La absolución de Garzón

José María Mena
ex Fiscal Jefe de Catalunya

27-02-2012 (21:45)
Es fácil perdonar la vida a un decapitado. Si el tribunal le condenaba, sería objeto de crítica mundial. Sería el condenador condenado. Y, total, para nada, porque Garzón ya había sido expulsado de la judicatura la semana anterior.

Merece destacarse que la sentencia absolutoria dedica algunas páginas a ensalzar la Ley de Amnistía con consideraciones y valoraciones extensas, claramente extrajurídicas, y de innegable dimensión política, encomiástica, que quizás no se corresponden con su propósito de aparecer como una resolución asépticamente jurisdiccional. A partir de esta sintomática predisposición la sentencia que absuelve a Garzón por la investigación de los crímenes del franquismo tiene tres partes claramente diferentes. En la primera analiza lo que considera los errores de Garzón. En la segunda expone sus razones para absolverle. En la tercera un magistrado discrepa del voto mayoritario y expone sus razones para condenar.

En primer lugar, por lo tanto, se dedica a exponer los que, a su juicio, son los errores de Garzón. El primero sería, según el Tribunal, servirse del proceso penal para cumplir “la pretensión relativa a los denominados juicios de la verdad”, en los que “se sabe que no es posible que el proceso concluya con la declaración de culpabilidad de una persona al concurrir una causa de extinción de responsabilidad”, como es la prescripción. Este criterio no fue, sin embargo, el que mantenía el mismo Tribunal Supremo cuando puso en marcha el caso de los pagos dela Universidad de Nueva York. El magistrado instructor Marchena, sabiendo que ese era el criterio del Tribunal, siguió la instrucción hasta llegar a una resolución final en que afrentó a Garzón imputándole un supuesto cohecho impropio sin dejarle defenderse, porque, entonces, y no antes, apreciaba la prescripción. Así pues, o el Tribunal ha cambiado de criterio, o se contradice. O Marchena ha actuado, no para preparar el juicio oral, sino con el propósito explícito de afrentar a Garzón, sabiendo que el juicio oral era inviable. Y esto último sí se parece más a una prevaricación.

El siguiente error de Garzón sería que había utilizado, erróneamente, determinados argumentos y creaciones jurídicas del propio Tribunal Supremo en la sentencia condenatoria de Scilingo. De ella extrajo Garzón el concepto de “delitos de desaparición forzada de personas en el contexto de crímenes contra la humanidad”.  Ahora el Tribunal piensa que Garzón no ha “contextualizado” adecuadamente. Los crímenes contra la humanidad son creación del derecho penal internacional anglosajón, consuetudinario. Pero, según el tribunal, en España la aplicación del derecho penal internacional consuetudinario solo es posible cuando lo prevé una ley española (En cuyo caso, digo yo, ya no es consuetudinario). Y, para evitar contradicciones con su sentencia de Scilingo, dice que la “contextualización” solo vale a efectos procesales, para la persecución internacional, que fue lo que les permitió juzgarle y condenarle.

Al referirse a la irretroactividad de las leyes penales aplicadas por Garzón erróneamente, según el Tribunal, vuelve a menospreciar el derecho penal internacional afirmando que la Cláusula Martens, adicionada al Convenio de La Haya de 1899, es irrelevante por sus “términos genéricos”.

Garzón alegó que su utilización del principio de validez universal de los derechos humanos tenía soporte en el precedente de un asunto de justicia penal internacional.  Unos funcionarios rusos, en 1949, deportaron a ciudadanos de Estonia. En 1994 esos funcionarios, estalinistas, fueron juzgados y condenados en Estonia, pese a que alegaban que su conducta no estaba prevista como delito en el tiempo de su comisión.  Con base en este precedente, el Tribunal reconoce la validez universal de los derechos humanos y su aplicación incluso cuando no está prevista en el derecho interno, si su vigencia es conocida al tiempo de los hechos. Para el Tribunal el error de Garzón es confundir el supuesto de los estalinistas condenados, con los franquistas “erróneamente” investigados. Parece que quiere decir que los estalinistas sí tenían que conocer que sus deportaciones eran contrarias a los derechos humanos, pero que los asesinos franquistas no tenían que saber que sus crímenes eran también contrarios a los derechos humanos. A lo mejor el error no es de Garzón.

El Tribunal se extiende repetidamente en señalar que las posiciones de Garzón, en su discutible interpretación del Derecho Universal, aún calificándolas constantemente de erróneas, tienen una base jurídica y hay fundadas posiciones jurídicas, doctrinales, que coinciden con ellas. Por eso, para el Tribunal, los errores de Garzón son solo errores, pero no delito de prevaricación.

Y, como argumento básico, afirma que el propósito de Garzón, al empezar la investigación a raíz de las denuncias de las víctimas, era “mejorar la situación de las víctimas”, por lo que no lo considera arbitrario, y le absuelve.

Lo más relevante del texto del Tribunal es el voto discrepante del magistrado José Manuel Maza Martín, que se pronuncia por la condena de Garzón, afortunadamente en irrelevante franca minoría. Dice que la “buena intención” de Garzón “no sirve para justificar su conducta”, y recuerda que en la sentencia que condenó a Garzón por las escuchas de Gürtel se afirmó que “la justicia a cualquier precio ya no es justicia”. Reprocha a sus compañeros la absolución  mostrándose “preocupado porque los jueces – a la vista de esta sentencia- interpreten las leyes alegando la bondad de sus fines, contando con opiniones jurídicas doctrinales”. Sin comentarios.

Y digo que es lo más relevante porque, en cierto sentido, tiene razón el discrepante Maza. Los argumentos para condenar a Garzón por su interpretación de leyes en el asunto de Gürtel valdrían para condenarle en el asunto de las fosas del franquismo. En el caso de Gürtel actuó con “buena intención”, con el exclusivo fin de procurar la eficacia de la justicia, y con base en criterios jurídicos tan defendibles que la propia fiscalía estaba de acuerdo. Y, recíprocamente, con los mismos argumentos con que ha sido absuelto ahora, podría, y debería, haber sido absuelto en el primer asunto.

En todo caso, el error no es prevaricación. Lo ha dicho el Tribunal Supremo. Pero lo ha dicho cuando ya no hay remedio, y, probablemente, porque ya no hay remedio.

Un pensament a “La absolución de Garzón”

  1. Estamos de acuerdo. Se ha producido un nuevo retroceso en la aplicación del derecho penal, todo suena a tribunal de honor. Lo que realmente me ha causado estupor es leer, en la sentencia: “los dos bandos realizaron atrocidades sin sujeción a las leyes de la guerra”. Lo que no puedas decir en voz alta, no lo digas en voz baja, por tanto me callo. Saludos. Mateo.

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