Hecha la ley…

Somos especialistas en contarnos cuentos de hadas. Y, desgraciadamente, también lo somos en, a continuación, creérnoslos.

Nos pasó con las Cercanías de Renfe en Cataluña. Daban mala calidad. Eso era resultado de disponer de una pobre infraestructura que, además, estaba sobreocupada, de disponer de un sistema de control de la circulación también un tanto pobre y de disponer de trenes siempre de la penúltima generación. La comparación con Madrid, en todos los ámbitos, nos situaba en segunda división. ¿Cuál fue la idea genial de los políticos? En vez de exigir un mejor servicio se pidió que nos transfirieran las cercanías de Cataluña. En Madrid, después de salvar las apariencias, se encogieron de hombros y dijeron: ¡Para vosotros! Aquí les cambiamos el nombre, Rodalies, y con ese bautismo redentor se acabó lo que se daba. Renfe sigue dando el servicio de siempre y ahora la gente, además, se puede ciscar en la Generalitat.

Las administraciones y grandes empresas más o menos conectadas con ella siempre han pagado mal (excepto si se trata de miles de millones a amiguetes, que esos pagos siguen otros circuitos), y con la crisis, ahora, pagan peor. En vez de exigir que se pague a su tiempo, los españoles irreductibles pidieron lo de siempre: una ley que diga… Ya tenemos la ley. Y se sigue pagando peor. Pero ahora hay unas estadísticas que demuestran que todo va mejor.

¿Cómo es posible? Pues como siempre, ¡Dios bendito!, como siempre: Las estadísticas se manipulan todavía mejor que las leyes…

Una asociación de pequeños empresarios chuleados se queja y alegan uno o quizá dos casos de empresas con gestores bobos que les han hecho firmar que renuncian a cobrar dentro de los plazos que marca la ley. Son tales para cuales.

El sistema general que se usa es el siguiente: Se encarga un trabajo y se pone una fecha de comienzo de la obra, inmediata (¡Corre prisa!). El contrato es una cosa de papeles, muy complicada, y ya está en marcha pero llegarán cuando lleguen. Y si a ti no te interesa hacer las cosas así, no pasa nada, tengo cien dispuestos a hacerlo. El trabajo se acaba y los papeles no llegan. Se reclaman cien veces pero, ya se sabe, la burocracia… Finalmente un día llega el contrato pero como se agotaron las disponibilidades de este año, firmaremos con fecha uno de enero del año que viene. Eso el contrato. Luego la factura me la pondrás a 31 de mayo, que cuento que en el segundo trimestre ya dispondré de fondos. ¿Qué no estás de acuerdo? Pues pon un pleito, o un contenciosos o lo que quieras… Pero por aquí no vuelvas. El pago, con ese calendario, cumplirá formalmente lo que marca la ley. La estadística saldrá perfecta.

Con lo sencillo que es hacerlo así. Y con los años de experiencia que tenemos haciéndolo así… ¿para qué vamos a cambiar? ¿Y qué nos importan las leyes?