La fauna en las calles de Barcelona

Sergi Garcia
Asgalanthus

Vivimos unos tiempos extraños. No parece que haya calado la advertencia de Steven Hawking, emitida no hace mucho, sobre el poco recorrido que le queda al planeta, en no más de mil años habrá que buscarse otro; una predicción funesta que tiene muchos visos de realizarse pero que ha dejado más indiferencia que titulares. Aquí en la Tierra nosotros a lo nuestro: se ha reanimado el asunto de la construcción y el turismo lo peta. La calles rebosan y la ciudad, en continuo crecimiento (se anuncian más viviendas en el barrio de la Marina de Barcelona), sorprendentemente no parece, en lo tocante a la naturaleza, dar señales de que vayamos por el camino que nos ha de llevar al triste destino anunciado por Hawking.

Rana verde en el estanque del Palau de Pedralbes (foto Lucy Brzoska)
Rana verde en el estanque del Palau de Pedralbes (foto Lucy Brzoska)

En el estanque del Palau de Pedralbes, los coros de batracios han intercalado en ocasiones sus notas abruptas y roncas con la de los artistas en el festival, donde este año se oyó la voz de Ton Jones. Las ranas llegaron a desaparecer de ese extraordinario jardín hacia finales de la anterior década, pero una decidida apuesta por un nuevo modelo de gestión impulsada por el ayuntamiento y, modestia aparte, ideada por Galanthus, ha apuntalado las poblaciones y las ha hecho crecer. Es lo que ocurre en los jardines de Mossèn Cinto, en Montjuïc, un lugar encantador donde sabemos que hay actualmente 1.050 ranas verdes (1049, según se deduce de la estupenda fotografía de Lucy Brzoska), centenares de ranitas meridionales e igual número de sapos parteros. No hace mucho se utilizaba sulfato de cobre para controlar las algas, compuesto químico que liquidaba como si tal cosa los renacuajos. Ahora la gestión es diferente, ya no se utilizan químicos y se le da prioridad al mantenimiento natural. Ya no es sorprendente, cada vez lo será menos, encontrar culebras viperinas (no se asusten, son serpientes acuáticas totalmente inofensivas, por no hacer ni muerden siquiera) o garzas pescando ranas. Como ya no lo es ver jabalís compartiendo visita escolar en el Laberint d’Horta o zorros y tejones en las puertas de la ciudad. Si se consigue llevar sobre el terreno el plan de conectores naturales, la permeabilidad será aún mayor.

Garcilla bueyera captura una rana en los estanques de Mossèn Cinto de Montjuïc
Garcilla bueyera captura una rana en los estanques de Mossèn Cinto de Montjuïc

El cementerio de Montjuïc también tiene su estanque, con sus ranas y sapos, libélulas, pulgas de agua y caracoles, y también mochuelos. El mochuelo es una rapaz nocturna de grandes ojos, plumas sedosas y perfil redondeado, parece un Pokemon. Ojos grandes capaces de penetrar la oscuridad y ver lo que pocos son capaces de ver, su carácter simbólico le viene como anillo al dedo. En el cementerio tienen su cuartel general y destacamentos en otros lugares; hace unos días un ciudadano nos comunicó que oyó ulular a uno en la Avenida Mistral, a otro le sorprendió el canto del cárabo, otra rapaz nocturna, de mediano tamaño, cerca del Park Güell. La palma se la lleva el búho real, pedazo de bicho, la más grande rapaz nocturna de la fauna ibérica, que hace un par de años estuvo merodeando y cazando ratas y palomas a placer, por los alrededores de la estación de los FFCC del Peu del Funicular y acaso todavía siga allí.

Un búho en el cementerio de Montjuïc
Un búho en el cementerio de Montjuïc

Pero como cazador de palomas, el halcón peregrino. Un diseño perfecto. Una compostura elegante. También un símbolo. Este año, en Barcelona, solo ha criado en la Sagrada Familia. Han volado tres pollos. Suele ser habitual que alguno de los jóvenes halcones, dada su bisoñez, caiga o quede atrapado en algún lugar. Hace unos días, Eduard Durany, el halconero mayor de Barcelona, ha recuperado uno de esos tres que alguien encontró en la Plaça de les Glòries y lo ha llevado con sus padres. Nadie nace enseñado.

Halcón juvenil de la Sagrada Familia. foto: E. DURANY
Halcón juvenil de la Sagrada Familia. foto: E. DURANY

Un pariente muy próximo al halcón, el cernícalo [el de la foto superior], también le ha encontrado el punto a nidificar en edificios, pero ha dado un paso adelante, en ocasiones cría en jardineras o en alféizares de viviendas habitadas. Hay una pareja que ha rizado el rizo, ha puesto por segunda vez, hecho inusual en el mundo de los cernícalos, en la ventana de un décimo en el barrio de la Vall d’Hebron, en la sala de estar, donde la familia tiene la tele. La hembra en lugar de incubar, da sombra a los pollitos, recién nacidos, ahueca las alas en forma de sombrilla.

Lo que decía al principio, vivimos tiempos extraños.

4 pensaments a “La fauna en las calles de Barcelona”

  1. Y los cuervos Sergi, otros visitantes esporádicos que tu bién conoces.

  2. Hola Albert lo extraño no es lo que comentas, que en líneas generales es cierto, lo extraño son aspectos más sutiles: que los cernícalos críen en jardineras en casas habitadas tan panchos (en este caso con segunda puesta, algo muy infrecuente, eso sí que es más o menos nuevo bajo el sol), los halcones de la Sagrada Família muy confiados, sobre todo la hembra que la puedes tener a medio metro de distancia, las ranas, en términos relativos más abundantes en la urbe que el delta del Llobregat, los jabalís que cualquier día pillan el metro. Hace algunos años muchas de estas especies estaban mejor lejos que cerca de la ciudad, ahora tengo mis dudas. Gracias por opinar

  3. Nada nuevo bajo el sol…
    Las ciudades no son impermeables a la fauna autóctona (o foránea). Además, ellos estaban antes que nosotros.
    A mi no me resulta extraño…

  4. “Tiempos extraños”, Sergi Garcia

    Siempre fue un tiempo extraño
    el tiempo de los hombres

    queda poco por ver
    ha desaparecido el miedo

    nadie teme al hombre que
    extermina a seres indefensos

    ni a su crueldad con el resto
    de sus semejantes

    el tiempo de los hombres sólo
    fue destrucción y muerte

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