La entrevista al Rey: otra oportunidad perdida

M. Eugenia Ibáñez
Periodista

El viernes, 4 de enero, vi entera la entrevista de Jesús Hermida al Rey.  Tenía curiosidad por saber qué nos decía el jefe del Estado en una de las escasas ocasiones, cuatro creo, en las que se ha sometido a las preguntas de un periodista y, además, en un año con muchos acontecimientos en la familia real, la mayoría desafortunados, y por si fuera poco, con el país sometido a una crisis total de la que no se sabe ni cómo ni cuándo saldremos. Con esas circunstancias a modo de aliciente informativo suponía yo que el interés del espacio respondería a la amplia promoción que TVE había realizando durante más de una semana y que entrevistado y entrevistador harían frente a la realidad del país y de la corona. Vaya por delante que no tengo ni idea cómo se gestó el contenido de la entrevista, que ignoro si la Zarzuela forzó el cuestionario, si enmendó el borrador de Hermida o si el Rey llegó a  la grabación sin saber de qué iba la cosa, aunque lo lógico es pensar que el contenido del cuestionario estaba más que pactado y las respuestas muy estudiadas. Lo que nunca supuse es que ese acuerdo, ese, supongo, ir y venir del cuestionario de un despacho a otro, tuviera como resultado la mediocridad, la falta de interés y el distanciamiento de la realidad que empañaron la hora escasa que duró la conversación entre don Juan Carlos y Hermida.


De entrada, en mi condición de periodista sentí vergüenza ajena al ver a un veterano como Jesús Hermida sometido a su entrevistado, con un servilismo impropio de un profesional curtido en el arte de preguntar, y que a pesar de ese bagaje dejó de lado su responsabilidad ante el ciudadano y se sometió a la jerarquía del personaje que tenía delante. Si un periodista jubilado no es capaz de apurar a fondo su derecho a preguntar con libertad es preferible que siga en su casa o se dedique a dar largos paseos en soleadas mañanas de invierno. Hermida abandonó por un día su condición de jubilado y volvió a la pantalla y en ese viaje olvidó las buenas artes del periodismo independiente y libre. Abusó de las inclinaciones de su cuerpo, casi genuflexiones, como compañeras de preguntas dóciles, acomodaticias, nunca comprometidas, nunca vinculadas con la realidad, nunca acordes como los momentos que vive el país y la monarquía. Olvidó las normas básicas del más elemental libro de estilo para repetir hasta la saciedad el término majestad y su majestad, abundando así en un sometimiento más allá de las exigidas normas de respeto a un jefe de Estado. Para ese ejemplo de lo que no debe ser una entrevista, el maestro Hermida podía haber seguido en el dorado olvido en el que le teníamos los espectadores.

Es posible que la Casa Real no aceptara a otro entrevistador o entrevistadora y que las preguntas que Hermida formuló fueron, ni más ni menos, las impuestas por la Zarzuela, poco proclive a celebrar el 75 aniversario de don Juan Carlos con un cuestionario más comprometido. Si esto es cierto, y es posible que así fuera, el Rey y sus asesores se equivocaron y perdieron una gran ocasión para acercarse a la realidad del país y a unos ciudadanos que se están distanciando. Los dos millones largos de espectadores que siguieron el programa hubieran agradecido un temario menos edulcorado, más sincero, más real, menos modelo ¡Hola! y más próximo a las noticias cotidianas de los medios informativos que dan una versión más cruda de la familia real. Afrontar los problemas no debe ser un problema para nadie, ni siquiera para un monarca, todo lo contrario, debe dignificar y humanizar y esta monarquía empieza a necesitar grandes dosis de ambas cualidades.

Una generación del Rey sin mujeres
Otro tema al margen de la entrevista, pero complementario con el espacio dedicado al cumpleaños del Rey. Una vez Hermida dio por acabada su edulcorada intervención, TVE dio paso a La generación del Rey, breves monólogos de una serie de personajes que opinaron sobre los 75 años vividos. Conté 27 apariciones, quizá con un mínimo error, pero lo cierto es que hablaron cinco mujeres y el resto, hombres. ¿Solo cinco mujeres de reconocida prestigio pueden opinar sobre lo ocurrido en ese tiempo? ¿En la generación del Rey solo hay cinco mujeres con méritos suficientes para aparecer en un programa especial de la televisión pública frente a 22 varones?

TVE predica igualdad y ejerce discriminación y falta de sensibilidad.

 

 

2 pensaments a “La entrevista al Rey: otra oportunidad perdida”

  1. Al igual que María Eugenia Ibáñez, yo también como periodista sentí vergüenza viendo a Jesús Hermida doblar la cerviz ante su rey. ¡Oh, qué buen vasallo si hubiese buen señor!

  2. Yo lo que no entiendo es qué se esperaba la gente que ha criticado la entrevista. La referencia son los discursos de Navidad del Rey, que todos conocemos como ejemplo de encorsetamiento (aunque se siente en el borde de la mesa) y falta de concrección (vulgo= escaqueo). Y en cuanto a Jesús Hermida, pudo ser un presentador exitosos (según los gustos) pero… ¿buen periodista? El secreto de su éxito consistió en tratar de copiar a Walter Conkrite (igual que Pepe Navarro copiaba a Letterman o Emilio Aragón a Arsenio Hall). Un bluff… así que, en mi opinión, se mantuvo en su papel servilista previsible.
    Otra cosa: no sé si alguiien se ha dado cuenta del cuadro que preside el despacho del Rey, que, sino me equivoco, representa a Felipe V (primer monarca español de la casa de Borbón). Es decir, lo más adecuado para limar asperezas con los nacionalistas catalanes, como todo el mundo puede suponer…

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