La fiesta de Fabra

Aeropuerto De Castellón
El aeropuerto de Castelló continúa cerrado

e-Mail del País Valencià
Javier Andrés Beltrán
Periodista

Alberto Fabra también quiere la suya, su fiesta, el día que llegue el primer avión a Castelló. No quiere ser menos que el ‘otro’ Fabra quien, al menos por un día, disfrutó como niño con aeropuerto nuevo. Tanto que lo enseñó orgulloso a su nieto con una frase, y una imagen, que resume el legado del fabrismo en esta provincia, aquel inolvidable “¿te gusta el aeropuerto del abuelito?” Este Fabra que manda ahora, y que aún no es abuelo, también lo quiere mostrar orgulloso… aunque no se sabe muy bien a quién.

Lo ha dejado dicho: “En el momento en el que aterrice el primer avión, hemos quedado que haremos una gran fiesta“. Si lo dijo en broma la cosa no tiene gracia: Él y su partido son los que más se han quejado de que en el resto del mundo nos tomen a guasa por el aeropuerto peatonal de Castelló. Sumarse ahora al coro de chistosos no parece propio de quien sabe de primera mano que la puesta en marcha de esa infraestructura tiene de casi todo menos de broma. No lo ha sido, al menos, para las arcas hoy vacías de la Generalitat que él preside en un años en los que se ha recortado para otros menesteres más prioritarios por haber dilapidado tanto en eventos ruinosos y en grandes proyectos.

Yo creo que Fabra hablaba muy en serio, que de verdad quiere la fiesta y cree tener derecho a ella, que se la merece. Y eso es peor, porque Fabra sabe que su comunidad no está para según qué fiestas. La realidad, siempre tozuda, le recuerda a Fabra que aquí ni siquiera nos salen las cifras del paro, esas de las que tanto presume Rajoy: En Castelló volvió a subir en el mes de febrero, hasta los 63.568 desempleados. Es lo que hay. Otra cosa distinta es lo que hay en el entorno más cercano al presidente Fabra: Con dos secretarias y dieciséis asesores en nómina, un 40 por cien más de cargos de libre designación de los que tenía Camps, ya pueden montar una buena… de fiesta me refiero. Un staff que nos cuesta a los valencianos casi 800.000 euros al año, que en eso Fabra no repara en gastos ni marca líneas rojas. Tal vez se refería a ellos cuando usó la primera persona del plural al decir que “hemos quedado que haremos una gran fiesta”: ¿Habrá quedado sólo con ellos? En eso el ‘otro’ Fabra fue muy espléndido: autobuses gratuitos y canapés para todos… como se han hecho siempre esas cosas.

Casi lo prefiero, digo que monten ellos mismos la fiesta. Lo que iba a ser imperdonable a estas alturas es que el confeti y la megafonía, cómo hacía la ministra Ana Mato en sus fiestas de cumpleaños, lo dejaran en manos de los colegas de Orange Market. No por falta de experiencia, que la tienen y mucha, ni porque en el partido no conozcan bien al Bigotes, que no es el caso tampoco. Esta semana hemos leído en la prensa que “Un 80 por ciento del dinero que pagaba el PP valenciano a empresas de la trama Gürtel por realizar actos electorales era en B, según uno de los seis últimos informes que la UDEF ha entregado al juez Pablo Ruz, que da por “demostrado” que este partido se financió en parte de manera irregular..”

Eso si que ha sido una gran bacanal… privada. Tanto que Pedro García, ex director de RTVV y hombre de confianza de Camps, tenía el 20 por cien de las acciones de Orange Market los años en que Teconsa, una empresa de la trama Gürtel, cobró 7’4 millones de euros de Canal 9 por las pantallas de televisión en la visita del Papa a Valencia. Otra ‘fiesta’ que nos salió muy cara: 14 millones de euros ‘volaron’ de RTVV cuando a otras televisiones autonómicas, TV3 y TCG, les costó 900.000 euros una cobertura similar.

Llegados a este punto tampoco pasaría nada si aterriza el primer avión y no lo celebramos mucho, mejor dejarlo para cuando baje el turista 1.200.000. Porque sólo ese día la empresa que se ha quedado el aeropuerto, y a la que hay que abonar 25 millones de euros de dinero público en los próximos 20 años, empezará a pagar por su explotación. Eso sí que será para celebrarlo. Claro que Alberto Fabra no estará ese día de anfitrión; como mucho, si se acuerdan de él, será un invitado más a la fiesta.