Iñaki Williams

Iñaki WilliamsAnder Gurrutxaga
Sociólogo

Iñaki Williams es un joven jugador de fútbol -apenas veinte años-, de origen africano: sus padres (liberiana ella, ghanés él) se –según cuentan– en un campo de refugiados, huidos de la guerra civil en Liberia. Después emigran y llegan a Euskadi. Iñaki ingresa con diez años en las categorías inferiores del Athletic. Parece –eso dice la leyenda– que ya poseía –o eso creían los expertos– algunos de los secretos que permiten dar patadas con sentido detrás de un balón. De ahí, siguiendo la ruta establecida: cadetes, juveniles, segundo equipo, hasta el primer equipo. En poco más de seis partidos en la división de honor parece que quiere asentarse entre los grandes jugadores de Bilbao. 

La salida del campo en el partido contra el Real Madrid fue héroe popular. Supongo que no se le olvidará en mucho tiempo. La afición decía: Iñaki ya es de los “nuestros”, pertenece a la comunidad de San Mamés, esa que protege como nadie la identidad del Athletic : la que dicta y dice quién sí y quién no, quién se merece estar y quién puede irse, a quién se premia y por qué se castiga. La grada bilbaína sabe que para ser no necesitan campañas de publicidad, representantes con prestigio internacional, empresas que maquillen poses, palabras y gestos, saber inglés o estar apadrinado por comentaristas de la Villa y Corte. Basta llamarse Iñaki, hablar cuando debe, respetarse a sí mismo, hacer caso a sus mayores, derrochar ilusión, fuerza y fortaleza y jugar al fútbol. Lo demás, accesorio o absurdo.

Esta afición es tradicional, pero le gustan las innovaciones y las novedades, ver futbolistas distintos –educados en su cantera– e identificados con las formas y maneras de ser y hacer que protege la comunidad bilbaína. Ésta es fiel a sí misma, en ocasiones desesperante, injusta en algunas decisiones, pero clara, obvia, incluso rotunda. Iñaki Williams entiende los misterios del fútbol –correr, pasar, combinar, desmarcarse, defender, atacar, meter goles…– y las reglas, los valores no escritos que emite la comunidad que aplaude o silba, llena o vacía el campo, sentencia o premia. Sabe que la identidad procede del esfuerzo, el trabajo honesto, el reconocimiento de donde estás, quién eres y la integridad de los valores que conforman la identidad bilbaína.

Iñaki Williams triunfa en el Athletic, lo hace por sus valores como futbolista, pero, sobre todo, porque la comunidad de San Mamés le bautizó, acogió y le dijo: eres de los nuestros. Lo había hecho antes: lo hizo con Iribar, con Piru Gainza, con Rojo, Argote, Joseba Etxeberría, Guerrero, Aduritz…… Otros, actores de esta comedia, le dieron la espalda, ya se sabe: el mercado, el éxito internacional, el dinero, la inconsistencia, la fama, la insidia, la…

Williams aparece como el símbolo de una filosofía, una manera de entender que es esto del fútbol, cómo manejar la identidad de ser y estar en este equipo tradicional e innovador, identitario, pero que entiende que el tiempo social es post identitario. Demuestra que el éxito no se representa sólo en títulos, sino en ser fiel a lo que dices que eres, aunque eso ocasione vivas en el tobogán: subes, bajas, celebras algo un año, al siguiente a esperar –el ay, ay, ay, de los pericos del admirado Martí Gómez– y más allá nunca sabes como quedará tu equipo. No importa, ¡hombre! un poco sí, pero siempre hay consuelos: el otro -el admirado vecino– esté peor que tú, las peregrinaciones marianas también cuentan, comerse un buen bocadillo en la grada, ver a los amigos del fútbol, conspirar contra los grandes …. Quítese de la cabeza, o si no hágase del Real Madrid o del Barcelona, que no vas al futbol sólo a ver ganar siempre o casi siempre-para ser justos-, sino a divertirte, encontrarte con los demás, disfrutar con lo que eres, lo que tienes y representas.

Iñaki William descubre en nosotros estos placeres, pronto quizá habrá títulos y ¿si no llegan…..? A seguir disfrutando y a esperar otra figura en construcción, eso también anima mucho…..