica: “A mí me sobra coraje para defender a mi tierra dentro y fuera de mi partido”. Y con la Audiencia de Sevilla -como ponente la señora Alaya- condenando a 15 meses de cárcel a un hombre, con trastornos mentales, por robar unas cuantas pizzas congeladas de un convento. La Audiencia, aunque admite que el condenado “tenía hambre”, considera probado que el hombre con hambre saltó la tapia del convento con el ánimo de obtener un beneficio ilícito, cogió las pizzas y huyó. A quién se le ocurre satisfacer su hambre de este modo, pudiendo echar mano de una tarjeta black. Ya lo dijo el Sr. Carlos Lesmes, Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial. Esto le sucede por ser un robagallinas. Hay que defraudar, prevaricar, malversar, blanquear… y hacerlo al por mayor. A dónde vas con un puñado de pizzas y, además, congeladas.