La Justicia, oh, la, la…

La semana está marcada por temas judiciales: la absolución de Camps,   segundo proceso a Baltasar Garzón, la reforma de la Justicia que plantea el ministro Gallardón y las declaraciones de dos obispos en problemáticas que inciden en temas jurídicos: aborto, matrimonio, homosexualidad… De eso han conversado hoy  Montserrat Domínguez y José Martí Gómez en el programas de la SER A vivir que son dos días.

José Martí y Montse Dominguez, documentándose

28/01/2012 – 13:30
Empecemos por la sentencia absolutoria a Camps y Costa.
Los antijuradistas se van a frotar las manos y al juradista Carmona, hoy en el Consejo del Poder Judicial y uno de los mayores defensores del jurado, mucha gente no le entendería al explicar por qué un tema como este lo ha llevado un jurado y no un tribunal profesional, aunque la respuesta es simple: los temas sobre los que entiende un jurado están  clasificados por materias, no por el perfil del caso. Se puede discutir si en esa lista, bastante anárquica en opinión de Mercedes García Arán, catedrática de Derecho Penal, debe estar el cohecho impropio, que  poca gente sabe lo que es, pero una vez se le ha incluido no se le puede sacar porque se juzgue a Camps en su territorio electoral. Como me dijo en su día Miguel Carmona, “el juez ofrece mayores garantías de previsibilidad; el jurado uno no sabe nunca por dónde va a salir”. Digo yo que ahora nos ha salido por peteneras.

Segundo tema: el juicio a Garzón por la memoria histórica.
Los pliegues de la memoria y de la historia son misteriosos. El tribunal que decide si se ha de juzgar a Garzón por este caso tiene entre sus miembros a Perfecto Andrés, magistrado por el que personalmente siento gran afecto y al que valoro como jurista. Además, escribe muy bien. Tiene un libro de memorias sobre sus primeros años como juez, en Toro, en el que relata como supo de la historia de Manuel Calvo, médico culto y buena persona, al que los sublevados el 36 fusilaron junto a la tapia del cementerio de Fresno de la Ribera. Años después, en la barra del bar Alegría, el hijo del fusilado vio el reloj de su padre en la muñeca del ciudadano que condujo la furgoneta hasta el cementerio. Perfecto Andrés quizá recuerda esa anécdota personal debatiendo si procede o no sentar a Garzón en el banquillo por los crímenes del franquismo. Y habrá recordado también la hermosa cita con la que abría su libro: “No contar ya la vida en años sino en montañas, en gestos, en infinitos rostros; nunca en cifras sino en ternuras, en furores, en penas y alegrías”. El factor humano, Montserrat. Memoria u olvido.

¿Qué perfil tiene el magistrado Marchena, que pide el procesamiento de Garzón por cohecho impropio por conferencias en Nueva York?
Es un juez muy conservador que fue fiscal jefe de la secretaria técnica del muy conservador fiscal general del Estado, Jesús Cardenal. En ese cargo, Marchena informó oponiéndose al procesamiento del ministro Josep Piqué, al que la fiscalía anticorrupción consideraba implicado en la volatización de 20.000 millones de pesetas de Ercros, en tiempo de De la Rosa y Kio. Los quince fiscales de sala estaban de acuerdo con que se interrogase a Piqué. Diez fiscales del Tribunal Supremo también pensaban lo mismo, pero el tema se cerró.

Tercer tema: las reformas de la Justicia anunciadas por Gallardón.
Para Mercedes García Arán que el ministro haya hablado de condenas a perpetuidad en función de que el delito haya provocado una gran repulsa social es una tontería impropia de un ministro que es fiscal. Es además anticonstitucional, porque la condena se basa en el Código Penal, no en los programas de televisión que provocan la alarma social. ¿Cadena perpetua será para delitos muy graves? La catedrática ha echado números: en España dos asesinatos con agravantes conllevan una condena de cuarenta años de cárcel, sin revisión. ¿Qué delito y condena más grave ve el ministro? Lo de revisable creará inseguridad e indefinición y lo del nombramiento de los jueces es un problema enquistado. Para la democratización de la judicatura  no sirvió en el pasado que los jueces se repartiese los cargos ni ha servido ahora que el Parlamento tuviese su cuota de nombramientos. Judicatura y partidos han acabado valorando las fidelidades, no la valía profesional, y si el intercambio de cromos de jueces mediocres ha tenido fases de juzgado de guardia recordar que por su notable prestigio Convergencia colocó en el Consejo del Poder Judicial al delincuente Pascual Estevill todavía me pone  los pelos de punta.  Hace años un joven fiscal Mena dijo que en España el peligro para la democracia no eran los militares sino la judicatura. Sobre la reforma de la ley del aborto, dejo la palabra a las mujeres. Vi demasiados juicios sobre abortos clandestinos para no comprender lo que hay de drama en cada una de esas historias y el derecho de la mujer a que el aborto este bien legalizado. Nunca olvidaré la frase de una madre contando al tribunal las últimas palabras de su hija adolescente, antes de morir. “Mamá, no le hables mal”, le dijo refiriéndose al chico que la embarazó y luego la dejó.

Y de los obispos Blázquez y Pujol ¿qué decir sobre sus opiniones que en algunos casos inciden sobre temas jurídicos?
Que tuvieron un día tontorrón. Son de lo mejorcito del episcopado. Lo de Blázquez sobre la boda civil de Sáenz de Santamaría es un error pero también se tiene que empezar a decir que los políticos que no creen en la iglesia deben dejar de presidir fiestas religiosas a las que acuden sin otra fe que la de ganar algunos votos. En cuanto al hasta ahora discreto obispo Pujol, del sector moderado del Opus Dei cabe pensar que en él pervive el espíritu de la revista Telva y por eso habló opudeísticamente del papel de la mujer en el hogar. En  España, Iglesia y Política se suelen llevar mal.  Suárez Pertierra, ministro socialista tras llevar Asuntos Religiosos, me contó hace años como en 1982 el primado de Toledo prohibió al ministro de Justicia, Fernando Ledesma, presidir la procesión del Corpus.