Flora exótica invasora

Sergi Garcia
Galanthus

No hay duda de que la introducción de especies exóticas es una de las causas más importantes de la pérdida de biodiversidad mundial. La primera es la destrucción de hábitats, tampoco hay duda en eso y detrás de todos estos desmanes, en ocasiones inaceptables insidias, está, cómo no, el ser humano, un bicho verdaderamente nocivo.

Sin embargo, el ser humano es capaz de hacer también acciones sublimes, de todo tipo, por lo que, si bien hay congéneres que han conseguido vencer las últimas voluntades para obtener los permisos de perforación petrolífera en la reserva amazónica de Yasuní, en Ecuador, una joya natural que será mancillada, hay otros que han dado su vida por defender el aire que espiramos; mientras que hay quien está poniendo velas a San Antonio de Padua para que la cosa de la construcción vuelva por sus fueros y se vuelva a construir como si no hubiera un mañana (y como si hubieran otros mundos como este para ir gastando), a otros les da por recomponer los paisajes rotos, la naturaleza doliente que hemos perturbado.

Hay muchas formas de defender el bien común de la naturaleza. Las hay muy agradecidas, como abogar por la protección del lobo, por decir algo, una causa loable que además proporciona notoriedad, caché y encanto a quien la promueve. Demandar la protección de una planta endémica, aislada, de no sé dónde, apenas tiene trascendencia mediática y por lo general pocos postulantes que se unan a la causa. Peor aún lo tienen los que se empeñan en eliminar especies de flora exótica invasora, esos incluso hasta pueden llegar a estar mal vistos. Sin embargo, en la Península Ibérica deben de haber más de 200 especies de plantas exóticas en nuestros campos, de las cuales unas cuantas son especies con un tremendo potencial invasor y modificador del medio en el que se establecen. Nos cargamos nuestro paisaje y la mayoría sin enterarnos, como de momento todas las plantas son verdes, pues no parece grave el problema.

Paisatge del massís del Montgrí des de les Medes
Paisaje del macizo del Montgrí desde las islas Medas

Las islas Medas están situadas en la costa del Baix Empordà, en la Costa Brava, un lugar con una impresionante presión turística. Como todas las islas, tienen encanto, incrementado en este caso porque fueron refugio de piratas. Sus aguas son cristalinas y albergan, desde que están protegidas, poblaciones de peces de un tamaño considerable; tan grandes y confiados no se ven en otros tramos de la costa, pues cuando alcanzan cierto tamaño, lo más probable es que acaben siendo atravesados por un arpón. Una expedición botánica realizada a principios de la década de los 70 del siglo XX, encabezada por el eminente Oriol de Bolòs, contó 223 especies de plantas, algunas de las cuales han desaparecido; una de las citadas es la chumbera (Opuntia ficus-indica), localizada cerca del embarcadero y del faro. Actualmente, la chumbera ocupa una buena porción de la isla mayor y forma unas matas densas, impenetrables, que no dejan espacio a nada más.

vegetació natural de les Medes
Vegetación natural de las islas Medas

Desde el 2013, un Real Decreto regula un listado de especies exóticas que debido a su carácter invasor y alterador de los ecosistemas que colonizan, han de ser objeto de gestión, con la intención inequívoca de ser erradicadas del medio. Una de esas especies es la chumbera.

carregament de pales infestades
Cargamento de palas infectadas

La erradicación de unas especies tan contumaces es una tarea complicada. Las herramientas con que se puede contar son limitadas. Un método que se ha demostrado eficaz, muy eficaz, es la utilización de glifosato, un herbicida sistémico que en baja concentración da unos muy buenos resultados. La aplicación se realiza con un cuidado quirúrgico, la planta objeto muere y su espacio es colonizado por las plantas que toca. Otros herbicidas que se podrían utilizar son más persistentes en el medio, o los riesgos que comporta su uso son más elevados. Una alternativa seria el uso de agentes biológicos que combatan la planta objeto de gestión, pero no hay para todas las especies y también es controvertido su uso. En 2008, se detectó en Murcia y Alicante una cochinilla (Dactylopius opuntiae), insecto parásito, que aniquila las chumberas. Como su huésped es de origen americano. Nadie sabe cómo apareció en España. La Generalitat valenciana, una administración muy comprometida con la gestión de la flora exótica, ensayó con éxito el traslado desde Alicante a otros puntos de la comunidad. Las plantas mueren y la cochinilla, que no puede infectar otras plantas, acaba sucumbiendo también. En 2014, esa especie de cochinilla apareció en Collserola (Barcelona), donde ya ha eliminado una buena cantidad de chumberas.

Chumbera con una pala infectada implantada
Chumbera con una pala isfectada implantada

La semana pasada, miembros de Galanthus, con la autorización de la Generalitat de Catalunya, en el marco de una subvención de la Obra Social de La Caixa, transportaron desde Collserola a las islas Medas unos 100 kilos de palas de chumbera infestadas de cochinilla y las esparcieron por la isla mayor; la intención es que en dos años desaparezca la especie del archipiélago y con ello, dar un paso firme hacia la recuperación del paisaje que todos nos merecemos.

 

Un pensament a “Flora exótica invasora”

  1. És cierto que las especies animales protegidas -com el lobo, el oso, el lince, etc-, gozan de mas popularidad que les plantas autótonas. Se trata de la falta de información i educación botànica de la ciudadania. Estoy seguro que la eliminación de la chumbera o la caña de reira, por parte de alguna acción institucional, seria objeto de rechazo ciudadano debido a su popularidad en el paisage.

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