La gran estafa

11581777Alex Vidal
Periodista

En 2005 fracasa el “proyecto de constitución europea” tras varios referéndum fallidos, entre ellos, los de Francia, Irlanda u Holanda. No poder consumar la nueva Carta europea provoca que los distintos gobiernos de la zona euro [socialdemócratas y conservadores]  decidan, en contra de la soberanía popular a la que se deben, firmar por su cuenta y sin refrendo popular el Tratado de Lisboa.

En virtud del mismo se establece entre otras cosas que no sea el Banco Central Europeo (BCE), sino la Banca privada, la encargada de financiar a sus países miembros. El papel del BCE se limita así a “emitir papel” según el interés privado. Ya no será posible comprar Deuda pública con la que regular al Mercado. El sueño europeo tomaba cuerpo desde una extrema ilegitimidad: la exigencia de los banqueros alemanes, sustentados por el resto de grandes banqueros privados, que a partir de ahora contemplarán todo un mercado diseñado para ellos. No se trataba de una Europa que buscase la prosperidad de sus Estados [por tanto de sus sociedades], sino la prioritaria rentabilidad de su iniciativa privada.

A partir de entonces y hasta el día de hoy, la Banca privada [no ningún Banco Público Europeo], sigue haciéndose con el dinero emitido por el BCE [convertido en lobby y disfraz de la banca alemana], a un interés entre el 0% y el 1%, para inmediatamente prestarlo a un precio cinco o seis veces superior a sus “países-socios” mediante la adquisición de deuda soberana [la denominada  compra de Deuda Pública].  Desde entonces, la denominada crisis financiera [todo el dinero desaparecido mediante la burbuja financiera global] se vuelve a nutrir en buena medida, a costa del Bienestar y el endeudamiento de los Estados escogidos para su sacrificio. El viejo truco bíblico del pago en usura, “cuanto más paga, más debe”, continúa mitigando el agujero negro de la globalización financiera.

Ya lo dejó bien claro Wolfgang Schäuble, ministro alemán de finanzas: “Será el Estado español y no la Banca, el que responda del rescate”. Es el signo de los tiempos de la nueva dictadura financiera. Sus beneficios son las pérdidas que se giran a los pueblos. La periferia europea parece haber asumido las políticas de vampirización aplicadas por el FMI en América Latina y el resto del Tercer Mundo: se suscriben nuevos préstamos para hacer frente al pago de unos intereses cuya imposible liquidación sólo puede realizarse a costa del desmantelamiento social de los países. El endeudamiento conforma la siniestra coartada de los grandes Fondos respecto al jugoso pastel del Bienestar. El pago de la bola de nieve debe realizarse sacrificando el patrimonio de cada víctima/país. La válvula del oxígeno financiero se cierra si no se hipoteca antes, todo activo, toda conquista de derechos. Es el golpe de Estado global al Bienestar.

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Alex Vidal es autor del Blog Crónicas de la Razón Práctica

2 pensaments a “La gran estafa”

  1. Gracias por el apunte Albert. Quizá la redacción no resultó lo suficientemente explicita. En efecto, no poder consumar un proyecto constitucional de corte neoliberal, provoca la “posterior argucia” del Tratado de Lisboa. El párrafo buscaba señalar una edificación política viciada en origen. Recordemos que, en ausencia de “Constitución Europea”, [sometida en teoría a refrendo popular unánime], el “Tratado de Lisboa” se consuma “desde arriba” por no precisar ya de refrendo alguno de los pueblos, sino únicamente de sus gobiernos”.

    Un saludo cordial

  2. No veo una relación directa entre el fracaso en el referendum de la constitución y los manejos del BCE. De hecho la Constitución europea lo que hacía era constitucionalizar el modelo neoliberal, del que las políticas y la estructura del BCE son parte y que ya estaban definidas en el Tratado de Maastricht. El problema no es la inexistencia de constitución sino la forma como se ha creado y estructurado la Unión Europea.

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