Juan Goytisolo, el vértigo del vacío

Solía leer algún texto de los escritores que en su día admiré y cuya muerte se me anunciaba como una señal de humo desde un pasado de ficciones de papel. Con ocasión de la muerte de Juan Goytisolo he recuperado este ritual, ya casi olvidado más por pereza que por requerimiento de la nostalgia. A modo de adiós he releído su breve Telón de boca (Galaxia Gutenberg 2015)

Se trata de un hermoso texto suyo que hurga sin piedad en las aguas de la nostalgia, con la lucidez afilada de quien se asoma al balcón, escruta los ecos de “su plaza” (magnífica la ilustración de la aportada) acechando el brillo de su tiempo, listo ya para el último viaje. Hace inventario de la miseria del mundo pero también se entrega, sobrecogido, a la seducción infinita de su belleza.

Impresiona en especial el penúltimo capitulillo, un insólito diálogo con un Dios inventado, sombrío, desabrido, cínico y altivo.
Terriblemente adivinatoria es la primera amonestación divina al pobre humano que ya entregado a las sombras: “habéis nacido para perpetuar el olvido”, le espeta ese dios malnacido. Pero la memoria de la belleza es la más valerosa resistencia del humano ante tal amenaza, su mejor defensa. Este será el afán postrero de ese hombre derrotado que, sin dios, patria, ni tierra, sabe que va a partir. El esplendor y la ebriedad de la belleza. El único y leve equipaje de quien anda, desorientado y débil, camino de la sórdida y solitaria estación final. Como su invocado Tolstói, Goytisolo se muestra al lector, consciente de su propio umbral, deslumbrado por el recuerdo de una flor de cardo en un desierto mineral… antes de que le mordedura del olvido que sin tristeza ya presiente. No dejen de leerlo.

Un pensament a “Juan Goytisolo, el vértigo del vacío”

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