Feminista de manual

DIA DE LA DONA 2017

Eugeni Madueño
Periodista

Yo era un progre normal. Feminista y tal. Los fines de semana cocinaba. Ayudaba a mi mujer a recoger la ropa del tendedor. En la plancha no entré nunca. En primavera me escapaba del trabajo para ir media hora a la rúa de carnaval que organizaba la escuela donde estudiaban mis hijas. Siempre me sorprendió lo bien disfrazadas y maquilladas que iban.

Años más tarde (hace cuatro días en realidad) descubrí que los disfraces se hacían en casa, en horarios intempestivos, y el maquillaje horas antes de la rúa, gracias a que mi mujer (todas las madres) dejaba de trabajar horas antes que yo y se iba a pintarlas a la escuela. Hace muy poco que he comprendido que ayudar no era suficiente, que la igualdad es otra cosa. Me ha ayudado ser abuelo. Ver reflejados en los esfuerzos de las generaciones actuales, las insuficiencias de la mía.

P.S.: Mi mujer se parte de la risa cuando le leo mi humilde aportación al Dia de la Dona. Y me pregunta quien iba a las reuniones con la tutora de la escuela, quien las llevaba a las actividades extraescolares, quien organizaba la agenda de los médicos, vacunas y demás, quien las ayudaba a hacer los deberes, quien les compraba la ropa…

Dejo de escribir porque me han pedido un texto cortito.

2 pensaments a “Feminista de manual”

  1. ¡Gracias, Eugeni! Gracias a los feministas de manual de tu generación los de la mía hemos podido dar un pasito más adelante y acompañar a los que nos seguirán en el empeño de alcanzar la justicia y la igualdad.

    Y ahora me voy corriendo a clase a felicitar a mis alumnas en su Día y a decirles que dan mucha caña a los alumnos del sexo masculino. ¡Se tendrán que espabilar, estos hombres del futuro, con la que se les viene encima!

  2. Confirmando la tesis de Eugeni recuerdo una comida con él y con un querido amigo común ya cumplidos los 65. Estaba de paso por Barcelona una compañera de trabajo en Madrid, muy querida por mi, y la invité a la comida. En la sobremesa el amigo se explayó, quizás animado por la presencia de Conchi, en un alegato feminista. Lo que decía venía a ser el manual progre de los hombres jóvenes cuarenta años atrás pero que ya maduros, como él, como Eugeni y como yo, pasados los sesenta (yo más) Conchi vino a decirnos que quedaba obsoleto. Escuchaba atenta y en un momento dado preguntó con esa su voz tranquila que destrozó en mis pedazos el discurso feminista del amigo: “Oye, ¿tú en que año vives?”. No hay como tener treinta años, la edad de Conchi entonces, para que su feminismo entierre el que cree ser feminista por tender la ropa, poner la mesa y bla, bla, bla. No se cómo son las chicas que ahora tienen 20 años. Quizás ya estén desbordando a Conchi

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