Gabriel Ferrater y los copistas excelsos

Aquí vivió y murió Gabriel Ferrater

Josep Maria Cuenca

6-5-2012 (18:53)
La tarde del pasado jueves, 3 de mayo, mientras paseaba por Sant Cugat del Vallès me detuve unos minutos ante el número 32 de la Rambla de Ribatallada. Allí se encuentra una finca modestísima que no desentonaría lo más mínimo en mitad de Sant Adrià del Besòs o del barrio de Sant Ildefons de Cornellà, pero que en el actual Sant Cugat es, para muchos ojos exquisitos, un estigma social; algo así como el equivalente urbanístico de una Estrella de David estampada en el abrigo de un ciudadano berlinés hacia 1941. En esa finca vivió algunos años y murió, el 27 de abril de 1972, Gabriel Ferrater. Con motivo del cuarenta aniversario de su muerte alguien había colocado en la pared de la fachada un pequeño ramo de flores junto a un papel con unas palabras escritas con rotulador por una mano temblorosa. El texto, muy breve, evocaba la efemérides, ensalzaba contenidamente la figura de Ferrater y concluía pidiendo respeto por la leyenda y las flores. Ver aquello conmovió mi despreocupado paseo, al tiempo que me provocó una irónica sonrisa. Me pareció que el autor o autores de tan diminuto y emocionante homenaje, además de demostrar buen gusto literario y una noble sensibilidad, estaban aludiendo con una cierta y sana retranca al gobierno local, en manos de Convergència i Unió desde hace una eternidad que empezó en 1987.

La singular relación que la oficialidad política de Sant Cugat ha mantenido y mantiene con la memoria de Gabriel Ferrater admite el rango de alegoría de la relación que el nacionalismo catalán en general y el  convergente en particular han mantenido y mantienen con la cultura. Aunque el consistorio santcugatense todavía no se ha decidido a poner una sencilla placa en el número 32 de la Rambla de Ribatallada en honor a Ferrater, cierto es que cada año convoca un premio de poesía que lleva el nombre del autor de Les dones i els dies, así como también lo lleva la biblioteca local. El carácter cosmético de estos reconocimientos institucionales hacia Ferrater sería un jocoso escándalo en cualquier país serio. Pero tal vez no existan los países serios. Y si los hay, el nuestro no figura entre ellos.

Gabriel Ferrater no sólo es el poeta en lengua catalana más grande de la segunda mitad del siglo XX, sino también una de las personalidades de la cultura más profundas y brillantes de la Catalunya moderna. Dejó una huella insoslayable en la crítica de arte, en la lingüística, en la literatura y en la docencia; pero también en la descodificación interpretativa de la impostura patriótica que ha logrado en nuestros días imponer una versión de la realidad doméstica fundamentada en venenosas rondalles imaginarias y perversamente ploraneres que amenazan, mucho más que la actual crisis mafioso-financiera, con escindir la sociedad catalana y hacer imposible el modelo inclusivo y plural que se propuso hacia los años sesenta del pasado siglo desde los sectores más honestos del antifranquismo, algunos de los cuales han acabado por caer en la celada identitaria.

Supongo que algunos elementos de la intelligentsia de CiU se habrán tomado la molestia de leer con aplicación las poco más de cien páginas de un librito titulado La poesia de Carles Riba -la transcripción de cinco conferencias magistrales que Ferrater pronunció por encargo de la Universitat de Barcelona entre 1965 y 1966, cuyo editor en 1978 fue su hermano Joan, otro intelectual de talla ninguneado por los patriotas-, pero sin duda son los menos y, además, son muy taimados. Por eso se guardan con celo de difundir que Ferrater puso de relieve con un desparpajo incontestable la profunda y endémica incultura de la burguesía catalana y su indigente y mezquina concepción del país, así como su deletéreo conservadurismo político. En cualquier caso, la mayoría de responsables políticos de CiU, incluidos los sucesivos gobiernos municipales de Sant Cugat, leen tanto como el alcalde de Barcelona (o sea, como mucho un libro al año). Sin embargo, son muy hábiles viviendo de oídas y no ignoran que las gentes más válidas y honestas del mundo cultural, tanto catalán como del resto de España, reivindican la figura de Ferrater como una de las más atractivas y potentes con que contamos. De ahí que utilicen su nombre para bautizar premios o bibliotecas tout court. Por nada del mundo querrían quedar intelectualmente en evidencia.

Ferrater leyó con provecho crítico a Josep Pla, otro grande de las letras catalanas ninguneado por la vanguardia patriótica de nuestro país, e incluso por unos cuantos izquierdosos pacatos e ignorantes. Fue Pla precisamente quien describió el mecanismo de conducta social dominante en Catalunya, lo cual por consiguiente vale también para la cultura. Lo hizo en uno de los documentos televisivos más excepcionales de que un servidor tenga noticia: la memorable entrevista que Joaquín Soler Serrano le hizo en 1976 para su espléndido programa A fondo, que emitía TVE (entonces la única, pues aún no había llegado la nostra). Hacia el final de la conversación un Pla casi octogenario pero mentalmente vivísimo, incansable fumador, cáustico y consciente de que le quedaba tan sólo el tiempo añadido de su partido vital, le dice a Soler Serrano que “el catalán es un copista: le gusta copiar”. Consignado lo cual, hay que volver a Sant Cugat y a Ferrater.

Sant Cugat es, sin duda, el modelo ideal y más depurado de país que los dirigentes de CiU tienen en su cabeza: su edén terrenal. No en vano en las últimas décadas se ha convertido en una localidad con una notable cantidad de población adinerada, con un planteamiento urbanístico residencial inaccesible a la mayoría de bolsillos, con una programación cultural que sólo supera Barcelona, con un Pla Estratègic municipal encaminado a hacer de ella una Smart City (la cosa se llama oficialmente así y no Ciutat Intel·ligent, pero en este caso nadie habla de agresión lingüística), etcétera. Sus habitantes potentados visten como si fueran parisinos de la Île Sant-Louis, conducen automóviles similares a los de los personajes de los relatos de John Cheever y van con frecuencia al teatro y consumen mucha cultura como los protagonistas neoyorquinos de las películas de Woody Allen. Son, en suma, unos copistas excelentes. Sin embargo, no han leído nada y escriben la lengua que tanto dicen querer con muy poco respeto por la ortografía. Sé de lo que hablo porque he impartido clases de catalán a adultos en la ciudad y entre mis alumnos había gentes con ingresos millonarios que eran, según la impecable definición de la UNESCO, analfabetos funcionales. De manera que Gabriel Ferrater no puede ser para ellos más que un aderezo urbano secundario, como el coqueto rincón de una plazoleta o como una tasca con buenas tapas de chorizo salmantino.

Así las cosas, y desde la militancia copista señalada por Pla, los responsables del gobierno municipal de Sant Cugat -por cierto, uno de los ayuntamientos con más cargos de confianza de toda España- nunca llevarán a cabo una recuperación metódica y sincera de la figura de Gabriel Ferrater. Y si algún día improbable lo leen, todavía menos.

7 pensaments a “Gabriel Ferrater y los copistas excelsos”

  1. Benvolgut Josep Maria,
    és evident que et mous amb la mateixa desimboltura en català que en castellà. Buscaré obres teves: tinc curiositat.
    Jo també he publicat escrits (tot i que no tants com tu!) en ambdues llengües, i també treballo en una escola d’adults impartint l’una i l’altra. Per a mi el que compta és escriure bé, sigui en la llengua que sigui. Vist amb la distància i la perspectiva adequades, el català i el castellà no són pas tan diferents ni tan llunyanes com els nacionalistes de qualsevol signe implícitament defensen.
    Comprenc perfectament això que dius de poder arribar a molta més gent, amb l’espanyol. Res a objectar, només faltaria. El que passa és que jo en general trobo a faltar, en català, un discurs crític i potent com el que exhibeixes a l’article sobre Ferrater. Per als nostres patriotes tradicionalistes, sempre aferrats a la llengua, un article com aquest queda estigmatitzat ja d’entrada, sense considerar-ne el contingut, només per l’idioma en què està escrit. I això, en el fons, va condemnant perpètuament la cultura catalana feta en català a no sortir de la seva atmosfera de protecció oficial i direcció unívoca. Tal com jo ho veig, la cultura en català necessita veus discrepants i amb talent.
    Una abraçada.

  2. Emprar-la, escampar-la, defensar-la, amic Eusebi, sembles en primer lloc un autèntic Pere el Gran preparant-se per conquerir a base de fil d’espasa els territoris més rentables de la Mediterrània. Tu deus ser dels que prefereixes que la Generalitat mantingui aquestes absurdes oficines anomenades “ambaixades”, els funcionaris de les quals es gasten els calés públics en barres americanes de ciutats d’arreu del món; deus ser dels que prefereixes que la Generalitat segueixi otorgant centenars de milers d’euros a Fundacions per a la difusió de la llengua catalana (els funcionaris de les quals es gasten els calés públics en barres americanes de Barcelona), en fi, deus ser dels que prefereixen un esforç místic i romanticoide d’allò que anomenen “tots els catalans” (un esforç molt, molt car) en lloc de seguir mantenint certes estructures socials que avui dis els teus amics de la llengua estan desmuntant. Sàpigues que per a mi no es tracta de defensar una llengua sinó les persones que la parlen, i que les llengües moriran i es desfaran en profit d’altres sistemes de comunicació, i així passarà amb el català, el castellà (com ja ha passat, mira sinó d’entendre un peruà de les mines de Cuzco quan parla la llengua de Cervantes); i està bé que així sigui, com ja va passar, per cert, als albors del que avui dia alguns anomenen molt alegrement “la cultura mil·lenària catalana”: fa mil anys aquí la gent parlava una cosa (compara els textos de Ramon Llull amb la llengua de buròcrates dels presentadors de TV3) i avui dia en parlem una altra.
    En segon lloc, sembles, com molta gent que esgrimeix els mateixos arguments que tu, una mena de Freud d’Arbeca, amb una lectura com la teva, “de suspicàcia”, una lectura que rebusca i remena en la psique d’un autor que només vol llibertat per a expressar-se, i hi troba, igual que Freud hi trobava munions de penis creixent com en camps de rovellons, foscos castellanistes foragitats rere una màscara de xarnegos, partidaris de la rància Espanya de passadissos i muralles cegues. Sàpigues que, com resa el títol d’una meravellosa novel·la, “La vida está en otra parte” (cito la traducció castellana), la vida és a un altre lloc; que, a banda que a Catalunya també podries trobar desenes de famílies “ràncies” a les cases pairals més respectades, escriure en castellà (o espanyol) només vol dir això, escriure en una llengua que malauradament o sortosa acabarà també per desaparèixer; sàpigues que és molt més laudable això que no pas anar fent servir traductors de Google que sempre acaben per fallar com falles tu amb la teva interpretació del text d’en Cuenca, i que si seguim per aquesta via d’identificar llengües amb persones, separar-les i prioritzar les abstraccions polítiques per sobre els individus, anirem, com a país, a petar a l’abocador de les deixalles de la Història, i se’ns recordarà (si algú es pren la molèstia de recordar-nos), a tots els catalans, parlem la llengua que parlem (i a mi em molesta que em posin dins del mateix sac), com un poble que es va condemnar a si mateix a palpar mosques mortes per insistir recalcitrantment en fer-nos les víctimes quan millor ho teníem per fer un país obert, segur de si mateix, socialment i econòmicament consolidat, i això vol dir: just.

  3. Estic d’acord amb el Xavier, i no tant amb el Josep Maria.
    Als seus escrits (he llegit tots els que ha publicat a La Lamentable: és fàcil, poses el seu nom al cercador i surten) es nota quelcom més que el que literalment diuen les seves paraules. Un sentiment molt més profund. Que, afegit al fet d’utilitzar el castellà (ell diu espanyol, ves per on), li acaben de donar el cromatisme final.
    Jo sóc andalús i recomano als meus possibles lectors de tota Espanya i de les repúbliques balcàniques si s’escau, que Google té un magnífic traductor castellà-“el que sigui”, i que entenguin que és molt maco salvar la nostra petita i menystinguda llengua (no sap l’amic Cuenca el que està passant a Balears?). I que per això (amb l’ajuda del corrector de Google, també) fem el que podem per emprar-la, escampar-la, defensar-la.

  4. Amic Eusebi, em sembla molt bé la teva actitud lingüística, no pas perquè hi estigui d’acord -que no ho estic-, sinó perquè respon a la teva llibertat individual, l’exercici de la qual és essencial per a mi. El que de vegades em demano és si és prou respectada la meva llibertat individual a l’hora de decidir la llengua en què vull escriure. El tema em cansa força, m’esgota, i, a més, considero que no m’he de justificar al respecte. En tot cas, per contextualitzar una mica la cosa et diré que la meva mare era andalusa i el meu pare d’Albacete, que he escrit més de mitja dotzena de llibres i desenes d’articles en català i que, des de fa molts anys, sóc professor de la llengua pròpia de Catalunya però no única dels catalans. Dient això no pretenc demostrar res ni autopromocionar-me com a candidat a la Creu de Sant Jordi, ni com a primer guardonat d’un possible Premi al Xarnego Agraït, però sí m’agradaria que em deixessin lingüísticament en pau. I que, si fos possible, de passada es deixessin de banda insinuacions que la majoria de vegades estan alimentades d’intolerància, de gregarisme i de mala fe. Evidentment només tu pots dir si el que anomenes “un sentiment molt més profund”, que has descobert en els meus articles, es pot traduir per “espanyolista”, “catalanofòbia” o coses per l’estil. No dubtis, però, que de la manera que ho expresses no faltarà qui ho cregui. A mi la cosa no em treu la son, t’ho ben asseguro: hi estic acostumat. Fa uns anys, un alumne meu de casa bona va venir al final d’una de les primeres sessions del curs i em va dir: “Per no ser català ets molt bon professor de llengua”. Aquell individu només sabia de mi dues coses: que jo era el seu professor de català i que els meus cognoms eren Cuenca Flores.
    Que et sorprengui, d’altra banda, que a la llengua espanyola jo li digui “espanyol” em sobta força i em fa pensar que de nou detectes sentiments molt profunds on no n’hi ha. Jo sóc força pretecnològic i faig servir dos diccionaris de paper quan escric des de la meva condició bilingüe: un és el Diccionario de la lengua española de la Real Academia i l’altre el Diccionari de la llengua catalana de l’Institut d’Estudis Catalans. Per això dic espanyol i català quan em vull referir a les meves dues llengües.
    Per cert, com que sóc molt pretecnològic, potser em puguis dir si a Internet hi algun traductor d’espanyol a català. Ho dic perquè si algú prefereix llegir els meus articles de La Lamentable en català ho pugui resoldre tècnicament i ràpida.
    Acabo. Mentre tingui la sort de poder escriure a La Lamentable no deixaré de defensar el que penso i de fer-ho en la llengua que vulgui, i espero que tu i tothom també ho faci. I una de les coses que penso és que el nacionalisme a Catalunya ha enverinat tant la societat que els catalans ens passem mitja vida tractant collonades, per dir-ho a la manera de Josep Pla, sense ocupar-nos del que realment és decisiu. Però el pitjor de tot és que, basant-se en arguments sentimentals, el nacionalisme amaga que és un projecte polític classista (d’arrel econòmica) que ha dificultat i està dificultant la pluralitat i el progrés social del nostre país. Les conseqüències de tot plegat són ambientalment desastroses i sovint un escàndol silenciat. Que, per exemple, sigui un lloc comú en molts cercles de la comunitat nacionalista afirmar que Joan Manuel Serrat o Juan Marsé són uns traïdors i uns espanyolistes és, a banda d’un deliri ideològicament inquietant, una prova d’ignorància infinita. I cap aquí anem des de fa molt temps sense que gairebé ningú obri la boca. El problema que tenim a Catalunya és que, des del punt de vista patriòtic, només hi ha una manera de ser un bon català: ser nacionalista. En cas contrari ho tenim cru.

  5. Tan cáustico casi como el propio Pla en esa obra maestra que es la entrevista mencionada; tan incisivo, como dice el company Xavier Jové; tan iconoclasta como el propio Ferrater en esa otra obra maestra que es “La poesia de Carles Riba”; en fin, tan punzante es el artículo (en el sentido de algo que pincha pero también en el sentido de objeto absolutamente preciso a la hora de señalar un punto cualquiera), que me gustaría que el cadáver político de Jordi Pujol (los analfabetos dirigentes de hoy día están demasiado ocupados en rediseñar la ciudad perfecta en la que no tendrá cabida ningún otro Gabriel Ferrater) levantara la cabeza para leerlo; imagino que suspiraría y se preguntaría qué había hecho mal para que existieran en su Catalunya soñada sujetos como este Cuenca, que además de sacar a la superficie lo que su doctrina pretendió que resbalase por las cloacas de la política, además de dar el primer paso en la desmitificación de esa ciudad-jardín del siglo XXI en que han convertido mi pueblo (Sant Cugat), además de todo eso tiene la desfachatez de declararse absolutamente bilingüe: back to the coffin, Pujol, y que conste que esto tampoco es una agresión lingüística!

  6. Benvolgut Xavier, en primer lloc, moltes gràcies per les teves paraules, tan generoses, sobre el meu article. Quant al que em dius que hi trobes a faltar, em sembla del tot raonable. Opto per l’ús de l’espanyol a La Lamentable per raons d’eficàcia comunicativa: vull que si algú d’Andalusia o de Madrid visita aquest lloc Web no tingui dificultats per accedir al que hi escric. D’altra banda, tingues en compte que la meva situació lingüística respon a allò que alguns diuen que és químicament impossible: sóc un bilingüe perfecte. La meva llengua materna és l’espanyol, però la meva llengua habitual (i fins i tot professional!) és la catalana; i pel que fa als meus llibres i escrits en general, els redacto indistintament en català o espanyol i amb idèntica comoditat. Això fa que canviar de llengua no em costi gens. A Ferrater li costava canviar més que a mi, sens dubte, això no obstant va escriure en espanyol amb freqüència i amb una eficàcia espatarrant. La seva obra també és bilingüe. En qualsevol cas, el que planteges i aquesta resposta meva reflecteixen una situació -la nostra, la dels catalans- amb la qual, segons el meu parer, hem de conviure amb naturalitat i sense traslladar-la a àmbits de la realitat en què acaben enverinant-se. Insisteixo: moltes gràcies pel teu comentari i una abraçada.

  7. Un article brillant, sí senyor. No sé qui ets, Josep Maria Cuenca, però et felicito pel teu estil incisiu, valent i culte. Saps, però, què trobo a faltar? Que no escriguis això en català. Crec que aquest discurs autocrític i anti-estolidesa nostrada s’hauria de fer en català, com ho faria, possiblement, Gabriel Ferrater.

Els comentaris estan tancats.