Impuestos, democracia y justicia

Ana Etchenique Calvo
Vicepresidenta de CECU, miembro de la Plataforma por la Justicia Fiscal

La fiscalidad de un país (el sistema y tipo de impuestos) es el principal indicador de su desarrollo democrático y social. Recordemos a los países del norte de Europa como paraísos de libertad, apertura, respeto ante la diversidad, democracia, ¡acogida a refugiados! … y ahora entendemos que la base de todo, su viabilidad, es posible por su sistema fiscal.

Un sistema fiscal unido a un concepto de democracia que obliga a velar por las ciudadanas y ciudadanos y no permitir que nadie “se caiga” del sistema. Los mimbres necesarios para ese reparto solo pueden armarse con la voluntad política y la responsabilidad de los gobernantes a la hora de rendir cuentas. También es imprescindible la transparencia y una legislación que aporten ambas justicia a toda la trama.

La Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU) como organización de consumidores pertenece desde los años noventa a varias redes. Esto nos ha permitido constatar que la visión parcial de problemas imposibilitaba su solución. El caso, por ejemplo, de los residuos es muy gráfico; toda la actividad humana produce desechos que son una creciente y gravísima amenaza para las generaciones futuras (y presentes, según donde se viva). Hemos aprendido que la visibilidad y los efectos inmediatos dan prioridad a decisiones políticas electoralistas, ¿cómo mostramos los peligros “invisibles” a largo plazo? Un enfoque global, sistémico y autocrítico hubiera sido un freno al desamparo en que se encuentra una parte tan grande de nuestra sociedad. Gravar fiscalmente los residuos hubiera sido la mejor prevención.

Como lega absoluta, me puedo permitir el lujo de fantasear con que la justicia fiscal puede, debe y va a ser una herramienta necesaria para revertir la situación crítica de tanta gente.

Hemos tardado mucho en montar nuestra Plataforma por la Justicia Fiscal; también es verdad que hemos tenido una durísima travesía por el bipartidismo en la que los árboles de los problemas que surgían (recortes en lo económico, social, jurídico y ambiental) no nos dejaban ver el bosque de una realidad que nos dejaba perplejos mientras observábamos asombrados la pérdida de derechos y de calidad de vida de nuestra sociedad.

Como consumidores, nos cuesta mucho explicar que el precio no puede ser el valor único al decidir la compra de un producto. “Solo el necio confunde valor y precio” escribió Antonio Machado). Hay que ser conscientes de todo el proceso hasta que llega a nuestras manos y después, como desecho. Tiene que ser un camino de derechos: Derechos Ambientales, Derechos Humanos, Derechos Laborales, Derechos de la Infancia… No podemos seguir abusando del planeta, de las personas y del futuro. Esto lo puede equilibrar una justa recaudación de impuestos.

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Cristóbal Montoro, actual ministro de Hacienda y Función Pública

Las privilegiadas grandes fortunas y grandes corporaciones pagan una miseria en impuestos mientras a las pymes y a los ciudadanos se nos controla implacablemente. Como ejemplo el vergonzoso recorrido histórico de las amnistías fiscales: 1977 junto a la amnistía política; 1984, Boyer; 1991, Solchaga; 2012, Montoro. ¿Y Zapatero en 2010 tras el caso Falciani?  Botín y 659 evasores se fueron de rositas a cambio de una multa ridícula.

La fiscalidad puede y debe corregir todo esto. Vamos a premiar fiscalmente las actividades empresariales respetuosas con el medio ambiente, que frenen el cambio climático, que cumplan los derechos de los lugares y personas implicadas en los procesos de producción y desecho. Vamos a valorar en las licitaciones públicas a las empresas que cumplen sus obligaciones de forma transparente y que no tengan participación en sociedades offshore.

Como consumidores, si tuviéramos la información fiscal de las empresas, podríamos incidir en la demanda y apostar por un consumo fiscalmente responsable.

Para todo esto hay que hacer mucha pedagogía para que desde la escuela se entienda que pagar impuestos es bueno, si se hace bien, si son progresivos, si se entiende el equilibrio entre lo que se aporta y sus ventajas (no es transacción doy-recibo) es dar prioridad al bien común, es aportar para construir una nueva sociedad en la que la justicia, igual que el aire, el agua y los alimentos deben ser de calidad y para todos. Queremos un país en que el aprendizaje y la salud y la cultura sean derechos inapelables.

Para todo esto hace falta  voluntad política y una clara firmeza ciudadana.

2 pensaments a “Impuestos, democracia y justicia”

  1. “La fiscalidad de un país (el sistema y tipo de impuestos) es el principal indicador de su desarrollo democrático y social”. Totalment d’acord. I a continuació, com exemple, cita els cas dels països nòrdics. És a dir, el sistema fiscal és un reflex de la qualitat democràtica i social d’un país. No es pot pretendre reclamar un sistema fiscal que no deixi “caure a ningú” en un país on l’Estat tolera, propicia i pràctica tota mena de pràctiques corruptes i els ciutadans ho avalen amb els seus vots. Com assenyala la dita “hay cosas que además de imposibles no pueden ser”.
    Espanya o l’Estat espanyol, com prefereixi, no ha tallat amb el seu passat. Un nus molt gros i espès la manté lligada. No ha fet com Alemanya i el Japó , després de la II Guerra Mundial que van reescriure tota la seva història. És clar, que hi ha una raó de pes: Franco va guanyar la guerra i els altres la van perdre. Com diu Francesc Serés a l’article “La vida al front mort” sobre l’obra de Ramon J. Sender, George Orwell i Joan Sales, ubicades al front d’Aragó en la passada guerra “els efectes de la Guerra Civil espanyola es van amplificar durant gairebé quaranta anys de dictadura. Una dictadura que va ordenar la transició democràtica i que és la base de quaranta anys de democràcia.”
    Així són les coses!

  2. Estimada Ana, estoy muy de acuerdo con la mayoría de las reflexiones que aquí expones. Dicho esto, sugiero que sustituyas a Machado por Quevedo.
    A pesar de ser uno de los más ilustres abanderados del anti-catalanismo hispánico, creo que Quevedo escribió mucho antes que Machado lo de “Solo el necio confunde el valor con el precio”. A mi también me gusta divulgar esta reflexión. A cada cual su mérito.
    Cordialmente,
    Pep.

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