Garzón, forcejeando contra una nube

José María Mena

Nació el 26 de Octubre de 1955 en Torres (Jaén), en familia modesta ajena a las turbulencias e inquinas del derecho. Su primer juzgado, en 1981, fue el de Valverde del Camino (Huelva). El entonces Fiscal Jefe de la provincia, José Jiménez Villarejo, lo recuerda como un joven juez, inquieto, trabajador y estudioso. En 1988 fue nombrado Magistrado-Juez de instrucción del juzgado Central número 5 de la Audiencia Nacional. Desde mayo de 2009 y a lo largo del 2010, “Manos limpias”, Falange Española, y ciertos opulentos delincuentes (de delincuencia organizada periodísticamente llamada mafiosa), interpusieron contra él sucesivas querellas por prevaricación ante el Tribunal Supremo. Fue cesado en sus funciones por el Consejo General del Poder Judicial en mayo del 2010. Hoy 17 de enero de 2012 le sentarán en el banquillo de los acusados.

En su juzgado se han instruido miles de asuntos. Por él pasaron los grandes capos del narcotráfico, los terroristas de ETA, y sus entornos sociales y mediáticos, delincuentes de Estado, criminales de lesa humanidad, y también ha pasado la sombra, hasta ahora inasequible, de los asesinos fascistas españoles, todavía invictos. Demasiados enemigos…

El trabajo de un Juez de Instrucción
Consiste en reunir las pruebas con las que el acusador, que no será él, deberá convencer al tribunal juzgador para que imponga la pena pedida. Es como el centrocampista en el fútbol, que ordena y reparte el juego y sirve al delantero para que remate. Es como el peón en el ruedo, que brega, aliña y hace el quite, para que el diestro concluya con la estocada.

El trabajo de Garzón era, necesariamente, de brega, forcejeo, inmediatez. Nunca pudo ser, por eso, pacífico, relajado, distante. Y no siempre pudo ser acertado. Sus enemigos le critican porque a veces los tribunales absolvían a sus procesados, olvidando que absolvían a los procesados que acusaba el fiscal, y no el instructor. Garzón ha sido, es y seguirá siendo un buen instructor.

Ahora el peón de brega eficiente, el centrocampista incansable,  está siendo rematado (qué desdichado juego de palabras) por unos delanteros que debieran ser árbitros, está siendo estoqueado por unos diestros convertidos en miuras.

Ya lo dijo Millás, a la vista de la escenografía procesal: le han roto las piernas y quieren que parezca un accidente. ….

El primer juicio
El primer juicio será el de los mafiosos de Gürtel y sus abogados. Pero ellos serán los acusadores, los únicos acusadores. El fiscal será codefensor, y el juez será el acusado. El mundo al revés.

Le acusan de haber ordenado la escucha y grabación de las conversaciones entre los mafiosos presos y sus abogados, porque, según los acusadores, eso está prohibido por el artículo 51 de la Ley General Penitenciaria. Garzón y la Fiscalía rebatieron esa acusación con abundantes razonamientos.

Ante estos, el Juez Instructor en cierto modo, aparentemente, les dio la razón. Dijo que ese artículo 51 es farragoso, contradictorio, zigzagueante, opaco, laberíntico. Y que está en la Ley Penitenciaria precisamente para regular las facultades de los funcionarios de prisiones, y no las de los jueces. Además añadía que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha admitido que, en ocasiones extraordinarias, los jueces pueden intervenir conversaciones entre presos y abogados, porque no cabe instrumentalizar la profesión de abogado para la comisión de delitos. El privilegio de toga no es admisible, llegó a decir el Juez Instructor.

Parecía que la base acusatoria estaba plenamente demolida. Y, he aquí, que el mismo Instructor demoledor, rompiendo su condición de árbitro en la contienda, se sacó de la manga otros argumentos que no habían sido esgrimidos por los acusadores mafiosos. Ahora, el Instructor de Gürtel, sencillamente, redacta él mismo la acusación, después de decir que el artículo usado por los acusadores mafiosos no sirve porque es un desastre.

La ley que regula el proceso establece que el juez que ordena una escucha, después de escuchar todo lo hablado, tiene que seleccionar lo que sea de interés para su investigación, y eliminar todo lo demás, porque pertenece a la intimidad del escuchado. Así lo hizo Garzón. Pero el demoledor Juez de Instrucción afirma que aunque Garzón eliminó las conversaciones ajenas a su investigación, lo hizo tras oírlas, de donde deduce su intención que califica de delictiva. Y frente a tal deducción subjetiva de este juez, sorpresivamente ofrecida a los acusadores mafiosos para que su acusación sea viable, Garzón se halla forcejeando como contra una nebulosa.

De nada han servido las razones
De nada ha servido que la Audiencia Nacional ya haya decidido cuales son las conversaciones intervenidas que deben eliminarse, que Garzón las haya eliminado, o incluso que algunas de las intervenciones fueran decididas por otro juez de la Audiencia Nacional distinto que Garzón, durante una ausencia de este. De nada sirve que sea una práctica masiva, constante e indiscutida, conocida y respaldada por el Tribunal Supremo, la de que cuando una escucha de conversaciones ordenada por un juez no se ajusta plenamente a la previsión legal, se declara su nulidad, se elimina del sumario, y si no hay otra prueba, se absuelve al acusado. Pero nunca se ha procesado a un juez por ello. Esta es la primera y única vez.

Forcejeando contra una nube tóxica. Así está Garzón. Así está la independencia judicial. Así están, muertos de risa, los de Gürtel.

Así nos va…

 

4 pensaments a “Garzón, forcejeando contra una nube”

  1. Cuando un juez sospecha que un sujeto ha cometido un delito de terrorismo puede intervenir las conversaciones que tenga con su abogado; pero si en cualquier momento se viese que se ha cometido un error de apreciación y que aquella persona no es terrorista, todo lo grabado tiene que ser destruido y el proceso declarado nulo.
    Pero estas escuchas sólo, sólo se hace en caso de sospecha de que un tipo apresado es el terrorista que se busca. Pero en el caso de Gurtel no había ninguna sospecha de terrorismo, sino de corrupción por dar dinero a un partido político. Así que Garzón, a sabiendas de que aquellos tíos no eran terroristas le aplicó una fórmula prevista en la legislación penitenciaria, a sabiendas de que no correspondía al asunto. Así que sean ustedes justos y no defiendan lo indefendible.Me gustaría ver a cualquiera de ustedes si les grabaran las conversaciones con su abogado para defenderse de la imputación de cualquier delito no-terrorista. El Supremo sólo ha defendido el derecho del abogado a que se respete la intimidad de la defensa y el acusado. Todo lo demás son colipoterradas. Ya veremos qué pasará con el juicio que tiene GArzón pendiente sobre los dineros que pidió a varias personas, con el membrete de Magistrado, ahí irá a la cárcel. Si no, al tiempo. Alfonso Téllez

  2. He aquí un modélico artículo de divulgación que echo en falta en periódicos convencionales. Todo un ejemplo de buen peiodismo el de Mena, sí señor.

  3. “Un artículo, de Mena, esclarecedor y contundente. Más, sin embargo, podría ser que Garzón se hubiera equivocado. Escuchar a los demás siempre lo han hecho los policías y los espías, un juez, creo que no debería hacerlo. Ahora bién, jamás, repito jamás, juzgar a un juez por haber escuchado. Hacer oídos sordos a sus escuchas, está bién. Tirarle de las orejas, mejor. Mandarlo a “Gaes”, también. Apartarlo de la administración de la justicia es, ni más ni menos, dictatorial. y creo que la “justicia”, su administración por los jueces del Tribunal Supremo no es justa, ni legal, y que dá miedo y lo tengo y lo temo por Garzón. Siempre nos quedará la tierra. Mateo Seguí.

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