La fiesta valenciana

Carlos Fabra se va pero se queda

Por Ximo Puig

La noche de domingo electoral los efluvios de la alcaldesa no le lanzaron a la pista de baile con el Hakuna matata como en aquellos comicios cuando todo era azul y rosa. Ahora todo era más azul, si cabe, pero bastante menos rosa.

Aquellos tiempos de vino y rosas regados por la banda Gürtel han acabado en la penumbra de los juzgados y el festejo es grande pero no puede obviar el regusto del descrédito de aquellos que fueron los dioses del Parnaso de Mariano y hoy no son más apestados sólo por el reconocimiento debido a los servicios prestados.

El congreso de Valencia para Rajoy es ese lugar del Levante de cuyo nombre no quiero acordarme porque piensa que archivándolo en el baúl de los recuerdos desaparecerán todos los hilillos que algún día acabarán por comprometerle seriamente.

El País Valenciano aún es un territorio caudaloso en votos para el camino hacia la Moncloa pero ya no es un baluarte necesario. No lo fue para Zapatero y tampoco lo será para Mariano.

Camps le ofreció nuevas glorias pero la complicidad con Paco ahora ya sólo es rutina de mitin y todo Dios sabe la incomodidad que le produce la foto.

El PP esperaba una victoria histórica pero lo único histórico fue el batacazo de los socialistas. El paseo militar que presagiaba el druida de los conservadores, Rafael Blasco, hoy portavoz y  conseller del PP, ayer exFRAP, exsocialista, exzaplanista, ha quedado varado porque con todo el viento a favor, más de 60.000 votantes no han podido aguantar la vergüenza y ni el impulso por tirar a Zapatero les ha podido para allegarse a las urnas. Otros 100.000 ha optado por tachar papeletas o votar en blanco.

El mapa de situación para después de la victoria está jalonado de juicios pendientes, de recortes, de deudas impagables. Como regalo de bienvenida, el TSJ ha decidido asumir la causa de financiación ilegal que el PP obtuvo para las elecciones de 2007 con la inestimable cooperación de la banda de El Bigotes.

No va a tener mucho sosiego el otrora delfín destinado a más altas causas, a pesar de la tranquilidad que le pueda producir el ruido de sables de la otra acera.

Pero el parte de guerra popular tendrá que dar cuenta de los muertos que van a ir saliendo del armario. Antes de tomar posesión de su victoria aplastante en Alicante, la alcaldesa Castedo ha visto cómo su relación indecente con el empresario Ortiz es ya del dominio público con el levantamiento de parte del caso Brugal. “Sonia nos estamos jugando 20.000 millones!” exclamaba el dueño del Hércules, acusado en otro ámbito por comprar partidos. Ése es –si señor Rajoy- el exitoso modelo urbanístico valenciano que el PP puso en marcha y al que más pronto que tarde apelarán para salir de la crisis.

Luego en el frente del norte, Fabra se va pero se queda. Se queda de jefe provincial del PP, se queda en la Cámara de Comercio en la ocupación que le arregló su padre cuando dudaba – y tanto- del porvenir de aquel hijo más aficionado a las juergas que al estudio. Se queda con chófer y escolta. Se queda debiendo más de 1000 millones de las antiguas pesetas al fisco como han reiterado ante el juez de Nules estos días los peritos de Hacienda. Se queda bien alimentado desde los impuestos que pagan los demás. Sin duda, ofrece a los pequeños empresarios una buena razón para dejar de pagar la hasta ahora imposición obligatoria a las Cámaras.

El President tiene razón: aquí la fiesta no acaba nunca.