La gentrificación se extiende por Barcelona

En Barcelona, uno de los factores claves para entender la gentrificación es el crecimiento exponencial de la afluencia turística.

Alberto Montufo Pérez
Estudiante de Ciencias Políticas en UAB
Ancor Mesa Méndez
Sociólogo y doctor en Psicología Social por la UAB

La palabra gentrificación lleva escuchándose por todos lados, medios de comunicación incluidos, durante los últimos meses, pero lleva años viviéndose en los barrios de Barcelona por gran parte de su vecindad. Estrictamente nos referimos a un anglicismo que viene a describir un proceso de sustitución vecinal de un lugar concreto por clases sociales con mayor poder adquisitivo, mediante el encarecimiento de las condiciones de vida necesarias para residir en él.

En Barcelona, uno de los factores claves para entender este fenómeno es el crecimiento exponencial de la afluencia turística. Pero más allá de definiciones técnicas o de diccionario es mucho más sencillo entender este proceso si se dan datos concretos para ejemplificar la cuestión fundamental: cómo afecta el actual modelo turístico a la realidad de los vecinos de Barcelona.

Desde el inicio de la burbuja inmobiliaria en España los precios del alquiler por metro cuadrado en Barcelona crecieron de manera continua. Tras el estallido de la burbuja, comenzó un descenso que duró algo más de cinco años. Pero hoy en día, la ciudad ha recuperado el nivel de precios anterior a la crisis. Algunos distritos se han situado ya incluso por encima de su máximo registrado en 2008, punto álgido de la burbuja inmobiliaria. En el último año y medio, los precios han aumentado en más de un 20%. Los incrementos más elevados se concentran en los distritos con mayor renta per cápita media, pero también en las zonas de gran afluencia turística como la Barceloneta y en centro de Barcelona, especialmente Ciutat Vella y Eixample. El aumento es extensivo, en mayor o menor velocidad, a toda la ciudad.

Centenares de vecinos protestan por los pisos turísticos del barrio de la Barceloneta. Foto: EFE

Barcelona está sufriendo un efecto dominó en este caso, que provoca que la situación se extienda al conjunto de distritos y no únicamente a aquellos que tienen presencia turística. La expulsión de los vecinos afincados en los barrios céntricos provoca su traslado hacia zonas más periféricas, aumentando así la demanda de pisos de alquiler en la periferia y su consecuente subida de precio; que a su vez empuja a los vecinos de la periferia a trasladarse todavía más lejos del centro. En este caso, la clara relación entre la reconversión acelerada de viviendas en establecimientos de uso turístico, sobre todo en los distritos céntricos, y el aumento del precio por metro cuadrado impulsa la centrifugación de las personas residentes.

La media del precio por metro cuadrado en Barcelona se sitúa en el mismo punto que en 2008, un poco más de 12€/m², mientras que en el punto más alto se sitúa Sarrià-Sant Gervasi con 14€/m² y en el punto más bajo Nou Barris con un poco más de 9€/m². Los barrios más periféricos aún se encuentran por debajo del pico de precios, pero la tendencia del precio del alquiler a partir de 2014 es al alza también en estos territorios. Si sigue esta tendencia, en el futuro, incluso los barrios más periféricos aumentarán su precio respecto a la burbuja en pocos años.

Tras la aceleración de la reconversión de viviendas en apartamentos turísticos, las plazas turísticas se han duplicado desde 2008 (aproximadamente de 70.000 han pasado a más de 140.000). Ha aumentado la oferta hotelera y se ha disparado en los últimos años la de antiguas viviendas reconvertidas en uso turístico a un ritmo tan acelerado que está modificando sustancialmente la composición de los barrios de nuestra ciudad.

Esta situación urbanística, además, está provocando el aumento de las brechas en términos de desigualdad, depauperando las capacidades de las clases trabajadoras y convirtiendo el espacio de la ciudad en un territorio que acumula injusticias. Los distritos populares destinan hoy en día una mayor proporción de la renta familiar a la vivienda. En los casos de Sant Andreu y Nou Barris se destina entre un 20 y un 35% de la renta familiar media al pago del alquiler dependiendo del distrito, mientras que, por ejemplo, en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi se destina entre un 5 y un 10%. Esta situación especialmente delicada se relaciona con el contexto de crisis económica en la que nos encontramos, en el que el paro pasó del 6,5% en 2007 al 18,2% en la provincia de Barcelona en 2015, además de la pérdida de derechos laborales y recortes en el sistema de bienestar.

El actual modelo de ciudad centrada en el sector servicios y en la atracción del turismo como motor está precarizando las condiciones de las familias trabajadoras de Barcelona. Esta situación se ha acentuado desde 2013 hasta ahora por el efecto de la desregulación turística y la desprotección laboral. Mientras que en los distritos con una renta per cápita más elevada los precios por metro cuadrado han subido considerablemente desde 2008, el porcentaje de la renta familiar destinado al alquiler no ha variado. En los distritos periféricos, pese a que el precio es aún menor respecto al punto álgido de la burbuja de 2008 y, por supuesto, respecto de los precios de los barrios con mayores ingresos familiares, la proporción de renta destinada a la vivienda ha aumentado. El efecto dominó del crecimiento del precio de la vivienda está haciendo recaer sobre los hombros de los barrios populares los peores efectos de un modelo que incentiva la injusticia espacial.

Un hombre busca un piso de alquiler en una inmobiliaria de Barcelona

Por otro lado, la situación es especialmente dramática para la juventud, puesto que hay una estrecha relación entre el acceso al empleo y la emancipación. La juventud es un grupo social marcado por la temporalidad, una elevada tasa de paro que llegó al 40,85% en Catalunya en 2016 y salarios que suponen una dificultad añadida para poder acceder a una vivienda de alquiler en Barcelona, especialmente en los barrios más céntricos. Esta situación puede fomentar, todavía más, que las generaciones actuales de jóvenes no puedan seguir viviendo en Barcelona tal y como lo hicieron sus padres o abuelos.

En conclusión, se trata de un fenómeno que ha irrumpido con fuerza en Barcelona y sin duda habrá que continuar analizando su evolución, pero  requiere de una respuesta urgente para tratar de evitar que se torne en un fenómeno crítico para las vecinas y vecinos. La gentrificación barcelonesa se encuentra en fase de incipiente metástasis, extendida por toda la ciudad, impulsada por un núcleo turístico cada vez más denso, extenso y descontrolado que ha extendido sus efectos barrio a barrio, aumentando la desigualdad entre sus residentes y provocando la paulatina expulsión de la vecindad más humilde de su propia ciudad.

 

Artículo publicado en la Revista ‘Carrer

Un pensament a “La gentrificación se extiende por Barcelona”

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