“Fumus bonis iuris” (o el aroma de buen derecho)

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La jueza Mercedes Alaya

e-Mail de Andalucía
Jesús Páez
Licenciado en Ciencias del Trabajo

Hace unas cuantas semanas, en una de estas columnas, a modo de exageración, escribía que la jueza Mercedes Alaya pronto imputaría a todos los miembros del  Parlamento andaluz. No, todavía, esto no ha sucedido pero, Alaya, sí ha traspasado ya la puerta del Hospital de las Cinco Llagas que, con este nombrecito, se conoce a la sede del Parlamento de Andalucía. Pues no era una exageración, al menos, no lo era del todo. A primeros de este mes la juez dictó  “un auto en el que ordena a los peritos de la Intervención General de la Administración del Estado que informen sobre “qué pudo conocer” la Comisión de Economía y Hacienda del Parlamento andaluz –actual Comisión de Hacienda y Administración Pública– “sobre las irregularidades que se estaban produciendo en la concesión de subvenciones sociolaborales al margen de la Intervención General”.

Pero como, con independencia de la Comisión de Economía y Hacienda, ha sido el Pleno del Parlamento quien ha venido, año tras año, aprobando, en la ley anual de presupuestos, la partida correspondiente del ya famoso programa 31.L pues creo, que los parlamentarios andaluces deberán ir pensando en poner sus barbas a remojar, haciendo separación de bienes quienes no la tengan y buscándose  una Kindle  para tener lectura que le sobre y una  playstation  para entretener las horas muertas.

Entre tanto los peritos de la Intervención General de la Administración del Estado, elabora el informe, este equipo “de unos pocos incansables” como la propia juez lo denomina, no para. Ahora “los incansables” con la jueza al frente, ha dado un “doble salto mortal” o casi. De acuerdo con el “fumus bonis iuris” (o aroma de buen derecho) la jueza Mercedes Alaya ha dictado un auto en el que impone “una fianza civil de 29,5 millones de euros a la ex ministra de Fomento y ex consejera de Economía y Hacienda de la Junta Magdalena Álvarez para hacer frente a la posible responsabilidad pecuniaria derivada de su imputación en la causa. La instructora fija otra fianza civil de 22 millones la fianza civil para el que fuera viceconsejero de Economía entre 1990 y 2004, y  ocho millones para el ex secretario general de Hacienda que estuvo entre  2000 y 2004. Pero ello con ser insólito,  pues ninguno de los tres se ha llevado un euro del erario público, ni han concedido subvenciones, ni ha actuado para “colocar” en alguno de los ERE a familiar, amigo o conocido, no es lo que ha “causado alarma en muchos sectores judiciales y políticos”. Lo que ha causado alarma, además de en esos sectores, en otros y en muchos ciudadanos entre los que me encuentro, es que en un ejercicio de prospectiva o visualización cercana a la “videncia”, en su auto la juez Alaya  exprese la “probabilidad cierta” de que en un futuro Magdalena Álvarez será condenada.

Y digo yo, ciudadano ignorante del derecho, ¿y la presunción de inocencia dónde queda? Es que la juez Alaya ¿es “instructora” y “juzgadora” a la vez? ¿por qué la jueza Alaya, como instructora del caso,  no se ciñe a investigar los hechos, reunir pruebas, acopiar documentos –todo ello en un tiempo prudencial- y trasladarlos al tribunal que ha de juzgar y dictar sentencia? ¿cómo, basándose en su olfato -“fumus bonis iuris” (o aroma de buen derecho)- la juez Alaya puede adelantar el fallo del tribunal juzgador? Y ¿cómo podrá, si su olfato la equivoca, reparar el daño, por otro lado, irreparable, que su auto produce?

Me da pánico, es verdad que mediatizado mi ánimo por haber vivido en épocas anteriores a la democracia, con otros tribunales y otros conceptos de justicia, que la justicia del siglo XXI se guie por el “olfato” por mucho que se emplee el latín para decirlo. En otras palabras, creo que la señora jueza, ella sabrá por qué y con qué ánimo, está construyendo un “embolao” de tal calibre, que terminará haciendo del caso ERE una  madeja inextricable y, de su resolución judicial, un “parto de los montes”. A mí me da pánico pero, más importante que mi pánico es la psicosis que está generando en la Administración andaluza y que, como nadie quiere verse en situación semejante a la de los cargos imputados en el caso de los ERE fraudulentos, se traduce en una cada vez más evidente parálisis. En lenguaje coloquial andaluz, todo el mundo se la coge con papel de fumar antes de estampar su firma en un documento que contenga la palabra euro.

Ni entre mis amigos ni mis enemigos soy sospechoso de hacer la vista gorda sobre los casos de corrupción, ni sobre los chanchullos, compadreos, pasteleos y manejos de un partido (PSOE) y una Administración, que el partido que lleva gobernando casi 35 años, lleva  construyendo  aplicando la endogamia ideológica en un gran porcentaje de la misma.  Por otro lado, nada que no se haga en  gran media en el sistema judicial desde “in illo tempore” ya que vamos de latinajos.  Pero puestos a denunciar, perseguir y  castigar prácticas corruptas, compadreos y manejos vamos a hacerlo bien. Es decir, exijamos  la honradez, la ética, la decencia,  (personal y política) donde corresponde  y el cumplimiento de la legalidad en los juzgados de guardia. No solo la Junta, tampoco un juzgado o una audiencia provincial o el propio  Consejo de Justicia de Andalucía,  órgano de gobierno de la Administración de Justicia en esta Comunidad, pueden parecer cortijos del siglo XIX. Si no es así, no podremos disponer de y confiar en una justicia o, mejor, en un sistema judicial que desprenda  “buen aroma”.

3 pensaments a ““Fumus bonis iuris” (o el aroma de buen derecho)”

  1. Es muy preocupante la actitud de esta Juez. Si la impresión que refleja en pantalla no
    la mejora en la mesa de trabajo, difícilmente puede ser creíble la imparcialidad que le exige el cargo.
    Da la impresión que actúa a las ordenes de alguien superior

  2. Es difícil añadir algo más a este artículo de tan acertado análisis. Mi opinión es que esta juez, Alaya, se está poniendo en evidencia de tal modo que da sonrojo. Nadie duda, como tu dices, de que el caso de los ERES sea un tremendo lodazal y un caso de corrupción evidente, pero la persecución de esta señora a toda la Junta raya en lo esperpéntico y la desvela como una fanática de la ultraderecha con un desproporcionado afán de venganza.

  3. Señor Páez: Es un placer leer sus artículos por lo interesantes y bien argumentados en su desarrollo. Yo no voy a utilizar el latín por la sencilla razón que me quedé en el “Dominus Vobisqum” que utilizaba el cura de mi pueblo, pero me gustaria compartir con usted una reflexión. ¿Se ha fijado en que cada vez surgen como setas en este país los llamados “jueces estrella”?. Años atrás, no conociamos apenas a ningún juez ya que hacian su trabajo en silencio y con más o menos honestidad. (Garzón dixit que fué quien inició este protagonismo) Tal vez tengamos que atribuirlo a la cantidad de corruputos que parecen la floración de los cerezos en esta época en el valle del Jerte. Pero ya empiezan a ser cansinos los Ruz, Elpidios, Gómez Bermúdez , Castro y un largo etcètera. Sólo nos faltaba esta “flor de piti-mini” que entra en el juzgado, tiesa como un palo que parece que vaya a romperse de un momento a otro, como una estrella holliwodiense, sin dignarse mirar ni a izquierda ni a derecha, y que el sábado armó su propio “reality-show” con motivo de celebrar sus “votos matrimoniales” o algo parecido, no me haga mucho caso.¿ No desarrollarían mejor su trabajo, como usted muy bien insinua, sin tanto boato y exhibición. ?.¿No están los tribunales, con la documentación instruida encima de la mesa, para dictar sentencia? Este país nuestro, señor Páez, está perdiendo la brújula y ciertos poderes lo fomentan descaradamente.
    Gonzalo Évole.

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