Homs, justamente condenado

Carlos Jimenez Villarejo
Federalistes  d’Esquerres

La sentencia del Tribunal Supremo (TS ) condenando a Francesc Homs por un delito de desobediencia grave al Tribunal Constitucional (TC) es muy similar a la dictada por el Tribunal Superior de Catalunya (TSJC) condenando a Mas y sus dos cooperadoras por igual delito. Es inevitable dado que la base fáctica del delito es la misma e igual  ocurre con la fundamentación jurídica. Pero, en esta última hay matices de singular relevancia.

Francesc Homs y Artur Mas, ante las puertas del Tribunal Supremo, el pasado 19 de septiembre. Foto: El Periódico

Del ya condenado Homs, como Consejero de Presidencia, se afirma que “tuvo un papel decisivo en la aportación de los medios materiales y de la infraestructura indispensable para hacer realidad lo que había sido objeto de suspensión expresa por el TC”. Lo que incluía “la adopción de decisiones dirigidas a enmascarar la realidad del proceso”. Su “contumaz rechazo” a la decisión del TC, determinó que “impulsara todo aquello que resultaba necesario para su ejecución (la consulta del 9/N ) y, paralelamente, omitió las actuaciones que le eran exigibles…” para impedir dicha consulta.

El TS reitera lo que ya expresó el TSJC; que, en definitiva, expresa el trato benevolente con que han sido tratados los dirigentes encausados en estos procesos. “La Sala limita su ámbito de conocimiento a los delitos por los que se ha formulado acusación. No se cuestiona si la aplicación económica de fondos públicos promovida por el acusado en abierta y franca contradicción con el mandato del TC, tiene o no relevancia penal”. Lo que no impide que, en este caso, se cifren dos facturas, con cargo al erario público, por un importe de un millón y medio de euros. Una de ellas, librada por el Departamento del acusado Homs.

El TS concreta aún más el verdadero alcance de la desobediencia cometida, es la que constituye una “negativa franca, clara, patente, indudable, indisimulada, evidente o inequívoca” a cumplir, como en este caso, el mandato del TC. Así de contundente se expresa ante la “voluntad rebelde” del acusado. Por otra parte, Homs conocía perfectamente, por su responsabilidad institucional y formación jurídica, el alcance suspensivo de la Providencia del TC de 4 de Noviembre de 2014.“Y ese conocimiento le obligaba a adoptar aquellas decisiones que condujeran a la paralización de las actividades administrativas impulsadas por la Generalitat, buena parte de las cuales formaban parte del exclusivo y excluyente ámbito competencial del acusado”.

Así quedó patente, cuando el Consejero Homs  denunció  públicamente que las emisoras de radio, Onda Cero, Cadena Ser y Cope, se habían negado a insertar la propaganda institucional del 9N y cuando reaccionó ,de forma amenazante, ante las dudas que expresó la empresa T-SYSTEMS  sobre la “legalidad del proceso”.

La contumacia delictiva del condenado Homs quedó aún mas de manifiesto cuando, al igual que los anteriormente condenados, menospreciaron el dictamen de sus propios asesores, presididos por el Sr. Viver i  Pi-Sunyer. En un Informe previo a la Providencia del TC ya citada ,se expresaban así. Según el TS, el Consell Assesor per a la Transició Nacional “consideró como primer presupuesto para la comisión de un posible delito de desobediencia el dictado de “…una medida cautelar adoptada en un proceso contencioso administrativo o, incluso, en un proceso constitucional que instara a no celebrar una consulta cuya convocatoria hubiera sido impugnada” (pag. 622, pieza documental II).”

Y ante la enfatización por el condenado Homs del, a su juicio, papel relevante y casi decisivo de los llamados voluntarios en la jornada de la consulta, el TS, admitiendo su participación, puntualiza el alcance de su intervención. Y razona así: “Cuestión distinta es que  la presencia de ese voluntariado pueda ser invocada como argumento exoneratorio para convertir lo que fue un proceso tutelado y dirigido desde el Gobierno de la Generalitat en un espontáneo  movimiento ciudadano ajeno a toda vinculación pública o institucional. La adquisición de 7.000 ordenadores, la contratación de una publicidad institucional por importe de 806.403,52 euros o la fijación de un presupuesto para el apoyo al proceso de participación nada tienen que ver con la decisión particular de uno u otro vecino”. La iniciativa, dirección y ejecución de dicho proceso fue, sin lugar a ninguna duda, una “iniciativa pública”. De la que el Consejero Homs fue un partícipe muy relevante.

Y, como concluye el TS, ante una Resolución tan trascendental como la adoptada por el TC, en garantía del Estado democrático y del respeto de las leyes emanadas de él, no puede quedar subordinada al “capricho despótico” de quienes, como Homs, abusando de sus funciones públicas, pretenden menospreciarlas y vulnerarlas impunemente.

6 pensaments a “Homs, justamente condenado”

  1. Dadas las desconfianzas, los desengaños y lo inútil de todo esto, yo estoy de parte de Homs y de la Generalitat, no porqu me guste su gobierno, sino porque utilizo mi derecho democrático a opinar qué relación histórica debe tener Cataluña consigo misma, con España y con el resto del mundo. E incluso sería bueno para la propia España profundizar en la democracia y no ser rehenes del miedo, que fue al fin al cabo uno de los defectos de la propia Transición. Porque si el deterioro que padece la democracia en este país no se soluciona democráticamente, entonces ud. sr. Jiménez Villarejo aún cuando su compromiso con la memoria histórica, queda un tanto deslucido, pues es partidario de una especie de dictadura constitucional que nada tiene que envidiar al franquismo blando del PP y el PSOE con ayuda de Ciudadanos. Intentemos no tener miedo a las urnas pues.

  2. Más allá de una cuestión legal o de legitimidades hay un problema de fondo: ¿Cataluña es o no una nación y, en consecuencia, tiene derecho a opinar sobre su futuro? Aunque ud. sr. Jiménez Villarejo ha hecho un análisis impecable de la ilegalidad de la consulta del 9-N del 2014, usted no comparte la opinión que Cataluña sea una nación y de paso comparte la estrategia españolista de situar el nacionalismo catalán como el de una secta y para más dolor una secta corrupta, y como tal, los catalanes somos unos buenos españoles en el fondo, aunque desviados por la secta. Tiene motivos para defender su opinión y de ofrecer a cambio un federalismo como solución al problema, siempre claro está de diluir esa demanda al resto de España. Ud. comparte pues la dialéctica españolista contra el catalanismo.
    Sin embargo, aunque su opinión es legitima también contiene algunas debilidades. Le pondré el ejemplo del eslogan “Ayudemos a Madrid” que utilizó la Generalitat republicana como eslogan durante la Guerra Civil. Cierto que ayudamos a la causa republicana, de hecho no es una exageración que las ofensivas republicanas principales partieron de Cataluña, pero el gobierno republicano no lo percibió así. Para ellos el gobierno autonómico catalán era “un” problema para la causa. Y aún hoy se ve así, que Cataluña y su sistema de partidos es un problema. No se accepta que Cataluña tenga una voz propia y que intervenga en la política española de esa manera. Y ese es el problema. No sólo no se accepta la idea que Cataluña sea una nación y lo peor de todo, aunque hay partidos españolistas como el Comuns o el PSC, no se accepta que hablen con voz propia dentro de sus partidos, son sospechosos de traición. La única alternativa es la supeditación absoluta como Ciudadanos o el Partido Popular. La operación de Ciudadanos no sólo iba destinada a aislar a Podemos, sino a los partidos regionalistas y nacionalistas en el sistema electoral y político español y reforzar el centralismo de siempre.

  3. Sr. Jiménez Villarejo,
    No pretendo con esta exposición, que pueda ser un tanto larga, que se lo tome a mal. No, no es mi intención; en primer lugar por su ejemplaridad como fiscal anticorrupción y como defensor de la memoria republicana. Sin embargo, quería compartir con ud. y los lectores algunas ideas.
    El origen del proceso surgió de varios impulsos. En primer lugar por las consecuencias de la sentencia del constitucional del 2010 contra la reforma del Estatut del 2006, que dio alas al independentismo (como se vio en la oleada de consultas soberanistas en algunos ayuntamientos catalanes, comenzando por el de Arenys de Munt).
    En segundo lugar, la utilización de esta dinámica por parte del elegido en 2010 presidente Artur Mas en un contexto de crisis económica galopante y de recortes impopulares para solucionarla, para ofrecer “algo” al pueblo a cambio. No hay que olvidar que aunque el tripartito se hundió en aquellas elecciones, Mas no consiguió la mayoria absoluta y tenía que hacer geometría variable y pactar con la derecha del Partido Popular. Mas necesitaba pues la mayoría absoluta para hacer recortes con menos impopularidad. Pero la jugada le salió mal, no sólo por la impopularidad de los recortes previos, sino porque para desgracia de él, la antigua Convergencia ya no tiene el monopolio del discurso catalanista y debe competir con ERC, aparte de la CUP, como se vio en las elecciones del 2012.
    Tampoco la reacción del gobierno central ha sido muy sensata en este Proceso. Para Rajoy le iba y le va bien que Mas le desafiara, para galvanizar la sociedad española contra Cataluña, para camuflar los recortes que su gobierno estaba haciendo contra la crisis. Sin embargo, al parecer este discurso también falla porqué tiene la competencia de Ciudadanos como se vio en las últimas convocatorias electorales del 2015 y 2016. Por tanto, dada la simbiosis que ambos discursos tienen en Barcelona y Madrid, convendría que tanto los catalanes y los españoles fueramos más prudentes y no nos enervaramos tanto para convertirnos en rehenes de ambos discursos que utilizan el sentimentalismo y las emociones para intereses más mundanos por utilizar un adjetivo suave.

  4. La cuestión, querido ex-fiscal, es que 3,2 millones de personas fueron a votar. Me da la impresión de que es esto lo que le duele al Estado … y a usted. Más política y menos burocracia.

  5. Maremeva. Jiménez Villarejo, home amb importants fets i serveis curriculars a la democràcia, dedica el seu temps actuals a ajudar decididament a fer la feina bruta d’aquells antidemòcrates entestats a acabar amb la dissidència catalana, expressada sempre en termes de democràcia, dignitat i respecte.
    El senyor magistrat, prohom d’uns federalistes sense res ni ningú a federar, i en un magma que encara gosa dir-se “d’esquerres”, no sols no té res a dir a favor d’una entesa per sortir de l’atzucac en un mar de silencis delictius i vergonyants pel cantó espanyol, sinó que aporta llenya al foc del “atado y bien atado”.
    Maremeva, senyor J. Villarejo, una feina radicalment penosa, contradictòria, indigna. Quina llàstima.

  6. I tant, Sr. Jiménez Villarejo, té tota la raó! És una sentència del tot coherent en una democràcia que considera (acord recent del PP i del PSOE a les “Cortes”) que el president Companys va ser legalment afusellat…
    Quina paraula tan deliciosament expressiva “contumaz” que suposo que vol dir “que persiste en el error”! És ben lògica en una cultura sotmesa durant segles a la “Santa Inquisición” i per tant amb horror cap a l’heretgia, és a dir, la dissidència.

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