Josep Lluís Núñez ya duerme en la cárcel

Ficha penitenciaria de Josep Lluís Núñez. / QUATRE CAMINS
Ficha penitenciaria de Josep Lluís Núñez. / QUATRE CAMINS. Foto de portada: Josep Lluis Núñez i Clemente y su hijo, Josep Lluis Núñez i Navarro

M. Eugenia Ibáñez
Periodista

Al final, gané la apuesta. Es cierto que lo he conseguido mucho después de  porfiar sobre la posibilidad de que el constructor acabará en la cárcel, y también con grandes dosis de suspense por si obtenía el indulto solicitado al Gobierno, pero lo cierto es que Josep Lluís Núñez ya ha pasado dos noches en prisión, más concretamente en la de Quatre Camins, en el municipio de La Roca, Barcelona, donde permanecerá durante mucho menos de los 26 meses a los que fue sentenciado por el Tribunal Supremo. Porque cabe suponer que su edad, 83 años, y otras consideraciones reducirán a unas cuantas semanas  su hospedaje en el centro penitenciario.

 

Núñez llegó al penal bien acompañado por su hijo, Josep Lluis Núñez Navarro, sentenciado a la misma pena por el mismo delito, y Cristobal Martell, abogado especializado en la defensa de ilustres personajes acusados de trapicheos y corruptelas varias, como la familia Pujol, Leo Messi o el exalcalde socialista de Sabadell Manuel Bustos.

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El exjefe de la Inspección de Hacienda en Barcelona, Josep Maria Huguet

El señor de las esquinas, llamado así por su afición a construir en esos puntos del Eixample barcelonés, pone fin en una cárcel barcelonesa al acto delictivo iniciado hace unos 20 años, cuando recurrió una vez más al peligroso juego de bordear la ley, de utilizar todos los mecanismos posibles para mantener su situación de privilegio frente a las normas establecidas. Lo había hecho con los planes urbanísticos de Barcelona y lo quiso repetir cuando se trató de rendir cuentas ante Hacienda. En el tema concreto que le ha llevado a Quatre Camins, sobornó a funcionarios con los que pactó reducciones fiscales. El llamado caso Hacienda fue una trama delictiva con participación de diversos empresarios convencidos de que la impunidad formaba parte de las normas laborales al uso. En trece millones de euros cifró la sentencia de la Audiencia el fraude cometido por unos y otros, que en marzo pasado llevó a prisión a un exjefe de la inspección de Hacienda en Barcelona, Josep Maria Huguet, mientras otros empresarios y funcionarios esperan turno y probablemente seguirán a los Núñez en su camino hacia la cárcel de turno.

El caso tuvo otras repercusiones. Cercenó la carrera política de Josep Borrell, vencedor en las primarias de marzo de 1998 en las que se enfrentó a Joaquín Almunia por la candidatura el PSOE a la presidencia de Gobierno. En mayo del mismo año presentó la renuncia al asumir su cuota de responsabilidad, su falta de rigor y control, en el nombramiento de Huguet y Ernesto de Aguiar –otro imputado–, a los que había nombrado, años antes, desde su cargo como secretario de Estado de Hacienda. Las consecuencias de las tropelías de Núñez y sus compañeros han ido más allá del fraude fiscal que ahora purgan, porque han influido en la trayectoria política y social de este país. Nunca sabremos si Borrell hubiera sido mejor candidato a la presidencia de Gobierno que Almunia, perdedor en las elecciones generales del 2000 que llevaron a José María Aznar al palacio de la Moncloa para ocho años. Pero ese daño colateral no lo juzgan los tribunales.

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