La Junta de Andalucía y la forja de un líder

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Jesús Páez Narváez
Licenciado en Ciencias de la Empresa

Alegres y vigilantes. Así está la ciudadanía granadina ante las últimas noticias llegadas desde Sevilla. Alegres porque empiezan a caer piezas importantes, que tiene mucho que ver con la con-fusión sanitaria que se padece en Granada. Y vigilantes porque esta ciudadanía  que es el paciente sufridor del desaguisado sanitario granadino, no se fía.  La población granadina es el sujeto activo que ha forzado a la Junta, presidida por Susana Díaz, a tomarse en serio que Granada quiere dos hospitales completos y los quiere ¡ya!

Las  destituciones y dimisiones de  Manuel Bayona, gerente del Complejo Hospitalario de Granada al inicio de las movilizaciones, la del gerente  del Servicio Andaluz de Salud (SAS), José Manuel Aranda, y la del propio vice consejero de Sanidad, Martín Blanco y, dos días después, la dimisión de la nueva gerente del complejo hospitalario de Granada que accedió al cargo el 4 de noviembre pasado, son un fuertísimo cataclismo en la sanidad andaluza.  Terremoto con epicentro en Granada cuya onda expansiva llega como revulsivo a los movimientos de otras provincias pero que, sobre todo,  zarandea directamente a la Junta y a la Presidenta, Sra. Susana Díaz. Que, por cierto, tanto como le gusta escuchar a la gente, no viene por Granada desde que empezaron las movilizaciones.

No cabe duda que esta cascada de destituciones y dimisiones  junto al compromiso del Consejero de iniciar los trámites para derogar la orden que ponía en marcha las fusiones hospitalarias de Granada y Huelva,  son fruto de las movilizaciones multitudinarias realizadas en Granada. Y, habría que decir, de la prepotencia política de la Junta y, muy destacadamente, de la Sra. Susana Díaz. A la que se podría recordar el refrán de: dime de qué presumes y te diré de qué careces.

Resultan patéticas las explicaciones del portavoz del Gobierno andaluz, Miguel Ángel Vázquez: “Si las fusiones habían generado cierta inquietud o no habían sido entendidas por parte de la ciudadanía, el Ejecutivo que preside Susana Díaz demuestra la humildad de saber rectificar. La finalidad de las fusiones era mejorar la eficiencia y la calidad de la prestación sanitaria en estas provincias… Al no haberse conseguido, como la Junta escucha a los ciudadanos y comparte con la inmensa mayoría de ellos la defensa de una sanidad pública y de calidad, pues hace los cambios que tenga que hacer.” De vergüenza ajena.

Los tejemanejes de la Junta en esta cuestión nada tienen que ver con lo que dice el portavoz del Gobierno. Ni con lo que la Sra. Presidenta repite una y otra vez cuando tiene un micrófono delante. Ni hay escucha, ni hay humildad, ni hay respeto.  Y de rectificación, ver para creer. La  estrategia del “Ejecutivo que preside Susana Díaz”, Sr. Portavoz, ha consistido –y cuándo no es pascua- en echar balones fuera, en disparar contra la oposición, tratar de borregos a los manifestantes,  enarbolar la blanquiverde,  anunciar medidas con la sola intención de desmovilizar a la ciudadanía. En definitiva marear la perdiz.

Jesús Candel, Spiriman, durante una manifestación del pasado mes de octubre en Granada. Foto: El Confidencial

Mucho me equivoco o el “Ejecutivo que preside Susana Díaz”, además de sumar a las dimisiones al Sr. Aquilino, Consejero de Sanidad, que, como se dice por Granada, tiene la picha hecha un lío, va a tener que hacer algo más y pronto. Lo que viene ocurriendo en Granada  desde octubre no tiene parangón. Y mucho está tardando la Sra. Presidenta en aceptarlo y obrar en consecuencia. Ni partido político ni sindicato alguno ha conseguido sacar a la calle en esta ciudad tal número de personas, tantas veces en sólo tres meses. El artífice ha sido Jesús Candel, Spiriman. Un líder atípico, insólito, de la calle, que ha conectado con sus conciudadanos y ha sacado a toda una ciudad de la resignación, de la pasividad. Personas que hoy opinan que si  “las cosas son así”  pues que se cambien.

Cuando empezó con sus videos era un chalao. Después de la impresionante manifestación del 16 de octubre, el iluminao iba a ser flor de un día. Con la jugada de sentar a los cuatro sindicatos a negociar a espaldas de la ciudadanía, se había neutralizao al Spiriman ese.  Ahora, Spiriman, Jesús Candel, es el mayor dolor de cabeza que le ha salido a la Junta, al Ejecutivo y a su Presidenta durante los 38 años que lleva el PSOE gobernando en Andalucía.  Y, Sr. Portavoz Miguel Ángel Vázquez, esto no ha terminado. En Granada la gente le ha tomado gustito a la adrenalina de las marchas y cariño a su líder y no va a volver a su casa sin “dos hospitales completos”.

Lo cierto es, que estas marchas populares en defensa de la sanidad pública, están afectando seriamente a “los tiempos” y planes promocionales de la Sra. Presidenta. No es nada seguro que las llamas  no salten el cortafuego levantado esta pasada semana de  dimisiones y  promesas de parar las fusiones. De modo que más vale que se tome en serio a la ciudadanía. Tal como está el ánimo y la determinación de las huestes granadinas, la con-fusión hospitalaria de Granada tiene visos de convertirse  en el Waterloo de Doña Susana. Antes incluso de anunciar su deseada conquista de Madrid.

El viernes el Consejero de Salud dio un paso más en esa carrera a trompicones por aminorar los efectos de la sublevación ciudadana  frente a las políticas y decisiones de la Junta  en el ámbito de la sanidad andaluza. Apurando medidas para  que el tsunami no se lleve por delante al Consejero y a quien lo nombró, han caído en la cuenta de que la ciudadanía, los paganinis, es decir, los usuarios de la sanidad pública, tienen algo que decir al respecto. Algo que opinar sobre su funcionamiento, organización, calidad, etc. El Sr. Consejero Aquilino Alonso dijo este viernes que su intención es que que las plataformas se sumen a la negociación.
Pero según los entrecomillados de sus frases cabría el  que se siente  con los que se venía sentando y que con las plataformas hable pero de pie. La frase dice así: “No existe ninguna razón para no sentarse con todas las fuerzas, sindicatos y profesionales y hablar con las plataformas”.  De todos modos, parece que la manera de expresarse, de comunicar, no es el fuerte de este señor. En eso se parece a su paisano y amigo Presidente de Asturias y capataz de la  Gestora del Psoe.

Posdata

Es un hecho que el pueblo granadino ha comprobado que movilizarse puede ser eficaz. Y que, mani más mani menos, Granada va a disponer de dos hospitales completos. Sería muy positivo que, una vez conseguido este objetivo, en vez de volver a la aburrida rutina se elaborase una lista con otras situaciones escandalosas que Granada padece desde (casi) siempre y que sus representantes políticos son incapaces de resolver.

Esta Granada, hasta ahora  escéptica, resignada y quejosa de unos políticos mediocres y, sobre todo, subalternos en sus respectivos partidos, podría proponerse algo así como “doce meses, doce causas”. Por ejemplo:  Causa una: exigimos que el tren llegue a GranAda ¡ya! y soterrado. Causa dos:  queremos que del aeropuerto salgan y entren aviones. Causa tres: requerimos que el pantano de Rules, terminado en 2003, sirva para algo más que para hacer windsurf. Causa cuatro: demandamos que el Albaicín sea cuidado como si fuese Patrimonio de la Humanidad. Causa cinco: exigimos que llegue la electricidad a la Zona Norte, a Iznalloz, haya marihuana o no haya. Causa seis: solicitamos que se reabra ¡ya! el Museo Arqueológico, cerrado desde 2010. Causa siete: exigimos que el Sacromonte sea tratado como el Bien de Interés Cutural (BIC) que dicen que  es. Causa ocho: ¿para cuándo el tan prometido espacio escénico?- Causa nueve: ¡salvar lo que queda de vega! Etc. etc.

Ya que por la malafollá granadina o por alguna otra extraña razón,  los políticos granadinos, con independencia de su mayor o menor mediocridad, se comportan como subalternos de tercer nivel de sus respectivos partidos, habrán de ser los ciudadanos los que les pongan en el dilema de seguir sometidos  a sus partidos o trabajar de verdad y todos los días por los intereses de Granada  y, sobre todo, por los  granadinos y granadinas. Ya que se ha aprendido cómo hacerlo, pongámonos mano a la obra.

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