Galgos o podencos

Jesús Páez
Consultor de empresas cooperativas y de inserción

Si la mala leche, la indignación, la protesta, el rechazo a las medidas del gobierno, de tantas y tantas personas estuviese orientada hacia la consecución de dos o tres metas básicas (con básicas me refiero a un mínimo común denominador (mcd) que asumiese el 85/90 % de lo que se supone formamos las izquierdas). Y cada una de estas metas fuesen explicadas en dos o tres objetivos de tres renglones cada uno y expresados en forma de resultado;  que cada uno de estos objetivos se acompañase de una breve explicación cuantificada o, al menos evaluable; y se añadiese un programa de acción y actuación también común y básico en el que se implican  todas las organizaciones de izquierdas, otro gallo cantaría.

Este Plan de mcd  no tiene porqué menoscabar que cada organización, colectivo, asociación, grupo, peña, colla, etc. dejé de tocar su flauta  cuando y donde le parezca  oportuno pero sí que pusiese el mismo empeño en las convocatorias conjuntas, comunes o generales. (Digo esto porque se habrán dado cuenta que, generalmente, cuanto mayor es la lista de organizaciones convocantes menor es la asistencia a la convocatoria).

Hay informaciones, básicas, objetivas, poco opinables, que podrían llegar a toda la población en un par de días desde que se conocen, contribuyendo así a la desintoxicación que produce la propaganda gubernamental, los partidos de derechas y los medios comunicación de derecha de este país que son todos. O casi todos. Y, a la contra, contribuirían a facilitar datos para la información, reflexión y la toma de conciencia. Por ejemplo este esquema editado por Attac-País Valencià es una de esas informaciones. ¿Hay alguna organización social o política, que no sea de derechas, que pusiese pegas a que un día a la semana,  nos dedicásemos, todos y todas los perjudicados a repartir y empapelar todas las ciudades y pueblos de todas las nacionalidades del Estado con informaciones de este tipo? Yo creo que no. Pero olvídense, la izquierda somos los exegetas por antonomasia. Siempre debatiendo sobre el sexo de los ángeles. No podemos actuar sobre lo importante y luego, resuelto lo importante, pasar a lo siguiente. No, no, eso no. Hasta la más pequeña coma, puntuación, matiz, todo ha de estar nítido y negro sobre blanco.  Y, para eso, hablamos, debatimos y posponemos el debate para proseguir debatiendo y  hablando de coordinación, de que  hay que coordinarse,  de coordinadoras, de que la izquierda tiene que unirse, de que si no se une ¡ya! el tsunami neoliberal nos llevará a  los años 30 del siglo pasado… Hablar, hablar y hablar para no dejar de ser puro, para no contaminarme, para no ceder ni un ápice de mi discurso, de mi posición, de mi puñado de votos, de mí… Me recuerda a las liebres discutiendo si eran galgos o podencos los perros que las perseguían, y que, entretenidas como iban con la discusión,  los perseguidores se dieron un banquetazo con ellas.

Sí, que quieren que les diga, hoy estoy un poco más pesimista que ayer y bien que lo siento.  ¿Qué por qué? Pues porque ayer asistí, a una más de estas reuniones pro unión de la izquierda.