Hoteles

Por M. Eugenia Ibáñez

Mantengo la esperanza de que las calles del centro de Barcelona tengan rostros reconocibles de una semana a otra, que los pequeños y medianos locales comerciales puedan repetir clientes, que las casas mantengan los buzones de sus vecinos, que las ventanas de los edificios no estén permanentemente cerradas y que, quizá, algunos balcones luzcan macetas con plantas que alguien riegue. No sé si lo anterior es realidad o  ensoñación pero si hay esperanza para que esas calles y algunos barrios no se conviertan en coto privado del turismo no nos queda otro remedio que confiar en el plan que el gobierno municipal acaba de aprobar para limitar el número de hoteles.

Callejear por la ciudad en los últimos años ha permitido ver como progresivamente, con prisa y sin pausa, edificios completos iban perdiendo su identidad, cerraban sus tiendas en la plata baja, desaparecían señales de vida en sus pisos superiores hasta que, finalmente, llegaban los andamios y empezaban las obras que concluían con la colocación del letrero de un hotel de cuatro o cinco estrellas. Trueque de vecinos por turistas, el concepto de barrio sustituido por el del parque temático.

Barcelona necesita del turismo, pero no concentrado en una zona, no supeditado a las exigencias del sector hotelero, no convirtiendo un edificio de vecinos en un hostal cualquiera en el que prima la juerga de una semana de vacaciones. Barcelona no perderá visitantes por el hecho de que los turistas deban coger el metro para llegar a la Rambla.

De los privilegios del sector hotelero y de sus prebendas sabemos mucho en esta ciudad,  y no está de más recordar aquel ya lejano plan de hoteles que en vísperas de los Juegos Olímpicos de 1992 equiparó el concepto de equipamiento al de hotel de lujo de cinco estrellas. Suenan pues a déjá vue  los apocalípticos lamentos del sector cuando predicen que el plan municipal les hundirá el negocio. De aquellos polvos vienen estos lodos.

Foto de portada: El Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos (Peuat) plantea dividir la ciudad en una zona de decrecimiento, en la que no se podrán abrir nuevos alojamientos aunque cierren otros -la zona 1, en Ciutat Vella, parte del Eixample, Poblenou, Vila Olímpica, Poble Sec, Hostafrancs y Sant Antoni-, una zona 2 de congelación -sólo podrán abrir nuevos si cierran actuales-, y las zonas 3 y 4, de crecimiento limitado.

3 pensaments a “Hoteles”

  1. Solamente un gobierno municipal regido por personas sin intereses bastardos es capaz de diseñar un plan de hoteles como el que impulsa el Ayuntamiento presidido por Ada Colau.

  2. De niño oía a un hombre de campo decir con cierta frecuencia: eso es lo que tiene la resignación, que nada resuelve.

  3. No tiene solución, ha sucedido ya antes en otras capitales turísticas. ¿Cuanta gente vive en la City de Londres? Es lo que tiene morir de éxito por el turismo y el precio a pagar por ello.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *