Invisibles

Conchi Cejudo
Periodista

Limpian, cocinan, cuidan a niños, mayores, dependientes… y todo, de forma prácticamente invisible. Son trabajadoras domésticas o lo que es lo mismo, miles de mujeres que, en España y en el resto del mundo, conviven con la falta de regulación, el abuso, el clasismo y, muchas veces, la clandestinidad. Ponemos nombre y rostro a algunas de ellas.

Margarita Martínez es ecuatoriana, llegó a España hace 16 años y de ellos, durante 15, cuidó a una persona mayor. Por supuesto sin contrato, sin cotizar a la Seguridad Social y temiendo que cada día la policía le pudiera pedir los papeles en cualquier esquina. Con la fuerza de quien conoce la precariedad y lo que significa ser migrante, afirma con rotundidad: “Creyeron que venían robots pero éramos, somos, personas”. Se refiere a las miles de mujeres que emigraron a España y han entrado en nuestra vidas, en nuestras casas, compartiendo su cultura y su cariño con las personas mayores y los niños que suelen cuidar. Margarita forma parte de la Asociación “Territorio Doméstico”, un espacio en el que las mujeres que lo integran, aprenden a pronunciar frases como esta: “Tengo obligaciones pero también tengo derechos”.

Con un objetivo parecido se creó la Asociación “Las Kelly”, las que limpian casas, las que limpian hoteles… Mujeres migrantes y mujeres españolas, como Laly Corralero que, con solo 14 años, dejó la escuela para empezar a “servir” en la casa de su maestra. Trabajó así durante años, sumándose al empleo sumergido de una España en la que todavía, en muchos domicilios, existía una pequeña habitación para la empledada del hogar. “Te decían que eras como de la familia pero tú comías en la cocina, tenías hasta tres tipos de ropa para servir y te llamaban con una campanilla”.

El relato de Margarita y Laly podrían repetirlo miles de mujeres en un país en el que, por ahora, cuantificar su trabajo y dotarlo de dignidad, sigue siendo un reto. Yayo Herrero, Directora de la Fundación FUHEM y activista y Liz Quintana, abogada que lleva más de dos décadas defendiendo los derechos de estas mujeres, nos recuerdan que, el cambio legal de 2012, ha supuesto para muchas mujeres, más allá de cotizar a la Seguridad Social, despidos, menos horas de contratación  y tener que descontar de sus sueldos la cuota que ingresan las arcas del Estado.

Laly, Liz, Yayo y Margarita coinciden en que, en España, el trabajo doméstico, sigue siendo invisible.