Generalitat Valenciana CF

Alberto Fabrae-Mail del País Valenciano
Javier Andrés Beltrán
Periodista

La cosa podría ir, más o menos, así: Usted llama un día de éstos al 012, el teléfono de atención al ciudadano de la Generalitat Valenciana, y solicita información –por ejemplo- sobre ayudas para la dependencia. La respuesta será, seguro, tan amable como decepcionante: “De eso no tenemos, pero si le interesa le puedo facilitar  un par de entradas para el próximo Valencia-Getafe en Mestalla”.

La cosa no dejaría de ser una broma… si el personal estuviera para bromas, que no es el caso. A los ciudadanos del País Valenciano también nos sobran los motivos, como en la canción de Sabina. Motivos para el cabreo: El paro que no para de subir, los recortes que no se cortan, el saqueo infame de la CAM y de  Bancaja, la subida de impuestos y la bajada de sueldos, los sobresueldos de Bárcenas en Génova y sus millones en Suiza, los coches de carrera de los amigos de Carlos Fabra en la pista de un ruinoso aeropuerto peatonal, el insulto del indulto a un piloto kamikaze y homicida, el drama del desahucio para quienes no pueden pagar la hipoteca y el lujo de los áticos de dudosa procedencia, etc. A todo eso –que no es poco- se suma la indignación ante la posibilidad de que esa misma Generalitat Valenciana que recorta y no paga se convierta en propietaria de los equipos de futbol en bancarrota. Clubes a los que hoy hay que rescatar porque un buen día a un mal presidente, Francisco Camps, se le ocurrió avalar con el dinero de todos la nefasta gestión de unos pocos.

Eran los días del Ferrari azul y de las Copas de América. Camps utilizó el Instituto Valenciano de Finanzas para eregirse como salvador del Valencia, Elche, Hércules y Levante. Para ganar el voto fácil y el aplauso efímero de sus aficiones avaló en mombre de la Generalitat los créditos contraidos con Bancaja y la CAM. Sólo el Levante parece que podrá hacer frente al aval a  través de su fundación. En total una deuda de 118 millones que convertirán al Consell en máximo accionista de tres clubes de fútbol. Se me ocurre que podrían refundar los tres en un único club: el Generalitat CF.

Una situación inmoral con la que está cayendo encima a muchas familias, e ilegal porque la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas prohíbe controlar el 5% de más de una sociedad anónima deportiva en la misma competición. Sólo en el caso del Valencia CF la deuda con Bankia avalada alegremente por Camps asciende a 86 millones de euros lo que da al Consell el 70% de las acciones y sienta a Alberto Fabra en la presidencia del palco del Mestalla. Justo él que siempre ha tenido a gala ser un ‘orellut’ –así llaman a los seguidores del CD Castellón- confeso y practicante. Hoy el equipo de la ciudad de la que fuera alcalde está en tercera división porque nadie salió en su ayuda cuando tan sólo mendigaba unos miles de euros y el resto de clubes valencianos, salvo el Villareal de Fernando Roig, están hundidos -pero salvados- con el dinero de todos.

Lo dicho, si usted llama a la Generalitat y tiene la suerte (poco probable) de que coja el teléfono Alberto Fabra no le pida subvenciones, becas, ni dinero para la dependencia… eso sí, a lo mejor le saca un par de entradas para un partido de esos en los que no se llene Mestalla.

Porque seguro que para ver al Barça de Messi, o al Madrid de Mourinho, lo tiene ya todo comprometido. Vamos, como todos los presidentes de primera.

 

Un pensament a “Generalitat Valenciana CF”

  1. ¿Pais Valenciano? ¿Has bebido? Nadie en la Comunidad Valenciana (antiguo Reino de Valencia) se define como país. Nadie. Esa es la realidad, por mucho que os empeñeis en lo contrario, y en meternos, como no, en los suspuestos paises catalanes que nunca han exisitido, ni existirán.
    Solo yace en el preámbulo del estatuto (por hacer un guiño a los 4 catalanistas que sois, y que firmaráis) y en las siglas de algunos partidos de izquierda, que, por cierto, nunca ganarán mientras no cambien las siglas y asuman la realidad del pueblo valenciano, que es que nos sentimos tan valencianos como españoles.
    Au, cacau.

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