La época de los grandes embustes

No es que sea la primera vez que ocurre, pero desanima comprobar que, con el tiempo, en vez de ir a mejor, hacia la decencia y la verdad, se vuelve a las peores mañas de los peores tiempos. Y que eso lo hacen no sólo los herederos directos de los que gobernaron esos peores tiempos, sino que a ello se apuntan entusiásticamente quienes entonces estaban en la oposición o el exilio, pero luego tocaron poder, y mucho, y disfrutaron de sus prebendas.

El embuste de Rajoy ayer proclamando que se ha acabado la crisis, cuando la gente hoy está mucho peor que cuando él llegó al gobierno (he dicho ‘la gente’, no los suyos) ya que hay menos empleo, con peores sueldos y mucho peores condiciones, es comparable al que el ministro Solís, la sonrisa del franquismo, soltó en los sesenta en La Rotonda, cuando dijo que el Movimiento traía la revolución y que el país se arreglaría cuando ahorcaran al último capitalista con las tripas del último comunista. En aquellos tiempos hubo embustes más gordos, pero yo a éste le doy el premio al más pintoresco. Comparable al de Rajoy de ayer, quiero decir.

Pero la sarta de embustes de las chupópteros del PSOE y sus palmeros para desprestigiar a Podemos están también en esas excelsas alturas.

Volvemos a los tiempos de la vergüenza de todos por la desvergüenza de unos pocos. Pero no me hablen de ‘péndulo’. Esto es, simplemente, la ‘reacción’ pura y dura, y en plena exhibición de sus poderes.