Ha salido el sol en Valencia

eMail del País Valencià
Por Ximo Puig

Proyecto fallido de torres de Calatrava en Valencia

Amanece sobre la remozada línea del cielo de Valencia, uno de los primeros días de este otoño nacido para convencer a los agnósticos de la existencia del cambio climático. Entre la neblina surge el emporio arquitectónico diseñado por Calatrava como icono de aquellos tiempos de vino y rosas cuya resaca parece nos durará medio siglo.

El fin de semana volvió a ser noticia el edificio del Ágora, penúltima pirámide del conjunto faraónico, por un doble motivo. Primero, porque albergó un evento cuya celebración es ya relevante por la propia utilización del espacio que fue proyectado sin uso preestablecido y que, tras dos años inaugurado, no ha sido ocupado más de treinta días. Y en segundo lugar, porque apareció la añorada lluvia y la escultura descomunal se convirtió en un fashion tejado con goteras. Los casi 70 millones de euros que costó no fueron suficientes para que los cerramientos tuvieran la más mínima consistencia exigible.

Esta anécdota se convierte en categoría cuando nos referimos a los incidentes producidos en todo el complejo que ha generado un desgarro de más de dos mil millones de euros y que sangra a las finanzas públicas valencianas sin la solvencia de la contrapartida y cuando no cae la escena del Palau de les Arts -100 millones- deviene inaccesible el Museo Principe Felipe -350 millones- o se hunde el megaproyecto de las torres de Calatrava, presentado, pagado, utilizado políticamente y archivado por inviable en el baúl de los juguetes rotos.

Esta paz que me ofrece la mañana de la ciudad dormida y esa niebla cálida que da un cierto aire de misterio a las nuevas catedrales del viejo fenicio, sólo se resquebraja cuando siento con desazón la caricatura de mi país.

¿Cómo hemos podido llegar a esto? En 16 años hemos perdido más de diez puntos de renta per cápita respecto a la media nacional, tenemos el 40 por ciento de fracaso escolar, cuatro puntos más de paro que el resto de España, hegemónicos en la deuda y pírricos en la dotación de la dependencia o las camas hospitalarias. Aeropuertos sin aviones, macroestudios de cine sin películas, parques temáticos arruinados y una sensación de estafa persistente. Los acreedores persiguen a los gestores de la Generalitat, no pagan ni a Dios y el único que parece ver el futuro con optimismo es el hombre del frac que a este paso será el último nicho de negocio.

Y en eso que llegó Rajoy y empezó el baile de máscaras sin más programa que el resultado de longevos gobiernos como el ejercido en la Comunitat Valenciana o los atisbos ya realizados en las nuevas adquisiciones partidarias. ¿Es ésta suficiente credencial como para ponerle una alfombra hacia La Moncloa?

Pues no, creo que no. No hay nada inevitable salvo la muerte y –con todo el respeto en este tiempo de ánimas- no podemos perder tiempo ni para morirnos. Debemos estar vivos y estar vivo es tomar partido.

Ha salido el sol en Valencia, parece que alguien ha oído a Gramsci.