Garoña y los cinco jinetes del apocalipsis nuclear

Pep Puig
Doctor ingeniero industrial

Los cinco miembros (nombrados a dedo por el Gobierno, tres por el PP y dos por el PSOE) del Pleno del denominado Consejo de (In)Seguridad Nuclear -el presidente, Fernando Marti Scharfhausen, y los cuatros consejeros, Rosario Velasco García, Fernando Castelló Boronat, Cristina Narbona Ruíz y Javier Dies Llovera) han votado -por cuatro a uno- el informe favorable a la solicitud de renovación de autorización de explotación de la central nuclear Santa María de Garoña (Burgos), bajo unos límites y condiciones (10) determinados, complementados, por 15 instrucciones técnicas. 

El exministro de Industria, J.M. Soria (2i), y el expresidente del Congreso, Jesús Posada (3i) posan junto al presidente del CSN, Fernando Marti (3d), y los consejeros Rosario Velasco (i), Fernando Castelló (d) y Cristina Narbona.

Veamos el currículum de los cinco miembros. Fernando Marti Scharfhausen es licenciado en Ingeniería de Minas por la Universidad Politécnica de Madrid y posee un máster MBA en Economía y Dirección de Empresas por el IESE de la Universidad de Navarra. El nuevo presidente del CSN ocupó diversos cargos en el Grupo Inisel, Gyconsa y Repsol. Fue vicepresidente de la Comisión Nacional de la Energía (CNE) desde 1999 hasta 2011, año en el que fue designado como secretario de Estado de Energía.

Javier Dies es doctor ingeniero industrial y catedrático de Ingeniería Nuclear de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), desde donde ha coordinado el grupo de investigación de ingeniería nuclear. Rosario Velasco García es licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Valladolid y, desde 1980, es funcionaria del Sistema Sanitario Público. Fernando Castelló es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, fue concejal del Ayuntamiento de Castellón y diputado en las Cortes Valencianas. Posteriormente fue nombrado conseller de Industria y Comercio de la Generalitat Valenciana y, más tarde, conseller de Innovación y Competitividad, y de Industria, Comercio y Energía. Mientras que María Cristina Narbona es doctora en Ciencias Económicas por la Universidad de Roma, licenciada en Economía y profesora universitaria de Economía Internacional. Ha ocupado distintos cargos en la Administración General del Estado, como el de ministra de Medioambiente (2004-2008) y el de secretaria de Estado de Medioambiente (1994-1996).

Cabe destacar que los miembros del Pleno han informado favorablemente las evaluaciones realizadas sobre modificaciones de diseño de la central para las que se ha establecido un proceso de licencia específico.

¿A qué responde que la empresa propietaria de la central nuclear quiera volverla a poner en marcha, cuando la tecnología con la que se construyó es melliza de los reactores de multi-accidentados de la  central nuclear de Fukushima y cuando reactores de tecnología idéntica fueron clausurados en Alemania, inmediatamente después del desastre nuclear de Fukushima?

Las autoridades españolas, fieles servidores del oligopolio eléctrico, quieren sentar un precedente: perpetuar el expolio de riqueza desde la ciudadanía hacia los propietarios de las empresas que conforman el oligopolio eléctrico, heredero de los antiguos monopolios territoriales que creó la dictadura franquista. Y, ¿cómo lo perpetua? Pues mediante el alargamiento de la vida del reactor de Garoña hasta los 60 años, para abrir la puerta a la renovación hasta 60 años de los demás reactores aún en funcionamiento. Y así impedir la penetración masiva de renovables en el camino hacia una península 100% renovable.

Lo que no explican las autoridades españolas es que el mantenimiento del parque nuclear español en funcionamiento impedirá la masiva y rápida penetración de las tecnologías de generación basadas en el Sol y el viento, pues al ser éstas de generación variable (en la jerga de la caverna eléctrica las denominan ‘no gestionables’), requieren su combinación con un parque de generación de respuesta rápida a las variaciones del Sol y del viento. Pero el parque nuclear es incapaz de hacer esta función (siempre se las ha considerado como potencia ‘base’). En Alemania, con una penetración importante de renovables, se ha demostrado claramente que, en un sistema con una alta penetración de renovables, las centrales denominadas de ‘base’ sobran e impiden la penetración de las nuevas tecnologías renovables que ya hoy pueden competir plenamente en costes de generación.

Por tanto, el mantenimiento del parque nuclear les sirve en bandeja a las empresas del oligopolio eléctrico, toda la argumentación necesaria para contener el crecimiento de las renovables y apartarlas a una posición marginal, pues esgrimirán que es prioritario amortizar las ingentes inversiones requeridas para adaptarse a las normas internacionales post-Fukushima.

Lo que no nos explican, ni las empresas propietarias de Nuclenor (Endesa e Iberdrola), ni el susodicho Consejo de (In)Seguridad Nuclear, son las consecuencias que ha tenido esta central después de haber funcionado 40 años, desde el día que el dictador la inauguró, el 22 de septiembre de 1971. El envenenamiento radioactivo de los sistemas naturales y sociales que la nuclear ocasiona, incluso en su funcionamiento habitual (es decir, no accidental), se legalizó en España cuando la dictadura (a través de la jefatura del Etado) adoptó la Ley 25/1964, sobre energía nuclear (BOE, núm. 107, de 4 de mayo de 1964). Previamente, en 1951, se había creado la Junta de Energía Nuclear –JEN- bajo el control de los militares fascistas, para imponer la nuclearización como cobertura a sus ansias de disponer de la bomba atómica.

En una situación de democrática formal, el debate nuclear (y el debate entorno a la energía) estaría en la calles y plazas  de pueblos y ciudades, en las escuelas y universidades, los mercados, en los centros de investigación, en los ayuntamientos, etc. Y no estaría secuestrado, como lo está en el Estado español, por los medios de (des)información de masas que sirven al oligopolio eléctrico y los políticos españoles.

Estaría bien recordarles a los cinco miembros del Pleno del Consejo de (In)Seguridad Nuclear lo que escribió el doctor John Goffman en el prefacio de la re-edición de 1979 de su obra Poisoned Power: After the Three Mile Island Near-Disaster (Rodale Press, Emmaus, Pa., 1979):

“No hay ninguna duda de que los promotores de la energía nuclear -sean ingenieros, políticos o científicos- están verdaderamente cometiendo crímenes contra la humanidad. Estaría justificado pedir que se celebren juicios como los de Nuremberg contra estos individuos, pues hay dos posibles vías para describir los motivos por los que los promotores de la energía nuclear están cometiendo crímenes contra la humanidad. La primera, suponiendo que ignoren los conocimientos actuales sobre los efectos de las bajas dosis de radiación. Cuando dicen ‘todavía no sabemos los efectos de las bajas dosis’ es como si dijeran ‘expongamos a la gente primero, ya aprenderemos los efectos después’. Sólo hay una descripción para una experimentación masiva y planificada de este tipo sobre las personas: depravación moral. Una experimentación de este tipo puede producir efectos irreversibles en nuestra generación y en generaciones futuras, las cuales no tienen ni voto ni voz. Si esto no es un crimen contra la humanidad, ¿que lo es?. La segunda, suponiendo que conozcan los hechos en torno a los efectos fatales de las bajas dosis de radiación y aún quieran promover el uso de la energía nuclear. En este caso, la acusación no seria de experimentación sobre las personas, sino de asesinato planificado y aleatorio. El crimen de asesinato puede ser peor que el crimen de experimentación”.

John Gofman

Las personas que no hayan oído hablar del doctor John Gofman, deben saber que fue codescubridor de un isótopo del uranio (U-233) y formó parte del equipo que aisló las primeras cantidades de plutonio para el proyecto Manhattan. Fue de los primeros científicos que abandonó la carrera nuclear, fundando, en San Francisco, el Committee for Nuclear Responsibility, muy crítico con la tecnología nuclear. Fue profesor de diversas universidades californianas y con el tiempo devino una de las autoridades mundiales sobre bajas dosis de radiación.

¿Qué día veremos en el Estado español la creación de una Comisión Ética, nombrada por el presidente del Gobierno, formada por una veintena de expertos representantes del mundo económico, científico y religioso, elaborando un documento destinado a asesorar al Gobierno en el tema nuclear?  Eso fue lo que hizo Angela Merkel, la canciller alemana, y que fue decisorio para optar por la desnuclearización germana. El cambio profundo de Alemania liderado por su presidenta se entiende con facilidad: a partir de Fukushima el riesgo teórico y aceptable de la energía nuclear deja de ser aceptable y se convierte en tan real que hay que evitar el riesgo. En cierto modo, Ángela Merkel reconoció que no es ético exponer a la población a un riesgo ante el que ni las empresas ni el Estado pueden responder, es decir, el riesgo nuclear se convierte en inaceptable. Mekel lo dejó meridianamente claro en una entrevista al periódico Die Zeit, el 12 de mayo del 2011: “No esperaré a que un riesgo que yo juzgaba como teórico y aceptable sea una realidad”.

En las Españas, el Gobierno y sus cinco jinetes ¿esperaran al apocalipsis nuclear para empezar a ser sensatos y razonables?

4 pensaments a “Garoña y los cinco jinetes del apocalipsis nuclear”

  1. CUIDEM EL PLANETA , LA NOSTRA SALUT…….I LA DELS NOSTRES FILLS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  2. En lo único que disiento es en tildar a los cinco de lo mismo. Cristina Narbona lleva tiempo votando en contra de las decisiones controvertidas. A menos que se considere que su presencia en el CSN es de hacer de coartada, me parece demasiado rebuscado.

  3. M’agrada molt l’article i crec que te molta raó quan diu: “No hay ninguna duda de que los promotores de la energía nuclear -sean ingenieros, políticos o científicos- están verdaderamente cometiendo crímenes contra la humanidad. Estaría justificado pedir que se celebren juicios como los de Nuremberg contra estos individuos”, I pot ser seria la única solució portar-los a judici , doncs utiltzen el risc sobre la població per fer pagar les conseqüències a la població afectada, com va passar amb l’operació Castor.
    La nuclear de Vandellós ja va estar a punt d’explotar, si no va ser així va ser gràcies a uns bombers que si van jugar la vida per apagar el foc. Ara ens volen posar en risc fent funcionar més temps les nuclears quan no fan falta per eliminar les renobables i perquè si ens hi oposem entre tots haguem de pagar el negoci que que aquests oligopodis haguéssin fet en 20 anys?

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